miércoles, 3 de febrero de 2010

Drogadicción: Prevención 2ª parte


... Es importante, como padres establecer un balance entre ser estricto y ser comprensivo, sobre todo en lo que concierne a los castigos. Un castigo es más eficaz cuando existe un lazo afectivo positivo entre padres e hijos. Es decir, los padres deben hacer cumplir las reglas y establecer las consecuencias a su incumplimiento, pero también tienen la responsabilidad de crear oportunidades para promover las interacciones positivas con sus hijos, por ejemplo, a través de elogios.

Indicarle clara y abiertamente a su hijo(a) que en su familia no se tolera el consumo de drogas ni se aceptan amistades que así lo hagan. En el caso de que comience a frecuentar a compañeros usuarios de drogas, castigarle quitándole privilegios y recompensar positivamente relaciones fructíferas con otros compañeros otorgándole privilegios.

Debemos saber actuar y estar alerta ya que muchas veces el consumo pasa desapercibido. Las actitudes y los cambios que uno nota en ellos son uno de los síntomas que nos están indicando que algo esta sucediendo, no hay que quedarse solo con eso y siempre tratar de resolver y escuchar que les está pasando, puede ser pasajero pero uno siempre tiene que estar allí para que no sea demasiado tarde.

Muchos padres responsabilizan a las malas compañías de conducir a sus hijos por el mal camino, pero en realidad es que muchas veces, la familia, sin darse cuenta, puede propiciar en el niño o en el joven al uso de drogas. La ausencia física de los padres u otros miembros de la familia, la falta de apoyo emocional, no establecer normas y límites puede contribuir al consumo.
Son factores de riesgo:
Construir auténticas relaciones de afecto y limitarse a dar alimento, objetos o dinero, sobreprotegerles, ignorar sus capacidades y no permitir su independencia, el exceso de autoridad (que se manifiesta en maltrato y castigo).

Cuando el clima en el hogar es siempre de discusión, tensión e incomunicación, favorece a no poder mantener un diálogo fluido con ellos. La despreocupación total por satisfacer las necesidades básicas de alimento, vestimenta, educación, recreación y afecto, creyendo que cuanto más trabajo pasen nuestros hijos, más aprenderán. Poseer antecedentes familiares en consumo de droga, es también un factor de riesgo, predicar conductas que nosotros mismos damos.

 

Drogadicción : Prevención 1ª parte


... A parte de seguir cada uno de los módulos tratados durante el Master, voy a realizar una serie de post acerca de la drogadicción. Como madre es un tema que me preocupa bastante, y creo que tener información al respecto es importante...

Cualquier actividad de prevención de conductas de riesgo, entre ellas, el abuso de drogas, ha de orientarse hacia los ámbitos donde se desarrolla la educación desde la infancia hasta la adolescencia, en el seno familiar, el colegio y el grupo de iguales (compañeros, amigos...). Las drogas están presentes en nuestra sociedad y la forma de relacionarse con ellas surge de nuestra actitud y de nuestra escala de valores.

Como prevención, la educación de los niños es una de las tareas más importantes que se pueden realizar. Casi todos aprendemos a ser padres a través de la práctica y siguiendo el ejemplo que nos dieron nuestros propios padres. Hoy en día se tiene más información que hace 30 ó 40 años de cómo prevenir el consumo de drogas.

Para ello se debe mantener una relación fuerte con nuestros hijos, enseñar a diferenciar entre lo bueno y lo malo, establecer normas de conducta y obligarles a cumplirlas, conocer todo lo relativo a las drogas de abuso y sobre todo escuchar realmente a nuestros hijos.

En la etapa de la adolescencia, es común que los jóvenes rechacen las normas y las cuestionen cuando no están de acuerdo con ellas. Que rechace todo lo que forma parte de su infancia, incluidos la autoridad de sus padres y los modelos de referencia que ellos le ofrecen. Se enfrentan al medio que los rodea y actúa de forma contraria a la que le sugirieron los adultos como una forma de afianzar su personalidad. No es aconsejable entrar en su dinámica de reforzar estas actitudes, no se consiguen buenos resultados.

Esta postura provoca enfrentamientos, estados de irritabilidad y agresividad entre los miembros de una familia, y puede dificultar la convivencia familiar.

Las actitudes de continua crítica, rebeldía y oposición que se presentan en la adolescencia deben ser consideradas como normales propias de la etapa evolutiva que se está atravesando.

El sentido del humor y la ausencia de susceptibilidad son valiosas armas para soportar los continuos ataques y retos que a los jóvenes tanto les gustan.

A medida que el joven se hace mayor, se encuentra más seguro, accesible y tolerante, lo que facilitará las relaciones familiares.