Como son los conflictos en la pareja.
En condiciones estables en la pareja se establece un statu quo que permite la convivencia, aunque sea dura y aversiva. Es en los períodos en los que ocurren cambios importantes cuando es más probable que se desencadenen los conflictos graves. Cambios como la paternidad/ maternidad, el abandono del hogar de los hijos, la jubilación, alguna enfermedad grave, etc. pueden ser el desencadenante de un problema que en realidad puede llevar larvado mucho tiempo.
Claramente las parejas con conflictos tienen mayores discusiones e interacciones que son problemáticas y les es muy difícil encontrar una salida a la forma de enzarzarse. Desde un enfoque cognitivo conductual se han analizado con detalle como son los patrones de relación en las parejas con problemas, sobre todo en la comunicación y en las habilidades de resolución de problemas. Se ha estudiado empíricamente y de forma exhaustiva el tipo de interacción que ocurre asociada a la existencia de conflictos y que contribuye a perpetuarlos y se han identificado sus componentes conductuales, cognitivos y fisiológicos...
En los conflictos se establecen formas de conductas que se hacen crónicas y agravan los problemas:
Reciprocidad negativa. El más problemático es cuando a una comunicación negativa se responde generalmente con otra comunicación negativa por parte del otro estableciéndose una reciprocidad en la negatividad que puede acabar en una escalada de violencia. Es la justicia del ojo por ojo. A la escalada verbal suele contribuir en mayor medida la mujer. Las mujeres que no lo hacen es porque tienen más capacidad de razonar en esas circunstancias sobre sus pensamientos y cambiar la respuesta más automática. Este patrón de reciprocidad negativa aparece también en los matrimonios que no tienen problemas; pero con mucha menos frecuencia, en ellos una interacción negativa es seguida frecuentemente por una respuesta positiva o por ninguna respuesta. Por tanto la reciprocidad negativa es la que más frecuentemente se asocia con los problemas de pareja. Este patrón es un estado absorbente, o sea, muy difícil salir de él. El patrón de reciprocidad positiva se da en ambos tipos de matrimonios.
Otro patrón problemático aparece cuando la mujer da respuestas hostiles mientras que el hombre se retira o no contesta, ante lo que la mujer incrementa su hostilidad, (la mujer ataca y el hombre evita o calla). En los matrimonios armoniosos se da también este patrón aunque con menor frecuencia y a menudo acaba con la retirada de ambos.
Uno de los métodos que se utilizan para resolver los problemas de comunicación es el empleo de la metacomunicación, es decir, reflexionar sobre la forma en que se está dando la comunicación. Por ejemplo, se dice “no me estás escuchando” para intentar que haya una escucha, pero el mensaje no verbal agresivo va acompañado, en general, por un componente no verbal agresivo, y el que responde lo hace al componente agresivo, lo que lleva a más discusiones, metiéndose en un círculo vicioso. En los matrimonios sin problemas contestan a la metacomunicación y no al componente emocional.
Los cuatro jinetes del Apocalipsis que pueden conducir a la pareja al divorcio: La crítica, que lleva al Desprecio que ocasiona una Actitud Defensiva Constante son tres de los cuatro jinetes del Apocalipsis de la pareja. El cuarto es la habilidad para no escuchar al otro, o se le deja hablar sin hacerle caso o se habla tanto que no se le deja meter baza.
Todos estos patrones de conductas pretenden la mayoría de las veces resolver el conflicto, pero no solamente no lo resuelven, sino que lo perpetúan y la propia interacción se convierte en el problema que lleva a la separación. No siempre los conflictos llevan a la ruptura. Se ha reportado un tipo de conflictos en los que el marido se enfada e inicia la discusión con ánimo de resolver el problema. Cuando se tiene éxito, la relación puede salir fortalecida, en estos casos el conflicto vivido por los hijos no es negativo para ellos, incluso puede ser una ocasión para aprender a ser asertivos. (Finchman y Beach, 1999a).
Epstein y colaboradores (1993) identifican los siguientes elementos cognitivos que preceden, están asociados al conflicto y a veces pueden desencadenarlo:
La atención selectiva. Los miembros de la pareja tienden a valorar de forma muy diferente la frecuencia con la que ocurren determinadas conductas, fijándose en aquello que les duele y dándole subjetivamente mayor frecuencia, para lo que acuden a buscar en la historia de la pareja hechos similares con los que intentan confirmar su percepción actual, o simplemente justificando su miedo a que ocurra algo aversivo.
Atribuciones. La atribución del problema a determinadas causas se ve como un elemento necesario para su solución, de aquí la importancia de que las atribuciones estén realizadas correctamente. Un tipo de atribuciones que incrementan los problemas, son aquellas en las que se atribuye al otro la responsabilidad de los problemas comunes. Lo mismo ocurre con aquellas en las que se atribuye la conducta negativa del otro a malas intenciones, siendo casi imposible probar su falsedad. Este tipo de atribuciones intensifica el conflicto al incrementar los ataques verbales que intentan culpabilizar y avergonzar al otro.
En las parejas en conflicto se atribuyen las principales causas de los conflictos a rasgos globales, internos y estables, que son imposibles de cambiar. Cuando pierden la esperanza de cambiar al otro, o escalan la agresividad aún a sabiendas de que no vale para nada o se retiran y se deprimen. Dentro de los problemas generados por las atribuciones mal hechas está la de atribuir al otro la capacidad de hacer el cambio necesario para la solución del problema, suponiendo que no lo hace porque no quiere y entonces se le culpa y ataca.
La discrepancia en las atribuciones sobre la causa de los problemas, puede ser a su vez causa de problemas. Por ejemplo si la esposa cree que el marido piensa que su personalidad es la causa de los problemas y no está de acuerdo, esto se convierte de nuevo en un foco de discrepancia.
Expectativas. Es evidente que si no se tienen expectativas de solución la posibilidad de que los problemas se resuelvan son mucho menores, se deja de buscar y de intentarlo. En consecuencia pueden darse problemas de depresión al producirse indefensión. Cuando tienen la creencia de que los problemas se pueden resolver se dan más posibilidades de que se resuelvan.
Si aparece una discrepancia entre lo que creen los esposos que debería ser el matrimonio y lo que perciben que es, tanto en cualidad como en cantidad, los problemas están asegurados. Se plasma en frases como “Esto no tiene solución”, “Debería ser así”...
Ideas irracionales. Algunas ideas aparentemente normales pueden se un foco de conflictos solamente por no ser conscientes de que lo que se piensa no es racional. Algunas de estas ideas son: Estar en desacuerdo es destructivo de la relación, los miembros de la pareja deben ser capaces de averiguar los deseos, pensamientos y emociones del otro, uno debe ser un compañero sexual perfecto del otro, los conflictos se deben a diferencias innatas asociadas al sexo que se muestran en las necesidades y en la personalidad.
Componentes fisiológicos.
Gottman y Levenson (1986) explican como las diferencias fisiológicas entre hombres y mujeres pueden influir en los conflictos de la pareja. Para estos autores el hombre muestra incrementos más amplios de actividad autonómica ante el estrés, cambios que se disparan más fácilmente y tardan más en recuperarse que en la mujer. Por eso se ven inclinados a evitar todas aquellas situaciones asociadas con un alto nivel de activación. En consecuencia intentan un clima racional dentro de las relaciones, para lo que adoptan patrones más conciliadores y menos generadores de conflicto, y si este empezase tienden a retirarse antes que la mujer. Cuando el enfado y la hostilidad de ella generan enfado y hostilidad en él, esta genera miedo en ella, el cual genera más hostilidad y enfado en él produciéndose la escalada del conflicto.
Las diferencias en la reactividad fisiológica pueden estar en la explicación del patrón de demanda de la mujer – retirada del marido, el exceso de excitación predispondría al hombre a iniciar la retirada ante las demandas de la mujer, llegando al punto de no hacerle ningún caso.
El conflicto matrimonial a largo plazo.
Se ha documentado que los individuos casados tienen mejor salud física y mental que los no casados: tienen una mortalidad menor, realizan menos conductas de riesgo y controlan mejor su salud, cumplen mejor las prescripciones médicas, tienen mayor frecuencia en su conducta sexual que es más satisfactoria. Los datos correlacionales tienen difícil interpretación, en este caso es posible que las diferencias sean debidas a estar felizmente casados; pero también es posible que se deban a que los más saludables tiendan a casarse más frecuentemente. Controlando la variable del grado de salud cuando se llega a ser adulto existe un menor riesgo de muerte en los casados, lo que parece indicar que en efecto la mortalidad más baja es debido al matrimonio (Mathew, et al, 2001). Estas ventajas son ciertas, pero solamente cuando no existen conflictos.
Un conflicto continuado lleva a una mayor activación y un mayor estrés en sus componentes y esta puede ser la explicación del tremendo impacto que tiene en la salud tanto física y mental en los dos miembros de la pareja y en sus hijos.
Conflicto matrimonial y salud.
Se da una relación dialéctica entre salud mental y problemas de pareja. Por una parte la incapacidad del individuo para afrontar la relación de pareja se relaciona con falta de habilidades o problemas emocionales y por otra los problemas en la pareja influyen en su salud física y mental.
Se puede encontrar listas impresionantes de problemas de salud mental recogidas por Gottman, (1998); Christensen y Heavey, (1999); Finchman y Beach, (1999a). Está probado que los conflictos desencadenan de forma más probable problemas como la depresión, el trastorno bipolar, el alcoholismo, trastornos de la alimentación. También se incrementan otros problemas como la violencia, los conflictos con los hijos y los conflictos entre los hermanos. Incluso se incrementan las tasas de accidentes automovilísticos, incluidos los mortales. La depresión es el problema que más relacionado está con las separaciones y conflictos. Cuando un paciente casado está deprimido es importante analizar si existe un problema de pareja asociado, es posible que la depresión la haya deteriorado, pero también es probable que entre los desencadenantes de su depresión estén los problemas con su pareja. En todo caso su estado mejorará si mejora su relación.
Los conflictos matrimoniales se relacionan también con una salud física más pobre y con algunas enfermedades específicas como las cardíacas, el cáncer, el dolor crónico, las afecciones del sistema inmune y la mortalidad por cualquier tipo de enfermedad. Hay evidencias de que aquellos que han vivido el divorcio de sus padres y el suyo propio tienen una esperanza de vida ocho años menor que el resto.
Conflicto matrimonial y su influencia en los hijos.
Otro efecto nocivo de los conflictos de pareja es el impacto negativo que tiene en la conducta de los hijos. Si bien en la psicología clínica son muy habituales las observaciones que muestran la relación entre el conflicto entre los padres y los problemas de conducta de los hijos; no es fácil demostrar empíricamente que esos problemas se deban exclusivamente a los conflictos entre los progenitores.
En efecto, los conflictos en la pareja no se dan aislados; sino que se asocian a otros problemas como es la depresión y la relación existente con los hijos que están muy relacionadas con las dificultades de la pareja. Se ha comprobado que la depresión de los padres, por sí misma, sin distorsiones adicionales en la pareja, tiene una influencia en la conducta de los hijos similar a la de los conflictos entre la pareja y, cuando se suma a los conflictos entre los padres, se potencian de forma notable los problemas de conducta en la descendencia.
Otra variable, no necesariamente relacionada con los conflictos entre los padres, es la relación entre padres e hijos. Cuando las relaciones paterno filiales son conflictivas la conducta de los hijos se ve afectada y se deteriora. Si, además, existen conflictos entre los padres, sobre todo si se llega a determinados niveles de violencia, la relación de los progenitores con los niños suele deteriorarse más todavía y también se tiñe, en general, de violencia. En esos caso los desajustes en la conducta de los hijos se potencian de forma considerable (Finchamm y Osborne, 1993).
Como en tantos problemas de tipo psicológico, no se puede hablar de relación causa efecto, los conflictos entre los padres no necesariamente afectan negativamente a los niños. A veces, sobre todo si se resuelven de manera adecuada, y el niño es capaz de entender lo que ha pasado y como se ha resuelto, pueden ser para él un motivo de aprendizaje para resolver problemas similares. También desde el punto de vista de la influencia psicológica en el niño, es más importante la percepción que él tiene del conflicto y sus reacciones que lo que objetivamente ocurre.
También es importante distinguir entre la insatisfacción en el matrimonio y el conflicto. Los problemas con los hijos se relacionan no tanto con un problema general de satisfacción en el matrimonio sino con los conflictos entre los padres y en particular con determinados aspectos particulares de estos (Finchamm y Osborne 1993):
Frecuencia. Cuanto más frecuentes los conflictos hay indicios de que más tendencia tendrá el niño a la violencia y más afectado se ve.
Intensidad. La agresión física está más relacionada con los problemas que las agresiones verbales o las de menor intensidad. Cuanto mayor es la intensidad de los conflictos verbales más indefensión produce en el niño.
Modo de expresión. Correlaciona con el punto anterior. Se distinguen distintas formas: física, no verbal y verbal. La no verbal es peor que la verbal porque es más difícil de resolver.
Contenido. Si los conflictos se refieren a los niños tienen mucho mayor impacto en ellos. Intentan resolver algo que está fuera totalmente de su capacidad. Por eso cuando el motivo explícito del conflicto son los hijos aparecen en estos mayores sentimientos de vergüenza, de culpabilidad, de miedo a ser involucrado en el conflicto o a ser requerido para su intervención directa o indirecta.
Una pregunta que lógicamente surge es si puede ser beneficioso para los hijos el divorcio, cuando en un matrimonio se están dando disputas y conflictos constantes y sin solución. Los estudios que se han hecho muestran evidencias de que los hijos que presencian de forma constante los conflictos de sus padres tienen más problemas que aquellos en los que el divorcio pone punto final a esos enfrentamientos. Se supone que el divorcio pone fin a los problemas y discusiones manifiestas de los padres, lo que no siempre sucede. Los estudios de Ensign (1998) abundan en la idea de que las capacidades para nuestras relaciones las aprendemos de las que observamos en nuestros padres. Así, existe una relación inversamente proporcional entre los conflictos de los padres y la intimidad que alcanzan los hijos en la adolescencia. Estos estudios muestran que el divorcio también correlaciona de forma negativa con la intimidad a la que llegan los descendientes, pero de forma menos significativa.