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lunes, 3 de octubre de 2011

PRESENTACIONES PSICOSOMÁTICAS Y SOMATIZACIONES EN LA ADOLESCENCIA


El niñ@ y/o adolescente puede presentar un trastorno psicosomático cuando estando sometido a una situación estresante responde simultáneamente a los siguientes niveles:
- Un nivel psicológico: La situación provoca una reacción emocional ansiedad, tristeza, cólera...)
- Un nivel somático: El estrés activa el sistema nervioso autónomo provocando un cambio en el funcionamiento (ejemplo espasmos, hipersecreciones..., etc). Si el estímulo estresante persiste puede ocasionar un cambio de estructura en los órganos (ejemplo, colitis..., etc).

El niño y/o el adolescente pueden ser o no conscientes de la relación existente entre la aparición de la sintomatología y los estímulos externos.

Los trastornos psicosomáticos aparecen:
Con relación a etapas definidas del desarrollo:
- Aprendizaje del control de los esfínteres (3 - 4 años) : constipación.
- Autonomía con relación a la madre (3 - 4 años): asma.
- Inicio de escolaridad (6 - 8 años): cefaleas.
- Pubertad (12 - 14 años): anorexia.

En relación a situaciones estresantes:
- Familiares: conflicto entre los padres.
- Sociales: dificultades para afrontar situaciones nuevas.

El concepto de organización psicosomática definiéndolo por unas características precisas no puede ser aplicado en la infancia (pensamiento operativo alexitimia), además en el niño los trastornos psicosomáticos suelen ser transitorios o pasajeros.

La presentación de somatizaciones en la adolescencia no solamente traduce un síntoma o un grupo de ellos, sino que remite a una forma de reaccionar y es una forma de expresión de los trastornos psicopatológicos en esta etapa de la vida.

Se ha demostrado dentro del campo de la Psicoinmunobiología, que factores psicosociales generarían reacciones emocionales, pudiendo dar lugar tanto a déficit como a incrementos de la respuesta inmunológica. De forma que las características cuantitativas y cualitativas de dichos factores psicosociales, determinarán el tipo de cambio y provocarían las anomalías.

La función corporal alterada es considerada como una "función diana" que implica tres tipos de contenidos:
1. Otorgar un valor de investimiento a esa función desde las etapas más precoces del desarrollo humano.
2. Uso cotidiano de la función por medio de juegos interactivos satisfactorios que mediatizan las necesidades en etapas precoces a través de la figura materna.
3. Y un escenario fantasmático en el que los investimientos de la madre y del niñ@ se puedan materializar a favor de esa función o de ese síntoma.

Estos aspectos adquieren toda su re-actualización en la adolescencia, cuando el proceso autonomía-dependencia está en toda su intensidad.

La clínica psicosomática en estas etapas o la clínica funcional son formas de expresión de las disfunciones y de los conflictos precoces del desarrollo humano. Por lo que, no puede ser devaluada ni infravalorada esta forma de expresión, ya que aunque en algunos casos pueda ser expresión de una alteración orgánica en unos casos, o de una disfunción relacional en otros; la mayoría de los casos remiten a: disfunciones precoces de la interacción madre-bebé, bien del lado materno (por hipo o hiper-excitación) o del lado del bebé (hiper o hipo-sensibilidad).

De cualquier forma; no es algo sin importancia ni pasajero, por el contrario, pueden ser las bases para que se instaure una "zona irritativa" de la que se origina una organización psicosomática o de otro tipo en etapas posteriores, tal y como sucede en la adolescencia.

Existe un efecto de simultaneidad, que condiciona la aparición de clínica psicosomática:

- El desvalimiento propio de los 8-16 meses de edad, en esta etapa el niñ@ se siente degradado, abandonado, relegado a un segundo plano por su objeto de amor y, como consecuencia de ello, tiene serias dificultades para encontrar una solución eficaz a sus problemas y carencias.

- La desesperanza entre los 3-6 años, aproximadamente, se relaciona con la sensación de frustración y futilidad ante la pérdida de gratificación por los actos conseguidos por sus propias fuerzas y que no es posible reparar.
La entrada en la adolescencia, reactiva este contenido que tiende a compensar en la competición que realiza con los pares, dándose el fenómeno denominado "desesperanza aprendida" que se trata de una inhibición conductual que se produce cuando una persona cree no poder controlar una situación por aprendizajes anteriores, la cual queda como paralizada siendo incapaz de aprender nuevas estrategias para evitarla, siendo un estado muy parecido a la depresión y puede decirse en algunos casos que ésta, la ansiedad y los síntomas psicosomáticos son consecuencia de la perturbación general, consecuencia de esta desesperanza.

- La inhibición del proceso de renuncia se expresa como un aferramiento (real o imaginario) persistente a algo o alguien que ya ha sido perdido (objeto de amor, personas queridas, etapas de vida pasadas...), existiendo una dificultad manifiesta en el proceso de simbolización del niñ@.

- El pensamiento operatorio es un factor que actúa al estilo de la argamasa, dando sentido a los factores anteriormente citados y realizando la lectura simultánea de todos ellos. El pensamiento operatorio, propio de la etapa infantil, se define por:
- Dificultades parciales en el proceso de simbolización.
- Se buscan soluciones tipo "prótesis" a las dificultades y, por fin, estas soluciones son operatorias. (Ejemplo de este tipo de pensamiento: ante una invitación a una fiesta, a la asistirán personas que no son muy gratas o divertidas, un sujeto puede sentir deseos de ir; pero el hecho de no ir supondría un desprecio hacia el que le ha invitado a la fiesta; por otro lado puede ir y marcharse rápido de la fiesta, lo cual le parecería de mala educación; con lo que en estas circunstancias solo queda... una jaqueca ¿qué ocurre entonces? El no asistir se debería a una causa real: el dolor de cabeza, todo el mundo lo comprende; y lo importante es señalar que tal dolor es "real" para el sujeto, acontece realmente y la jaqueca se siente como tal, el sujeto se encuentra francamente en un estado deplorable (vómitos y nauseas, fotofobia,...). La jaqueca aparece como expresión de un pensamiento operatorio ("no acudo por la jaqueca") y evita la confrontación con tener que tomar la decisión de no acudir a la fiesta porque era aburrida; el hecho "oculta" el valor emocional, lo hace “comprensible” para uno mismo y para los demás).

La consecuencia de todo lo anterior: es el comportamiento vacío, de forma que se llega al funcionamiento del complejo alexitímico:
1. Incapacidad para identificar y distinguir entre sentimientos y sensaciones corporales.
2. Gran dificultad para expresar verbalmente las emociones, tanto las propias como las ajenas.
3. Forma de pensar utilitaria, concreta, repetitiva en los detalles y orientada hacia el exterior.
4. Vida onírica empobrecida o nula y una gran escasez de ensueños y fantasías diurnas.
5. Tendencia a resolver los conflictos mediante la acción, actuando las situaciones conflictivas (p.e. fugas, agresiones).
6. Empatía alterada en cuanto a las relaciones interpersonales, ya que son incapaces de reconocer y usar sus propios sentimientos como señales internas.
7. Elevado conformismo social.

En muchas enfermedades psicosomáticas, el pensamiento del enfermo se caracteriza por funcionar de una manera operatoria; así no puede dar salida a sus pulsiones más que a través de los sistemas sensorio-motores y perceptivos, y no a través de elaboraciones mentales. Aparentemente son sujetos muy bien adaptados, representando los trastornos somáticos la única desviación de la norma. Sin embargo, una característica fundamental es la disminución o ausencia de ensoñaciones y actividad onírica y un empobrecimiento de los intercambios personales, dando la impresión de que están desconectados de su mundo interno.

Síntomas más frecuentes:
- Los síntomas de ahogo (Ejemplo: "se me pone como un nudo en la garganta que parece que no me deja respirar"...), se suele acompañar de síntomas cardio-circulatorios como sensación de taquicardia o de "vuelco" del corazón o de "sentir los latidos".

- Otra forma de presentación son los dolores, sobre todo las abdominalgias, las cafaleas y las artralgias; no es extraño que se acompañen de signos clínicos de tipo neurovegetativo como: sudoración, palidez, sensación de escalofríos, sensación de náuseas con o sin vómitos acompañantes.

- La somatización más sensible consiste en la alteración del sueño: dificultad para conciliar el sueño, despertarse a media noche, pesadillas, temores y miedos nocturnos; los motivos aducidos de temores a que se robe en la casa, a que entre alguien en la habitación, a que pase algo durante el sueño y no se den cuenta, fantasías de rapto, agresión y muerte son frecuentes y se suelen acompañar de alteraciones del humor, irritabilidad y sensación de desconcierto en el medio familiar y en ellos/as mismos, en ocasiones se suele calmar con la presencia y sensación de contacto de alguna figura de apego (casi siempre la figura materna o uno de los herman@s, que suelen aceptar acostarse, aún a regañadientes, para que se tranquilice la situación).

Las pruebas complementarias, suelen repetirse y sus resultados, se encuentran en los límites normales. La presencia de síntomas de ansiedad, con contenidos fóbicos, obsesivos o mixtos, no es extraña.

Cómo manejar la somatización de forma aguda
Las somatizaciones de forma aguda, consisten en manifestación que se presentan como su nombre indica de manera aguda por la presencia de un malestar de índole psicosocial, aunque pueden existir pacientes que tienen funciones en estado premórbido previas a la presentación del cuadro clínico. El manejo clínico sería:
- Identificar: acontecimientos vitales estresantes (AVE), temores a enfermedades...
- Evaluación física: Breve, asegura descartar una posible causa médica.
- Enlazar, de alguna forma, el síntoma con el malestar: lo más sencillo la coincidencia de la secuencia temporal, coincidencia y/o semejanza con padecimientos de otros miembros familiares.
- Reasegurar la inexistencia de afección médica demostrable, aunque nunca se niegue la existencia del malestar.
- Aproximación al malestar subyacente, con interés y comprensión, pero sin seducir ni dejarse seducir.

Cómo manejar la somatización de forma crónica
Las somatizaciones de forma crónica, consisten en manifestaciones somatizadas persistentes y/o de presentación recurrente a lo largo del tiempo, el paciente no desea trabajar intelectualmente otras alternativas en el desencadenamiento que no sea la búsqueda de causalidad somática o cuando las formas de ayuda que se establezcan pueden resultar contrarias al proceso interpersonal que se desarrolla con ese paciente. Manejo clínico:
- Saber trasmitir que nadie es tan injusto como para denegar ayuda a alguien que manifiesta un sufrimiento.
- Los síntomas que padece son de malestar y originados ante situaciones relacionales.
- No olvidar examinar situaciones de estrés agudo o crónico (p.e. no olvidar que ser objeto de malos tratos emocionales en al familia, de acoso escolar se asocia con somatizaciones de evolución crónica).

Bibliografía:
PEDREIRA, J.L. & KREISLER, L.: La psicosomática infantil. En J. Rodríguez-Sacristán, (Edt.): Psicopatología del niño y del adolescente. Sevilla: Ediciones Universitarias de Sevilla,1.995, tomo II.
PEDREIRA, J.L. & TOMAS, J.: La psicopatología de la adolescencia. Barcelona: Laertes, 2001.
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