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miércoles, 27 de enero de 2010

La pareja. Última parte


...la pareja ideal se construye día a día, alimentándose en los lazos de la comunicación, el respeto mutuo y un proyecto común, aceptando que los conflictos son una pieza más de toda relación humana.


La Terapia Cognitiva-Conductual, es el tratamiento psicológico que hoy por hoy arroja mejores resultados a la hora de enfrentarnos a un trastorno psicológico. Se trata de una terapia que aborda los problemas que una persona padece desde dos puntos de vista interrelacionados entre sí:
Lo que una persona PIENSA, lo cognitivo
Lo que una persona HACE, la conducta
El objetivo de la Terapia Cognitiva es aprender a reconocer y cambiar los patrones cognitivos que producen estas ideas y conductas desadaptadas.


...En concreto La Terapia de Pareja Cognitivo-Conductual se encarga de desenmarañar el complejo entramado de pensamientos, sentimientos y actitudes de cada miembro de la pareja que están interrelacionando para generar el conflicto. El siguiente paso es aprender a aplicar una forma alternativa de pensar y de reducir los sentimientos desagradables que provocan malestar con la pareja. Así como desarrollar formas de actuar que nos permitan resolver las desavenencias con el otro.


Las técnicas que se utilizan en la Terapia de Pareja Cognitivo-Conductual son las técnicas que demuestran mayor efectividad. Algunas de las capacitaciones que ofrecen estas técnicas son:


Adquisición de conceptos comunes sobre lo que es una relación de pareja.


Analizar y comprender el peso de los pensamientos disfuncionales y cómo están influyendo en la forma de sentirse.


Capacitar a las personas para generar alternativas.


Entrenamiento en habilidades de comunicación (habilidades conversacionales y de expresión de emociones).


Entrenamiento en solución de problemas y negociación.


Técnicas para aumentar la reciprocidad en pareja.


Técnicas para la mejor planificación del tiempo libre, tiempo dedicado al hogar, los hijos, las relaciones sexuales.


Aprender a abordar adecuadamente la explosión de sentimientos y conflictos.


Abordaje de problemas especiales como los celos y la dependencia o el independentismo.


Es muy importante que la pareja sepa que tiene opciones, que no es víctima de una mala relación. Que no solo es posible, sino que se deben hacer responsables de cambiar la situación por muy difícil que parezca.


¿Cuando hay que acudir a una terapia de pareja, cómo son las sesiones?
Cuando la relación empieza a deteriorarse y se piensa seriamente que no se aguanta más y no se ve salida, es el momento de plantearse la posibilidad de que alguien ajeno y profesional pueda echar una mano. La posibilidad de la separación está siempre ahí, pero hay que tener en cuenta que es muy dolorosa, sobre todo cuando hay hijos pequeños.
La terapia de pareja es cosa de dos y normalmente es uno el que da la voz da alarma y el otro, al menos, tiene que estar dispuesto a colaborar. Si no es así, el que ve el problema todavía  puede acudir al profesional, que podrá ayudar aunque, lógicamente con menos capacidad de maniobra. El principal problema en el fallo de la terapia de pareja es que se acude al profesional cuando ya no hay solución.


A la hora de acudir a la terapia, lo hacen más fácilmente las mujeres, porque tienen una formación mucho mayor para compartir sus sentimientos y emociones y también para pedir ayuda. Sin embargo, una vez iniciada la terapia, cuando se rompen las primeras barreras, el hombre está tan interesado como la mujer, de hecho la dependencia emocional del hombre hacia su pareja suele ser mucho más grande que la de la mujer.


La duración de cualquier terapia depende del problema que se presente. Hay que tener en cuenta que la terapia la hacen los pacientes y no el terapeuta y por tanto depende de cada uno de ellos, del cariño que todavía queda entre ellos, etc. A veces basta con un par de sesiones para poner las cosas en su sitio, otras veces es necesaria una terapia más profunda.

La terapia supone que cada uno tiene que hacer cambios en su comportamiento, que es la vía para lograr un progreso interior profundo. El seguimiento y apoyo para esos cambios se hace en sesiones individuales con cada miembro y luego en las sesiones conjuntas se pone en común el avance que se va dando.

Los cambios que se producen son de comportamiento, por lo tanto no se trata solo de hablar, hay que poner en práctica lo necesario para poder convivir y disfrutar uno del otro. Un ejemplo muy frecuente es enseñar a la pareja como discutir, qué se puede decir y cómo, lograr no callarse nada, pero sin hacer daño al otro... Aprender a plantear problemas de forma que se llegue a soluciones y no a discusiones estériles. Esto tiene su técnica y se aprende en las sesiones de terapia y se practica en casa.


Los datos indican que la gran mayoría de las parejas que acuden a terapia, alrededor del 75% informan de una mejora en la satisfacción matrimonial.
Dicha efectividad es mucho menor cuando se acude a terapia solamente para que nadie diga que no se ha probado todo.




La pareja. 3ª parte

Como son los conflictos en la pareja.
En condiciones estables en la pareja se establece un statu quo que permite la convivencia, aunque sea dura y aversiva. Es en los períodos en los que ocurren cambios importantes cuando es más probable que se desencadenen los conflictos graves. Cambios como la paternidad/ maternidad, el abandono del hogar de los hijos, la jubilación, alguna enfermedad grave, etc. pueden ser el desencadenante de un problema que en realidad puede llevar larvado mucho tiempo.

Claramente las parejas con conflictos tienen mayores discusiones e interacciones que son problemáticas y les es muy difícil encontrar una salida a la forma de enzarzarse. Desde un enfoque cognitivo conductual se han analizado con detalle como son los patrones de relación en las parejas con problemas, sobre todo en la comunicación y en las habilidades de resolución de problemas. Se ha estudiado empíricamente y de forma exhaustiva el tipo de interacción que ocurre asociada a la existencia de conflictos y que contribuye a perpetuarlos y se han identificado sus componentes conductuales, cognitivos y fisiológicos...
Patrones conductuales.
En los conflictos se establecen formas de conductas que se hacen crónicas y agravan los problemas:

Reciprocidad negativa. El más problemático es cuando a una comunicación negativa se responde generalmente con otra comunicación negativa por parte del otro estableciéndose una reciprocidad en la negatividad que puede acabar en una escalada de violencia. Es la justicia del ojo por ojo. A la escalada verbal suele contribuir en mayor medida la mujer. Las mujeres que no lo hacen es porque tienen más capacidad de razonar en esas circunstancias sobre sus pensamientos y cambiar la respuesta más automática. Este patrón de reciprocidad negativa aparece también en los matrimonios que no tienen problemas; pero con mucha menos frecuencia, en ellos una interacción negativa es seguida frecuentemente por una respuesta positiva o por ninguna respuesta. Por tanto la reciprocidad negativa es la que más frecuentemente se asocia con los problemas de pareja. Este patrón es un estado absorbente, o sea, muy difícil salir de él. El patrón de reciprocidad positiva se da en ambos tipos de matrimonios.

Otro patrón problemático aparece cuando la mujer da respuestas hostiles mientras que el hombre se retira o no contesta, ante lo que la mujer incrementa su hostilidad, (la mujer ataca y el hombre evita o calla). En los matrimonios armoniosos se da también este patrón aunque con menor frecuencia y a menudo acaba con la retirada de ambos.

Uno de los métodos que se utilizan para resolver los problemas de comunicación es el empleo de la metacomunicación, es decir, reflexionar sobre la forma en que se está dando la comunicación. Por ejemplo, se dice “no me estás escuchando” para intentar que haya una escucha, pero el mensaje no verbal agresivo va acompañado, en general, por un componente no verbal agresivo, y el que responde lo hace al componente agresivo, lo que lleva a más discusiones, metiéndose en un círculo vicioso. En los matrimonios sin problemas contestan a la metacomunicación y no al componente emocional.

Los cuatro jinetes del Apocalipsis que pueden conducir a la pareja al divorcio: La crítica, que lleva al Desprecio que ocasiona una Actitud Defensiva Constante son tres de los cuatro jinetes del Apocalipsis de la pareja. El cuarto es la habilidad para no escuchar al otro, o se le deja hablar sin hacerle caso o se habla tanto que no se le deja meter baza.

Todos estos patrones de conductas pretenden la mayoría de las veces resolver el conflicto, pero no solamente no lo resuelven, sino que lo perpetúan y la propia interacción se convierte en el problema que lleva a la separación. No siempre los conflictos llevan a la ruptura. Se ha reportado un tipo de conflictos en los que el marido se enfada e inicia la discusión con ánimo de resolver el problema. Cuando se tiene éxito, la relación puede salir fortalecida, en estos casos el conflicto vivido por los hijos no es negativo para ellos, incluso puede ser una ocasión para aprender a ser asertivos. (Finchman y Beach, 1999a).
Componentes cognitivos.
Epstein y colaboradores (1993) identifican los siguientes elementos cognitivos que preceden, están asociados al conflicto y a veces pueden desencadenarlo:

La atención selectiva. Los miembros de la pareja tienden a valorar de forma muy diferente la frecuencia con la que ocurren determinadas conductas, fijándose en aquello que les duele y dándole subjetivamente mayor frecuencia, para lo que acuden a buscar en la historia de la pareja hechos similares con los que intentan confirmar su percepción actual, o simplemente justificando su miedo a que ocurra algo aversivo.

Atribuciones. La atribución del problema a determinadas causas se ve como un elemento necesario para su solución, de aquí la importancia de que las atribuciones estén realizadas correctamente. Un tipo de atribuciones que incrementan los problemas, son aquellas en las que se atribuye al otro la responsabilidad de los problemas comunes. Lo mismo ocurre con aquellas en las que se atribuye la conducta negativa del otro a malas intenciones, siendo casi imposible probar su falsedad. Este tipo de atribuciones intensifica el conflicto al incrementar los ataques verbales que intentan culpabilizar y avergonzar al otro.
En las parejas en conflicto se atribuyen las principales causas de los conflictos a rasgos globales, internos y estables, que son imposibles de cambiar. Cuando pierden la esperanza de cambiar al otro, o escalan la agresividad aún a sabiendas de que no vale para nada o se retiran y se deprimen. Dentro de los problemas generados por las atribuciones mal hechas está la de atribuir al otro la capacidad de hacer el cambio necesario para la solución del problema, suponiendo que no lo hace porque no quiere y entonces se le culpa y ataca.
La discrepancia en las atribuciones sobre la causa de los problemas, puede ser a su vez causa de problemas. Por ejemplo si la esposa cree que el marido piensa que su personalidad es la causa de los problemas y no está de acuerdo, esto se convierte de nuevo en un foco de discrepancia.

Expectativas. Es evidente que si no se tienen expectativas de solución la posibilidad de que los problemas se resuelvan son mucho menores, se deja de buscar y de intentarlo. En consecuencia pueden darse problemas de depresión al producirse indefensión. Cuando tienen la creencia de que los problemas se pueden resolver se dan más posibilidades de que se resuelvan.
Si aparece una discrepancia entre lo que creen los esposos que debería ser el matrimonio y lo que perciben que es, tanto en cualidad como en cantidad, los problemas están asegurados. Se plasma en frases como “Esto no tiene solución”, “Debería ser así”...

Ideas irracionales. Algunas ideas aparentemente normales pueden se un foco de conflictos solamente por no ser conscientes de que lo que se piensa no es racional. Algunas de estas ideas son: Estar en desacuerdo es destructivo de la relación, los miembros de la pareja deben ser capaces de averiguar los deseos, pensamientos y emociones del otro, uno debe ser un compañero sexual perfecto del otro, los conflictos se deben a diferencias innatas asociadas al sexo que se muestran en las necesidades y en la personalidad.
Componentes fisiológicos.
Gottman y Levenson (1986) explican como las diferencias fisiológicas entre hombres y mujeres pueden influir en los conflictos de la pareja. Para estos autores el hombre muestra incrementos más amplios de actividad autonómica ante el estrés, cambios que se disparan más fácilmente y tardan más en recuperarse que en la mujer. Por eso se ven inclinados a evitar todas aquellas situaciones asociadas con un alto nivel de activación. En consecuencia intentan un clima racional dentro de las relaciones, para lo que adoptan patrones más conciliadores y menos generadores de conflicto, y si este empezase tienden a retirarse antes que la mujer. Cuando el enfado y la hostilidad de ella generan enfado y hostilidad en él, esta genera miedo en ella, el cual genera más hostilidad y enfado en él produciéndose la escalada del conflicto.


Las diferencias en la reactividad fisiológica pueden estar en la explicación del patrón de demanda de la mujer – retirada del marido, el exceso de excitación predispondría al hombre a iniciar la retirada ante las demandas de la mujer, llegando al punto de no hacerle ningún caso.
El conflicto matrimonial a largo plazo.
Se ha documentado que los individuos casados tienen mejor salud física y mental que los no casados: tienen una mortalidad menor, realizan menos conductas de riesgo y controlan mejor su salud, cumplen mejor las prescripciones médicas, tienen mayor frecuencia en su conducta sexual que es más satisfactoria. Los datos correlacionales tienen difícil interpretación, en este caso es posible que las diferencias sean debidas a estar felizmente casados; pero también es posible que se deban a que los más saludables tiendan a casarse más frecuentemente. Controlando la variable del grado de salud cuando se llega a ser adulto existe un menor riesgo de muerte en los casados, lo que parece indicar que en efecto la mortalidad más baja es debido al matrimonio (Mathew, et al, 2001). Estas ventajas son ciertas, pero solamente cuando no existen conflictos.
Un conflicto continuado lleva a una mayor activación y un mayor estrés en sus componentes y esta puede ser la explicación del tremendo impacto que tiene en la salud tanto física y mental en los dos miembros de la pareja y en sus hijos.
Conflicto matrimonial y salud.
Se da una relación dialéctica entre salud mental y problemas de pareja. Por una parte la incapacidad del individuo para afrontar la relación de pareja se relaciona con falta de habilidades o problemas emocionales y por otra los problemas en la pareja influyen en su salud física y mental.
Se puede encontrar listas impresionantes de problemas de salud mental recogidas por Gottman, (1998); Christensen y Heavey, (1999); Finchman y Beach, (1999a). Está probado que los conflictos desencadenan de forma más probable problemas como la depresión, el trastorno bipolar, el alcoholismo, trastornos de la alimentación. También se incrementan otros problemas como la violencia, los conflictos con los hijos y los conflictos entre los hermanos. Incluso se incrementan las tasas de accidentes automovilísticos, incluidos los mortales. La depresión es el problema que más relacionado está con las separaciones y conflictos. Cuando un paciente casado está deprimido es importante analizar si existe un problema de pareja asociado, es posible que la depresión la haya deteriorado, pero también es probable que entre los desencadenantes de su depresión estén los problemas con su pareja. En todo caso su estado mejorará si mejora su relación.

Los conflictos matrimoniales se relacionan también con una salud física más pobre y con algunas enfermedades específicas como las cardíacas, el cáncer, el dolor crónico, las afecciones del sistema inmune y la mortalidad por cualquier tipo de enfermedad. Hay evidencias de que aquellos que han vivido el divorcio de sus padres y el suyo propio tienen una esperanza de vida ocho años menor que el resto.
Conflicto matrimonial y su influencia en los hijos.
Otro efecto nocivo de los conflictos de pareja es el impacto negativo que tiene en la conducta de los hijos. Si bien en la psicología clínica son muy habituales las observaciones que muestran la relación entre el conflicto entre los padres y los problemas de conducta de los hijos; no es fácil demostrar empíricamente que esos problemas se deban exclusivamente a los conflictos entre los progenitores.
En efecto, los conflictos en la pareja no se dan aislados; sino que se asocian a otros problemas como es la depresión y la relación existente con los hijos que están muy relacionadas con las dificultades de la pareja. Se ha comprobado que la depresión de los padres, por sí misma, sin distorsiones adicionales en la pareja, tiene una influencia en la conducta de los hijos similar a la de los conflictos entre la pareja y, cuando se suma a los conflictos entre los padres, se potencian de forma notable los problemas de conducta en la descendencia.

Otra variable, no necesariamente relacionada con los conflictos entre los padres, es la relación entre padres e hijos. Cuando las relaciones paterno filiales son conflictivas la conducta de los hijos se ve afectada y se deteriora. Si, además, existen conflictos entre los padres, sobre todo si se llega a determinados niveles de violencia, la relación de los progenitores con los niños suele deteriorarse más todavía y también se tiñe, en general, de violencia. En esos caso los desajustes en la conducta de los hijos se potencian de forma considerable (Finchamm y Osborne, 1993).

Como en tantos problemas de tipo psicológico, no se puede hablar de relación causa efecto, los conflictos entre los padres no necesariamente afectan negativamente a los niños. A veces, sobre todo si se resuelven de manera adecuada, y el niño es capaz de entender lo que ha pasado y como se ha resuelto, pueden ser para él un motivo de aprendizaje para resolver problemas similares. También desde el punto de vista de la influencia psicológica en el niño, es más importante la percepción que él tiene del conflicto y sus reacciones que lo que objetivamente ocurre.

También es importante distinguir entre la insatisfacción en el matrimonio y el conflicto. Los problemas con los hijos se relacionan no tanto con un problema general de satisfacción en el matrimonio sino con los conflictos entre los padres y en particular con determinados aspectos particulares de estos (Finchamm y Osborne 1993):

Frecuencia. Cuanto más frecuentes los conflictos hay indicios de que más tendencia tendrá el niño a la violencia y más afectado se ve.

Intensidad. La agresión física está más relacionada con los problemas que las agresiones verbales o las de menor intensidad. Cuanto mayor es la intensidad de los conflictos verbales más indefensión produce en el niño.

Modo de expresión. Correlaciona con el punto anterior. Se distinguen distintas formas: física, no verbal y verbal. La no verbal es peor que la verbal porque es más difícil de resolver.

Contenido. Si los conflictos se refieren a los niños tienen mucho mayor impacto en ellos. Intentan resolver algo que está fuera totalmente de su capacidad. Por eso cuando el motivo explícito del conflicto son los hijos aparecen en estos mayores sentimientos de vergüenza, de culpabilidad, de miedo a ser involucrado en el conflicto o a ser requerido para su intervención directa o indirecta.

Una pregunta que lógicamente surge es si puede ser beneficioso para los hijos el divorcio, cuando en un matrimonio se están dando disputas y conflictos constantes y sin solución. Los estudios que se han hecho muestran evidencias de que los hijos que presencian de forma constante los conflictos de sus padres tienen más problemas que aquellos en los que el divorcio pone punto final a esos enfrentamientos. Se supone que el divorcio pone fin a los problemas y discusiones manifiestas de los padres, lo que no siempre sucede. Los estudios de Ensign (1998) abundan en la idea de que las capacidades para nuestras relaciones las aprendemos de las que observamos en nuestros padres. Así, existe una relación inversamente proporcional entre los conflictos de los padres y la intimidad que alcanzan los hijos en la adolescencia. Estos estudios muestran que el divorcio también correlaciona de forma negativa con la intimidad a la que llegan los descendientes, pero de forma menos significativa.

martes, 26 de enero de 2010

La pareja. 2ª parte



...Las diferencias psicológicas entre hombres y mujeres son difíciles de ver, ya que realmente nadie nos enseña que el sexo opuesto se comporta como tal,... por qué hay hormonas que prevalecen en cada uno,... que los hace tomar conductas normales pero diferentes. Cuando aprendemos a respetar y aceptar cada una de estas diferencias en la psicología de la pareja, es cuando el amor tiene la oportunidad de florecer con nuevos colores, nuevas vibraciones y nuevas perspectivas.

El hombre se comunica de forma diferente que la mujer. La mujer puede decir en determinado momento “Nunca Salimos” o “Nunca me escuchas”. El hombre puede contestar molesto “pero si salimos el fin de semana pasado”, “te puedo repetir lo que me dijiste para que veas que si te escucho”. La utilización de la palabra “Nunca” es tomada en forma literal por el hombre, algo que la mujer no espera ya que es solo una forma de expresar la inconformidad que siente sólo en ese momento.

En la primera expresión, ella solamente está tratando de decir “Tengo ganas de salir y hacer algo juntos porque me gusta estar contigo”. El lo interpreta así: “No hacemos nada juntos. No estas haciendo bien las cosas. Eres aburrido”. En la segunda expresión, él piensa que la escucha sólo porque puede repetir lo que ella ha dicho, cuando lo que realmente ella quiere es que le demuestre o le exprese su interés en lo que ella tiene que decir.

Para expresar sus sentimientos, las mujeres utilizan generalizaciones que los hombres toman erróneamente en forma literal. Los hombres y mujeres apoyan de manera diferente a su pareja. Los hombres por naturaleza son los proveedores del hogar, los que protegen a la familia por ser el sexo físicamente más fuerte, los que deben solucionar los problemas que se van presentando en el hogar tanto en infraestructura como los emocionales.
Por eso les interesan más todas aquellas “cosas” u “objetos” a través de los cuales puedan alcanzar resultados o metas que le permitan expresar su poder, eficiencia y competencia. Ellos no se interesan tanto en la “gente” y sus sentimientos como en los “objetos”. El hecho de alcanzar sus objetivos es una manera de probar su capacidad, su eficacia, su competencia, su poder.

Ellas por naturaleza valoran más a la “gente” y sus relaciones con las demás personas. Les encanta ayudarse y estimularse mutuamente. La personalidad de las mujeres se auto valora a través de sus sentimientos y la calidad de sus relaciones con la “gente”. Para ellas la comunicación y el compartir sentimientos es mucho más importante que alcanzar objetivos o metas. Hablar y relacionarse entre sí les produce grandes satisfacciones. Las relaciones son más importantes que el trabajo y la tecnología.

El hombre maneja el estrés de manera diferenta que la mujer. Los hombres guardan silencio y las mujeres hablan. Para enfrentar los problemas, el hombre se siente mejor resolviéndolos él mismo. Para esto, se torna silencioso y se concentra en sí mismo para meditar y encontrar la solución. Si el hombre no entiende que la mujer necesita hablar de sus problemas para sentirse mejor, pensará que ella habla demasiado y sin ningún sentido, por lo que no le brindará el apoyo necesario. (Louis Corman 1901.1995)(1)
El conflicto en la pareja
Es fácil hacer un inventario de las áreas de conflicto de una pareja. Abarcan todas aquellas en las que se mueve la relación. Las disputas en los matrimonios se dan a menudo sobre las responsabilidades (quien se encarga de hacer las cosas) y el poder (quien decide lo que hay que hacer), las finanzas, las relaciones con miembros de la familia de origen, el cuidado de los hijos, actividades sociales y de trabajo fuera de la familia, sexualidad e intimidad y la comunicación (Weissman et al, 2000).

Hay algunas áreas en las que los problemas aparecen con frecuencia, por ejemplo, la percepción de desigualdad en la distribución del trabajo, pero no son irresolubles y, en general, no dan lugar a la ruptura; aunque amargan la relación. Sin embargo, hay otras fuentes de conflicto que atacan a la propia constitución de la relación de pareja, como el sexo extramatrimonial, la bebida y las drogas, que predicen el divorcio con bastante seguridad. En el mismo sentido hay que considerar los celos del marido y la locura en el gasto de dinero de la mujer (Fishman y Beach, 1999).

Los conflictos en la pareja se pueden agrupar alrededor de los aspectos fundamentales que estructuran la pareja:

Intimidad. Epstein, Baucom, Tankin y Burnett (1991) identifican como áreas de conflicto matrimonial los límites que existen entre los dos esposos en el grado de intimidad y de compartir y el balance entre el poder/control en la toma de decisiones de la pareja. Afectando a la intimidad, estos autores, incluyen elementos como la expresión de afecto (detalles, sexo, etc.)

Compromiso. Epstein y cols. Incluyen el grado de inversión que cada esposo pone en la pareja. La inversión incluye, la inversión instrumental, que es el esfuerzo conductual que se realiza para mantener o mejorar la relación, y la inversión expresiva que son los esfuerzos que se realizan para hacer feliz al otro.

Dominancia. Afectando al balance entre el poder/control en la toma de decisiones de la pareja. En este apartado, Epstein y cols. incluyen elementos importantes como el dinero, el uso del tiempo de ocio, la distribución del trabajo en casa, las prioridades en el desarrollo de la carrera profesional de cada miembro,...
La propia existencia de una relación de dominancia en la pareja se ha mencionado como causa de conflictos y de injusticia... Puede darse la dominancia sin que aparezca o se perciba ninguna distorsión. Además la toma de decisiones tiene la característica de ser una habilidad escasa y difícil y por ello un bien preciado. El apoyo que cada uno obtiene de la pareja en la toma de decisiones individuales o conjuntas, puede ser uno de los refuerzos básicos que se obtiene de la relación. Por ello aunque exista una relación de dominancia de un miembro sobre el otro puede ser considerado como algo aceptable e incluso deseable porque evita la tarea desagradable de tomar decisiones.

También hay que considerar que el poder, el ejercicio de la dominancia, es reforzante en sí mismo. Así como la intimidad es un refuerzo importante para cada componente de la pareja y es fácil reconocerlo como tal, el ejercicio del poder también lo es, no solamente porque permite acceso a determinados bienes, sino por la percepción de control y de autoeficacia que obtiene quien lo ejerce. La persona que está machacada en su trabajo o en sus relaciones sociales podría buscar en la pareja la validación que le falta, y no solamente a través de la intimidad, sino por sentirse poderoso al ejercer el poder en un ambiente social significativo como es la familia o la pareja.

Los problemas se pueden dar en aspectos que afectan a los dos aspectos intimidad y dominancia. Por ejemplo, las relaciones con las familias de origen es fuente corriente de conflictos (Weissman et al, 2000). Si no se ha producido la separación necesaria para construir la intimidad o si padres o hermanos interfieren demasiado, y tienen excesivo peso en la toma de decisiones dentro de la pareja, se introducen elementos distorsionadores que provocan dificultades importantes. Muchas veces la forma en la que aparecen estos problemas en la consulta es por medio de quejas de que existe un desequilibrio en las relaciones con las familias de ambos. Es importante que se haya establecido un espacio para tomar las decisiones con el suficiente grado de intimidad, para lo que se tiene que haber dado la separación real de la familia de origen.

Apego. Las conductas de apego se aprenden en la más tierna infancia y se automatizan. También se aprenden en la familia de origen las conductas de respuesta a la solicitud de ayuda. Si no se cumplen las expectativas que generan las peticiones del otro pueden darse problemas graves en las parejas. El hecho de que las conductas sean automáticas y por tanto no conscientes y muy básicas, hace que los conflictos en este aspecto sean graves y no siempre explícitos, dando lugar a emociones fuertes que no encuentran una expresión adecuada para su solución.

Problemas en la comunicación y resolución de problemas. Una vez que aparece un conflicto en cualquier área se disparan en la pareja los mecanismos para resolverlo. Las habilidades de comunicación, de resolución de problemas, la estructura de poder, se ponen en marcha para solucionarlo. Si no consiguen hacerlo, se establecen en la pareja patrones de relación que lo perpetúan o incluso lo agravan. Cuando el tiempo pasa sin hallar solución, o los problemas se multiplican, el origen de las dificultades se olvida y llega a parecer que no existen elementos desencadenantes de la situación y que es la propia convivencia la que se convierte en problemática. Por eso los problemas de comunicación y de falta de habilidades para resolverlos se asocian a cualquier otro en las áreas mencionadas. Cuando se tiene una buena comunicación y capacidad para resolver en común los problemas se tienen más probabilidades de tener una pareja feliz. Esta es la causa de que la terapia de pareja cognitivo conductual clásica se ha centrado en la comunicación y resolución de problemas, obteniendo un éxito notable.

Violencia. La violencia como motivo de conflicto merece una consideración aparte. Un gran porcentaje de parejas entre las que acuden a consulta presenta episodios o problemas con la violencia, pero solamente una pequeña proporción lo menciona como motivo importante para pedir ayuda, salvo cuando se hace muy extrema.

Entre las causas de la violencia se apunta al hecho de la falta de habilidades, porque se da con mayor frecuencia en los hombres que no tienen las necesarias para manejarse en los conflictos, es decir, que son menos asertivos y tienen menos capacidad para resolver problemas. Uno de los orígenes de estos déficits está en haber presenciado la violencia, e incluso haber estado sometido a ella, en su familia de origen. El efecto de esta exposición es diferente en el hombre y la mujer, mientras que en el hombre aumenta la probabilidad de la violencia no verbal, en la mujer aumenta las cogniciones negativas que dan origen a la depresión o a la ansiedad (Halford, 2000). La violencia tanto física como psicológica entre los recién casados predicen estadísticamente el divorcio. (Fishman y Beach, 1999) (2).

(1) Según el fundador de la morfopsicología, el Doctor Louis Corman, psiquiatra y psicólogo francés, se trata de la ciencia que estudia las relaciones entre la forma y el psiquismo, que permite conocernos a nosotros mismos y a los demás, a través del estudio de la forma de la cara.

(2) El tema de la violencia requiere un apartado por sí mismo, el cuál ampliaré en un post dedicado específicamente a este tema que es de suma importancia.