... Es importante, como padres establecer un balance entre ser estricto y ser comprensivo, sobre todo en lo que concierne a los castigos. Un castigo es más eficaz cuando existe un lazo afectivo positivo entre padres e hijos. Es decir, los padres deben hacer cumplir las reglas y establecer las consecuencias a su incumplimiento, pero también tienen la responsabilidad de crear oportunidades para promover las interacciones positivas con sus hijos, por ejemplo, a través de elogios.
Indicarle clara y abiertamente a su hijo(a) que en su familia no se tolera el consumo de drogas ni se aceptan amistades que así lo hagan. En el caso de que comience a frecuentar a compañeros usuarios de drogas, castigarle quitándole privilegios y recompensar positivamente relaciones fructíferas con otros compañeros otorgándole privilegios.
Debemos saber actuar y estar alerta ya que muchas veces el consumo pasa desapercibido. Las actitudes y los cambios que uno nota en ellos son uno de los síntomas que nos están indicando que algo esta sucediendo, no hay que quedarse solo con eso y siempre tratar de resolver y escuchar que les está pasando, puede ser pasajero pero uno siempre tiene que estar allí para que no sea demasiado tarde.
Muchos padres responsabilizan a las malas compañías de conducir a sus hijos por el mal camino, pero en realidad es que muchas veces, la familia, sin darse cuenta, puede propiciar en el niño o en el joven al uso de drogas. La ausencia física de los padres u otros miembros de la familia, la falta de apoyo emocional, no establecer normas y límites puede contribuir al consumo.
Son factores de riesgo:
Construir auténticas relaciones de afecto y limitarse a dar alimento, objetos o dinero, sobreprotegerles, ignorar sus capacidades y no permitir su independencia, el exceso de autoridad (que se manifiesta en maltrato y castigo).
Cuando el clima en el hogar es siempre de discusión, tensión e incomunicación, favorece a no poder mantener un diálogo fluido con ellos. La despreocupación total por satisfacer las necesidades básicas de alimento, vestimenta, educación, recreación y afecto, creyendo que cuanto más trabajo pasen nuestros hijos, más aprenderán. Poseer antecedentes familiares en consumo de droga, es también un factor de riesgo, predicar conductas que nosotros mismos damos.