ALTERACIONES EMOCIONALES EN EL CÁNCER
Depresión
La depresión es la alteración emocional más frecuente en las personas con diagnóstico de cáncer y es la que más interfiere en la adherencia terapéutica, en la calidad de vida de los pacientes, en su nivel de funcionamiento y en el período libre de enfermedad.
Es uno de los trastornos que más llama la atención en las unidades de psicooncología, debido a su elevada prevalencia y a los efectos negativos que la depresión tiene en la calidad de vida de los pacientes y en la propia enfermedad neoplásica (Stommel, 2002; Spiegel, 2003).
Existen diversos factores que influyen a la hora de determinar la prevalencia de la depresión en el paciente oncológico, entre los que se pueden destacar (Nordin y col., 2001):
- El tipo y severidad de la enfermedad.
- El tipo de cirugía.
- El régimen de quimioterapia.
- El tipo de tratamiento.
- El apoyo social... etc
Diversos estudios han mostrado que los niveles de depresión varían según el tipo de tumor, observándose las medias más altas en el tumor de páncreas, el tumor de orofaringe y el carcinoma de mama, mientras que las más bajas se observan en los linfomas y la leucemia (McDaniel, 1995).
Autores como Moffic y Paykel, 1975; Ciaramella y Poli, 2001; Massie, 2004, han encontrado que los porcentajes más elevados de depresión se incrementan con la severidad del tumor y su pronóstico.
Otros como Raison y Miller (2003), han sugerido que la depresión predispone a unos peores resultados clínicos cuando la enfermedad ha aparecido y que el tipo de tratamiento al que sean sometidos los pacientes también afectará a la probabilidad de desarrollar depresión, sobre todo por su tremenda influencia en la propia biología de la depresión.
Un estudio de Stommel, y col., (2002), sugirió que en la población depresiva se incrementa el riesgo de muerte por cáncer 2.6 veces dentro de los 19 meses posteriores al momento del diagnóstico.
Se asume que la depresión es una reacción natural ante una enfermedad grave que atenta contra la vida de la persona que la padece (Spiegel y Giese-Davis, 2003), y por tanto, son pocas las personas que no experimentan sintomatología típica de la depresión (tristeza, sentimientos de desesperanza o de inutilidad, alteraciones en el sueño, y/o cambios en el apetito o en el peso durante el curso de la enfermedad).
La evaluación de la depresión en enfermos oncológicos debe incluir la siguiente información:
- Aquella relativa a la existencia de tratamiento psiquiátrico o psicológico previo y si consume o ha consumido sustancias psicotrópicas.
- Se debe prestar atención a los aspectos cognitivos que producen la sintomatología depresiva, para lo que es necesario conocer cuáles son las creencias erróneas y las preocupaciones que producen en el paciente alteraciones en el estado de ánimo.
Una depresión no reconocida y/o no tratada puede tener consecuencias negativas en la persona con cáncer, cómo las siguientes:
- La depresión acelera el proceso de enfermedad, acortando las expectativas de vida (Bottomley, 1998). Las personas con cáncer y depresión tienen intervalos más cortos libres de enfermedad, es decir, presentan más recidivas. Incluso pueden aumentar el riesgo de suicidio.
- El pesimismo y la actitud de falta de lucha de los enfermos oncológicos deprimidos hacen que el pronóstico optimista que tienen determinados tratamientos sobre ciertos tumores, quede sin ser considerado por el paciente, fomentando de esta forma una peor adherencia terapéutica y un incremento de costes de salud (Bottomley, 1998; Pirl y Roth, 1999).
- La depresión en el cáncer empeora los niveles de calidad de vida percibida, incrementando la sintomatología (produce un incremento del dolor) y empeorando el funcionamiento general de las personas (Ruo y Wooley, 2003; Greenber, 2004...)
Los instrumentos de evaluación más utilizados en la práctica oncológica son:
- la escala Hospitalaria de Ansiedad y Depresión.
- El inventario para la Depresión de Beck.
- La escala Hamilton para la Depresión.
- La escala para la Depresión del Centro de Estudios Epidemiológicos (Bottomley, 1998).
Ansiedad
En cuanto a la ansiedad, algunos autores defienden que la ansiedad se incrementa a medida que la gravedad aumenta y la expectativa de vida disminuye.
Otros, sin embargo, encuentran que los niveles de ansiedad no se ven incrementados por tener pocas expectativas de vida (mal pronóstico) y/o un determinado tipo de tumor o determinados tipos de tratamientos. Así mismo, la prevalencia de dicho trastorno aumenta en los momentos previos y posteriores al diagnóstico inicial de la enfermedad y tras el diagnóstico de una recaída.
Se pueden destacar algunos factores que incrementan la probabilidad de desarrollar trastornos de ansiedad durante el tratamiento oncológico:
- Historia previa de trastornos de ansiedad, dolor severo y ansiedad en el momento del diagnóstico (Nordin y col., 1999).
- Limitación funcional, es decir, dependencia, escaso apoyo social, enfermedad avanzada y el haber padecido alguna experiencia traumática (Breitbart y col., 1995).
- Problemas de comunicación con la familia, amigos y con los profesionales de la salud (Friedman y col, 1994).
Según Stark y cols., (2000), la ansiedad debe considerarse patológica, entendiento por ansiedad patológica en psicooncología, cuando es incontrolable, duradera y con efectos perjudiciales para la adaptación a la enfermedad, es decir, cuando:
- la ansiedad persista y produzca un deterioro importante en la persona.
- El nivel de percepción de amenaza sea desproporcionado.
- El nivel de la sintomatología sea desproporcionado en base de la amenaza percibida (ejemplo: ataques de pánico recurrentes, sintomatología física severa, creencias anormales de muerte súbita).
- Hay una ruptura de la funcionalidad, es decir, la ansiedad interfiere en el funcionamiento cotidiano.
Principales manifestaciones de la ansiedad patológica:
Nerviosismo, agitación, tensión, dificultades para respirar, palpitaciones cardiacas, sudoración, temblor, irritabilidad, ideas recurrentes de muerte, aprensión, problemas de atención,... etc.
La ansiedad es una emoción que presentan casi todos los pacientes con cáncer y puede ser una reacción útil en el proceso de adaptación a la enfermedad. En el momento en que la ansiedad se intensifica y cronifica puede dar lugar a alteraciones psicopatológicas que comprometen el curso del tratamiento de la enfermedad y la calidad de vida de la persona que la padece.
Respecto de la evaluación de la ansiedad en el cáncer, los cuestionarios más utilizados son:
- El Inventario de Ansiedad Estado-Rasgo de Spielberg.
- La subescala de ansiedad de la escala Hospitalaria de Ansiedad y Depresión de Zigmond.
La evaluación de la ansiedad ayuda a conocer cuál es el origen de la misma y a establecer el tratamiento más adecuado para reducirla. Cuando la ansiedad es producida por dolor, por algún tipo de condición médica, por las hormonas segregadas por el tumor o por los efectos secundarios de los tratamientos antineoplásicos o concomitantes, tratar la causa que origina la ansiedad reducirá su sintomatología inmediatamente.
Habitualmente, la ansiedad se incrementa cuando el paciente toma conciencia de la relativa ineficacia de los tratamientos médicos en el proceso de la enfermedad y cuando ve limitadas sus expectativas de vida (Roth, 2007).
Se podrá reducir la sintomatología ansiosa si se proporciona a los pacientes:
- Estrategias de afrontamiento que les permitan confrontar sus miedos o sus problemas.
- Tener una visión del proceso oncológico como tareas que se cumplen paso a paso.
- Enfrentarse al cáncer haciendo uso de sus recursos y solicitando apoyo social y psicológico si fuera necesario.
Psicooncología y calidad de vida
La calidad de vida en relación al paciente oncológico, hace referencia a la valoración subjetiva que éste hace de diferentes aspectos y dimensiones de su vida (funcionamiento físico, psicológico, social, síntomas de la enfermedad y efectos secundarios de los tratamientos) (Font, 1994).
La subjetividad hace referencia a la evaluación y a la satisfacción del paciente con su nivel actual de funcionamiento, comparado con lo que se percibe que es posible como ideal.
El interés por la calidad de vida contribuye a mejorar el cuidado de los pacientes, la toma de decisiones clínicas y facilita que el paciente informe sobre sus vivencias de la enfermedad (Mandelblatt y col, 2003).
El abordaje de la calidad de vida ha de realizarse desde un modelo biopsicosocial que integre todas las dimensiones de la vida de la persona y de la enfermedad.
La evaluación de la calidad de vida se realiza a través de cuestionarios que se dividen en las siguientes categorías, las cuales incluyen numerosos aspectos de la vida del paciente oncológico (Cella, 2003):
- Capacidad funcional. Movilidad física, actividad física.
- Preocupaciones físicas. Síntomas específicos de la enfermedad o sintomatología relacionada con los efectos secundarios de los tratamientos antineoplásicos (náuseas, vómitos, etc).
- Bienestar emocional. La sintomatología emocional de ansiedad, depresión y angustia interfieren en el bienestar de la persona.
- Satisfacción con el tratamiento.
- Intimidad, sexualidad e imagen corporal.
- Funcionamiento social.
Ventajas de evaluar en profundidad la calidad de vida (Arraras, 1999):
- Ofrecer una intervención global al paciente.
- Evaluar su funcionamiento en diferentes áreas.
- Conocer su estado subjetivo en relación a su enfermedad.
- Predecir la evolución de la enfermedad.
- Detectar de manera precoz los problemas.
Fuentes:
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Durá,e & Ibañez E.(2000) Psicología Oncológica: perspectivas futuras de investigación intervención Profesional.
Fabry, Joseph. Técnicas de la logoterapia". Compendio de artículos y lecturas sobre logoterapia.
Ferraris, José María. Fundamentos y principios de la bioética. Principio de autonomía en la discapacidad.
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Valiente, María. El uso de la visualización en el tratamiento psicológico de enfermos de cáncer.




