Mostrando entradas con la etiqueta Técnicas de autocontrol. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Técnicas de autocontrol. Mostrar todas las entradas

sábado, 18 de febrero de 2012

TÉCNICA DE LA TORTUGA... (autocontrol de la conducta impulsiva)


La técnica de la tortuga fue elaborada por Scheneider y Robin (1990) para desarrollar en el niño habilidades de autocontrol de las conductas disruptivas y agresivas, como insultar, empujar, dar puñetazos, patadas, etc. Es aplicable a niños de Educación Infantil y primer ciclo de Educación Primaria.

La técnica de la Tortuga puede ayudar a los niños a aprender a expresar sus sentimientos. Cuando un niño impulsivo da golpes sin mirar a quién, puede estar expresando una emoción legítima, pero... de una forma inadecuada y las consecuencias que se derivan de su acción pueden ser negativas para él y/o para los otros. 

Con esta técnica de la Tortuga se enseña al niño a canalizar la expresión de sus emociones de una manera apropiada.
Objetivo básico de esta técnica
Proporcionar a los niños, medios para que puedan canalizar su propia ira, es decir, ante provocaciones o situaciones conflictivas que les llevan a responder con conductas agresivas, la técnica de la tortuga pretende enseñar a los niños a controlar esa agresividad,  a analizar de manera adecuada las situaciones y a responder a las mismas de forma autocontrolada.
Se empieza contando la siguiente historia
“Antiguamente había una hermosa y joven tortuga, tenia 6 (7, 8,…)
años y acababa de empezar el colegio. Su nombre era Pequeña
Tortuga. A ella no le gustaba mucho ir al Cole, prefería estar en asa
con su hermano menor y con su madre. No le gustaba aprender
cosas en el colegio, ella quería correr, jugar… era demasiado difícil y
pesado hacer fichas y copiar de la pizarra, o participar en algunas de
las actividades. No le gustaba escuchar al profesor, era más divertido
hacer ruidos de motores de coches que algunas de las cosas que el
profesor contaba, y nunca recordaba que no los tenía que hacer. A
ella lo que loe gustaba era ir enredando con los demás niños,
meterse con ellos, gastarles bromas. Así que el colegio para ella erfesa
un poco duro.
Cada día en el camino hacia el colegio se decía a si misma que lo
haría lo mejor posible para no meterse con ellos. Pero a pesar de esto
era fácil que algo o alguien la descontrolara, y al final siempre
acababa enfadada, o se peleaba, o le castigaban. “Siempre metida en
líos” pensaba “como siga así voy a odiar al colegio y a todos.” Y la
Tortuga lo pasaba muy pero que muy mal. Un día de los que peor se
sentía, encontró a la más grande y vieja Tortuga que ella hubiera
podido imaginar. Era un vieja Tortuga que tenia más de trescientos
años y era tan grande como una montaña. La Pequeña Tortuga le
hablaba con una vocecita tímida porque estaba algo asustada de la
enorme tortuga. Pero la vieja tortuga era tan amble como grande y
estaba muy dispuesta a ayudarla: “¡Oye! ¡Aquí!” dijo con su potente
voz, “Te contaré un secreto. ¿Tú no te das cuenta que la solución a
tus problemas la llevas encima de ti?”. La Pequeña Tortuga no sabia
de lo que estaba hablando. “¡Tu caparazón!” le gritaba “¿para qué
tienes tu concha? Tu te puedes esconder en tu concha siempre que
tengas sentimientos de rabia, de ira, siempre que tengas ganas de
romper, de gritar, de pegar…Cuando estés en tu concha puedes
descansar un momento, hasta que ya no te sientas tan enfadad. Así
la próxima vez que te enfades ¡Métete en tu concha! A la Pequeña
Tortuga le gustó la idea, y estaba muy contenta de intentar este
nuevo secreto de la escuela.
Al día siguiente ya lo puso en práctica. De repente un niño que estaba
cerca de ella accidentalmente le dio un golpe en la espalda. Empezó a
sentirse enfadada y estuvo a punto de perder sus nervios y
devolverle el golpe, cuando, de pronto recordó lo que la vieja tortuga
le había dicho. Se sujetó los brazos, piernas y cabeza, tan rápido
como un rayo, y se mantuvo quieta hasta que se le pasó el enfado.
Le gustó mucho lo bien que estaba en su concha, donde nadie le
podía molestar. Cuando salió, se sorprendió de encontrarse a su
profesor sonriéndole, contento y orgulloso de ella. Continuó usando
su secreto el resto del año. Lo utilizaba siempre que alguien o algo le
molestaba, y también cuando ella quería pegar o discutir con alguien.
Cuando logró actuar de esta forma tan diferente, se sintió muy
contenta en clase, todo el mundo le admiraba y querían saber cuál
era su mágico secreto”.
“La Pequeña Tortuga iba a la escuela cada día más contenta, y se
introducía dentro de su concha cada vez que otros niños le pegaban,
le insultaban, le rayaban su hoja, o cuando ella se encontraba
rabiosa, enfadada sin saber muy bien el motivo… Su profesor estaba
muy contento y le animaba a que lo siguiera haciendo y a veces le
premiaba. Pero la pequeña tortuga en ocasiones tenía sensaciones de
enfado o rabia, o se encontraba mal después de que se metiera en su
concha y aunque se quedara allí no desaparecían. Ella quería ser
buena, llevarse bien con sus compañeros obtener el premio que a
veces le daban, pero los sentimientos de enfado a veces eran muy
fuertes y le tentaban diciéndole “pequeña Tortuga, por qué no le
devuelves el golpe cuando el profesor no te está mirando y te quedas
ahí tan tranquila,…” La Tortuga no sabía que hacer, estaba muy
desconcertada, ella quería meterse dentro de su concha pero estos
sentimientos de enfado la tentaban para hacerlo mal.
Entonces recordó a la vieja y sabia Tortuga que la había ayudado
hacía tiempo. Antes de ir a la escuela corrió a la casa de la enorme
Tortuga, se lo contó todo y le preguntó que podría hacer. Le dijo:
“tengo sentimientos de enfado en mi estómago después de meterme
en mi concha. Los sentimientos me dicen que pegue, pero yo no me
quiero meter en líos, ¿Qué puedo hacer para detener mis
sentimientos de enfado?”
La Tortuga más sabia de las sabias Tortugas de la ciudad, que tenía
la respuesta, sacudió por un momento su cabeza, se quedó un rato
callada, y entonces le dijo a la pequeña Tortuga: “Cuando estés
dentro de tu concha, relájate. Suelta todos tus músculos, y ponte en
situación como si te fueras a dormir, deja que tus manos cuelguen,
relaja tus pies, no hagas nada de fuerza con tu tripa, respira lenta y
profundamente, deja ir todo tu cuerpo y los sentimientos de enfado
también se irán… piensa en cosas bonitas y agradables cuando te
estés relajando. Si no te sale yo le diré a tu profesor que te enseñe.”
A la pequeña Tortuga le gustó la idea. Al día siguiente cuando fue a la
escuela se lo contó a su profesor todo lo que la vieja Tortuga le había
enseñado. Cuando un compañero le hizo rabiar se metió en su concha
y se relajó. Soltó todos sus músculos y se quedó un ratito fijándose
como la tensión y los malos sentimientos desaparecían. La Tortuga se
puso muy contenta, continuó consiguiendo más premios y alabanzas
y al profesor le gustó tanto la idea que le enseñó a toda la clase".
Fases de entrenamiento
- Primera fase (semanas 1 y 2), se le enseña al niño a responder a la palabra "tortuga" cerrando los ojos, pegando los brazos al cuerpo, bajando la cabeza al mismo tiempo que la mete entre los hombros y replegándose durante unos segundos, y después relaja a la vez todos lo músculos.

- Segunda fase (semana 3 y 4), el niño aprende a relajarse. Para ello, tensa todos los músculos mientras está en la posición de tortuga, mantiene la tensión durante unos segundos, y después relaja a la vez todos los músculos.

- Tercera fase (semana 5), pretende conseguir la generalización en la utilización de la posición de tortuga y la relajación a diferentes contextos y situaciones.

- Última fase (semana 6), se decida a la enseñanza de estrategias de solución de problemas interpersonales.


En cuanto a las recompensas, se ha encontrado que con niños particularmente disruptivos, el refuerzo social (alabanzas...) algunas veces no funcionan como refuerzo; en estos casos se puede utilizar al principio refuerzos como caramelos, chuches… Los refuerzos se tienen que dar inmediatamente y de forma contingente a la respuesta de la tortuga.
Los niños no utilizaran la técnica si no son recompensados por realizarla. Reforzando cualquier intento de Tortuga que el niño haga. En el momento en que se vea a los niños realizando alguna de las conductas disruptivas objetivo se les debe dar la indicación de realizar la Tortuga. Se puede decir algo como: “Tortuga” o “Ahora puedes hacer la Tortuga”. Se les incita a ello y se les refuerza de forma inmediata si la realizan.
Es muy probable encontrar a los niños emitiendo la respuesta de la Tortuga para obtener el refuerzo, sobre todo si éste es externo (caramelos, chuches...).
Es importante cambiar el sistema de refuerzos, se va a pasar del uso
de un refuerzo social (alabanza del adulto, reconocimiento de los hermanos, etc.) o material (caramelos, golosinas,…) de forma continuada, al uso intermitente del mismo, llegando un momento en que cese de forma total su utilización.


jueves, 20 de octubre de 2011

TÉCNICAS DE AUTOCONTROL


El autocontrol es la habilidad susceptible de aprendizaje, que engloba cualquier conducta controlada exclusivamente por variables físicas, sociales o cognitivas (autogeneradas), que trate de alterar la probabilidad de ocurrencia de otra conducta, cuyas consecuencias, podrían resultar aversivas para el individuo, es decir, el autocontrol es la capacidad de la persona para realizar algo con la intención de controlar que no suceda otro comportamiento no deseado.

Las estrategias de autocontrol no suponen siempre no hacer, sino poner en marcha conductas que alteren la frecuencia de ocurrencia de otras, disminuyéndola o aumentándola.

Un requisito imprescindible para hablar de autocontrol es que la persona no esté bajo ninguna presión exterior que le obligue a actuar de una determinada forma. Por ejemplo, un conductor que frena al ver a un Guardia Civil y unos kilómetros más adelante vuelve a acelerar, no está realizando ninguna conducta de autocontrol sino que está evitando una multa inmediata.

Por tanto, el autocontrol, no es tanto restringirnos y someternos constantemente a “nuestra fuerza de voluntad” sino más bien, generar una serie de estrategias que nos permitan evitar hacer cosas que no deseamos.

La fuerza de voluntad se ha identificado como una variable de personalidad relativamente estable, no susceptible de entrenamiento (se tiene o no se tiene). Por eso realizamos afirmaciones como: : “yo no puedo dejar de fumar porque no tengo fuerza de voluntad”, es decir, consideramos que cuando alguien no realiza cosas que desea por conseguir una meta es porque posee algo (la fuerza de voluntad) y si no lo consigue es, sencillamente, porque no lo posee. Esta creencia funciona muchas veces como una excusa con trampa ya que si "no tenemos fuerza de voluntad" no podemos controlarnos y por lo tanto, no es nuestra culpa ni podemos hacer nada para remediarlo. Sin embargo, más allá de la fuerza de voluntad tenemos una herramienta muy poderosa para manejar nuestro comportamiento y conseguir nuestras metas, el autocontrol, y tal y como hemos comentado "es la habilidad susceptible de aprendizaje", se tenga o no se tenga, todos podemos poner en práctica estrategias de autocontrol, solo tenemos que entrenarnos en ellas.

El objetivo final de los programas de autocontrol es que el individuo aprenda a ser su propio terapeuta.

Según Kanfer, los programas de autocontrol vienen fundamentados por las siguientes razones:
1. Existencia de muchas conductas que sólo resultan accesibles al propio sujeto.
2. Las conductas problemas suelen estar relacionadas con autor reacciones y actividad cognitiva, no susceptibles de observación directa.
3. Es necesario plantear una intervención que presente el cambio como positivo y factible para el sujeto, de manera que se maximice su motivación para el cambio.
4. La intervención no debe acabar sólo con los conflictos presentes, sino enseñar al sujeto cómo manejar posibles recaídas o nuevos problemas.

Estrategias de autocontrol
AUTO-OBSERVACIÓN: consiste en la observación y el registro de las conductas específicas (pensamientos, sentimientos y acciones) sobre uno mismo y las interacciones con los sucesos ambientales.
Puede ser utilizada con dos finalidades:
- Como estrategia de evaluación.
- Como estrategia de tratamiento (como factor motivacional y como componente activo del tratamiento, a veces útil en sí mismo).

El sujeto debe ser capaz de descubrir qué está sucediendo antes de aplicar una estrategia de cambio, de la misma forma que el terapeuta debe saber qué sucede antes de emplear algún procedimiento terapéutico. Implica dos procesos separados:
1. Discriminar la presencia o ausencia de la conducta objetivo (la respuesta puede ser fisiológica, cognitiva o motora).
2. Registrar la emisión de la conducta.

En medios clínicos, la autoobservación es un procedimiento muy utilizado. Esto es así por varias razones (Bornstein, Hamilton):
- Es un procedimiento que enfatiza, implícitamente, el control del individuo sobre su propia conducta.
- Facilita que el paciente tenga un feedback continuo de los cambios de su conducta.
- Se puede llevar a todos los sitios: buena relación ganancia/costo.
- Puede suministrar una completa y minuciosa información acerca de la conducta problema, en condiciones que resultaría difícil obtenerla.
- Se elimina el sesgo derivado de la presencia de un observador externo.
- Permite acceder a datos que serían inaccesibles al modificador de la conducta (pensamientos, sensaciones).

La autoobservación es una técnica especialmente adecuada cuando:
- No es posible disponer de otros observadores.
- Se trata de conductas no observables externamente.
- Se trata de respuestas íntimas o privadas.
- En conductas de alta frecuencia y alta variabilidad en función de los diversos ambientes (beber, fumar, morderse las uñas).
- En respuestas desencadenadas por estímulos internos (comer).

CONTROL DE ESTÍMULOS: se define como la ordenación predeterminada de las condiciones ambientales que imposibilita, dificulta o disminuye la probabilidad de ocurrencia de la conducta deseada. Los métodos de control de estímulos tratan de ordenar previamente o modificar las condiciones ambientales que sirven como señales o antecedentes de una respuesta particular.

Una conducta con frecuencia está motivada por ciertos aspectos que la preceden (antecedentes) y se mantiene por los sucesos positivos o negativos que le siguen (consecuencias). Tanto los antecedentes como las consecuencias pueden ser externas (visibles) o internas (encubiertas).

Los procedimientos de control de estímulos se han usado para modificar la conducta, perder peso, para reducir el insomnio, problemas sexuales, control de conductas adictivas, incremento de la conducta de estudio, problemas maritales, insomnio, etc.

Principios de modificación para disminuir la conducta:
1. Reordenar o modificar las señales asociadas al lugar de la conducta:
- Reorganizar las señales que dificultan la ejecución de la conducta.
- Reorganizar las señales para que estén controladas por otras personas.
2. Modificar el tiempo o secuencia entre las señales antecedentes y las conductas resultantes:
- Romper la secuencia.
- Modificar la secuencia.
- Interrumpir.

Principios de modificación para aumentar una conducta:
Aumentar o reordenar las señales asociadas con la respuesta:
- Buscar conscientemente estas señales para ejecutar la conducta deseada.
- Concentrarse en la conducta cuando se halle en la situación.
- Ampliar la conducta a otras situaciones.
- Favorecer la ocurrencia de señales útiles generadas por otras personas o por idea propia.

AUTORRECOMPENSA: se utiliza para fortalecer o aumentar una respuesta deseada. Consiste en la presentación de sí mismo a un estímulo positivo autodeterminado que sigue a una respuesta deseada.

Una recompensa presentada por uno mismo, de la misma forma que las recompensas presentadas externamente, se define por la función que desempeñan sobre la conducta meta. Un reforzador (auto administrado o externo) es algo que, si se administra después de la respuesta meta, tiende a mantener o aumentar la probabilidad futura de esa respuesta.


El uso consistente, regular, de las estrategias es un componente importante para un autocontrol efectivo. Si los esfuerzos de automanejo no se ejecutan durante un período largo de tiempo, su efectividad puede ser demasiado limitada para producir algún cambio.

Un componente importante de los programas de autocontrol es la autoevaluación en la forma de establecimiento de metas y enunciados de intención.

También resulta importante el autorrefuerzo encubierto, verbal o material. Ser capaz de alabarse a sí mismo encubiertamente o advertir la propia mejoría positiva parece correlacionarse con el cambio propio.

Para que los cambios producidos por los programas de autocontrol tengan efecto y se mantengan, es necesario cierto grado de apoyo externo. Por ejemplo, la publicación de los datos de autoobservación y la ayuda de otra persona proporcionan oportunidades para el refuerzo social que con frecuencia potencian la conducta de modificación. Estudios afirman que personas con éxito en el autocontrol manifestaban recibir más feedback positivo de otras personas sobre los esfuerzos de cambio que aquellas personas que no habían tenido éxito, por lo que debe existir alguna forma de apoyo en el entorno físico o social para mantener un cambio autocontrolado.

Fuentes:
Estrategias de entrevista para terapeutas. W.H.Cormier y L.S.Cormier. Editorial: Desclée de Brouwer.
Manual de técnicas de modificación y terapia de conducta. F.J.Labrador, J.A.Cruzado, Manuel Muñoz. Editorial: Pirámide.
Wikipedia, enciclopedia libre... ...