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sábado, 25 de septiembre de 2010

TRASTORNOS DE CONDUCTA


El trastorno de conducta es un desorden infantil emocional y del comportamiento caracterizado por un comportamiento negativo. Los niños con trastorno de conducta tienen dificultad para seguir reglas y comportarse en una manera socialmente aceptable. Se manifiesta de una forma antisocial, ya desde la infancia.
Ejemplos:
- No obedecer a sus padres o a otros adultos, como a los profesores. Estos niños desobedecen todo el tiempo, incluso en situaciones donde el castigo es serio.
- Rabietas más frecuentes y severas, con respecto al promedio de niños de su edad.
- Se vuelven agresivos y muestran conductas destructivas...
- Contestar mal, discutir, hacer que situaciones pequeñas parezcan más grandes de lo que realmente son, replicar siempre...
- Negarse a cumplir con sus obligaciones diarias, como las tareas escolares, el aseo personal...
- Mentir constantemente, incluso cuando no hay necesidad de tener que hacerlo.
- Presentar otras conductas antisociales, como el exceso de ira y el uso de palabras vulgares; conductas ofensivas, como por ejemplo, escupir a las personas, o el ser indiferentes a los sentimientos de los demás.

CLASIFICACIÓN DE LOS TRASTORNOS DE CONDUCTA EN LA INFANCIA Y LA ADOLESCENCIA SEGÚN EL DSM-IV-TR
- El Trastorno Oposicionista Desafiante (TND) se define como un patrón recurrente de conductas negativistas, desafiantes, desobedientes y hostiles que conllevan un deterioro en las actividades cotidianas. Es más común en los niños más pequeños, quienes desafían a sus padres y profesores y cuyo propósito es molestar. Estos niños usualmente no son crueles, no intimidan, no engañan y no son antisociales, pero pueden llegar a serlo si sus problemas no se tratan.

- El Trastorno disocial (TD) se define como una violación repetitiva y persistente de los derechos básicos de los demás y de las normas sociales.


- Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH): Este término se utiliza para describir a los niños que son más activos e impulsivos que la mayoría de los niños. Estos problemas pueden también estar relacionados con problemas de la concentración y del aprendizaje, (ya tratado en entradas anteriores, con lo que nos centraremos en el TD y en el TND)...
Criterios DSM-IV
Criterios para el diagnóstico del trastorno negativista desafiante:

A. Un patrón de comportamiento negativista, hostil y desafiante que dura por lo menos 6 meses, estando presentes cuatro (o más) de los siguientes comportamientos:
1. A menudo se encoleriza e incurre en pataletas.
2. A menudo discute con adultos.
3. A menudo desafía activamente a los adultos o rehúsa cumplir sus obligaciones.
4. A menudo molesta deliberadamente a otras personas.
5. A menudo acusa a otros de sus errores o mal comportamiento.
6. A menudo es susceptible o fácilmente molestado por otros.
7. A menudo es colérico y resentido.
8. A menudo es rencoroso o vengativo.

Nota: considerar que se cumple un criterio sólo si el comportamiento se presenta con más frecuencia de la observada típicamente en sujetos de edad y nivel de desarrollo comparables.

B. El trastorno de conducta provoca deterioro clínicamente significativo en la actividad social, académica o laboral.

C. Los comportamientos en cuestión no aparecen exclusivamente en el transcurso de un trastorno psicótico o de un trastorno del estado de ánimo.

D. No se cumplen los criterios de trastorno disocial, y, si el sujeto tiene 18 años o más, tampoco los de trastorno antisocial de la personalidad.

Criterios para el diagnóstico del trastorno disocial:

A. Un patrón repetitivo y persistente de comportamiento en el que se violan los derechos básicos de otras personas o normas sociales importantes propias de la edad, manifestándose por la presencia de tres (o más) de los siguientes criterios durante los últimos 12 meses y por lo menos de un criterio durante los últimos 6 meses:
1. A menudo fanfarronea, amenaza o intimida a otros.
2. A menudo inicia peleas físicas.
3. Ha utilizado un arma que puede causar daño físico grave a otras personas (p. ej., ladrillo, botella rota, navaja...)
4. Ha manifestado crueldad física con personas.
5. Ha manifestado crueldad física con animales.
6. Ha robado enfrentándose a la víctima (p. ej., ataque con violencia, arrebatar bolsos, extorsión, robo a mano armada).
7. Ha forzado a alguien a una actividad sexual.
8. Ha provocado deliberadamente incendios con la intención de causar daños graves.
9. Ha destruido deliberadamente propiedades de otras personas (distinto de provocar incendios).
10. Ha violentado el hogar, la casa o el automóvil de otra persona.
11. A menudo miente para obtener bienes o favores o para evitar obligaciones.
12. Ha robado objetos de cierto valor sin enfrentamiento con la víctima (p. ej., robos en tiendas, pero sin allanamientos o destrozos...)
13. A menudo permanece fuera de casa de noche a pesar de las prohibiciones paternas, iniciando este comportamiento antes de los 13 años de edad.
14. Se ha escapado de casa durante la noche por lo menos dos veces, viviendo en la casa de sus padres o en un hogar sustitutivo (o sólo una vez sin regresar durante un largo período de tiempo).
15. Suele hacer novillos en la escuela, iniciando esta práctica antes de los 13 años de edad.

B. El trastorno disocial provoca deterioro clínicamente significativo de la actividad social, académica o laboral.

C. Si el individuo tiene 18 años o más, no cumple criterios de trastorno antisocial de la personalidad.

Se distinguen dos subtipos: de inicio en la infancia (antes de los 10 años) o a partir de los 10 años o de inicio en la adolescencia. Así mismo se diferencia distintos tipos de gravedad: leve o con escasa repercusión, moderado cuyas repercusiones están entre el anterior o el grave cuyas repercusiones son de suma importancia.

Causas de los trastornos de conducta:
Los exámenes neuropsicológicos demuestran que los niños y adolescentes que sufren trastornos de la conducta parecen tener afectado el lóbulo frontal del cerebro, lo cual interfiere con su capacidad para planificar, evitar los riesgos y aprender de sus experiencias negativas. Se considera que el temperamento de los niños tiene una base genética.
Aquellos de "carácter difícil" tienen mayor probabilidad de desarrollar trastornos del comportamiento. Los niños o adolescentes que provienen de hogares desestructurados, que sufren carencias tienen mayor probabilidad de desarrollar trastornos de la conducta. Se comprobado que los problemas sociales y el rechazo por parte de sus compañeros contribuyen a la delincuencia. También existe una relación entre el bajo nivel socioeconómico y los trastornos de la conducta.

TRATAMIENTO DE PROBLEMAS DE CONDUCTA (niños y adolescentes)
Área cognitiva:
Las intervenciones cognitivas se dirigen a modificar la autoimagen negativa, la baja tolerancia a la frustración y la falta de empatía, que suelen presentar con frecuencia estos niños y adolescentes. Mediante la Resolución de Problema y el Autocontrol frente a la impulsividad y el Entrenamiento en Empatía frente a la escasa responsabilidad y falta de conciencia de los sentimientos del otro. Otras intervenciones cognitivas se centran en trabajar con la familia.

Área afectiva:
La principal característica de la afectividad de los trastornos de conducta es la falta de control del niño / adolescente de sus emociones en relación a su baja tolerancia a la frustración y la falta de empatía con el/la agredido/a.
Las intervenciones cognitivas-conductuales tratan de facilitar que se identifiquen los sentimientos y que se module su expresión.
Con niños más pequeños se facilita este aprendizaje mediante las instrucciones verbales y el modelado en el contexto, por ejemplo mediante una terapia de juego o por orientación familiar.
Con adolescentes los grupos de chicos/as con problemas similares o la terapia familiar tienen la misma finalidad. Se trabajan tres aspectos: identificar que se siente, cómo se puede expresar, cómo se puede sentir el otro.

Área somática:
Puede ser frecuente la comorbilidad con otros trastornos que puedan requerir medicación, como la hiperactividad (p. Ej. Psicoestimulantes), trastornos afectivos (p. Ej. Antidepresivos)... etc.

Área interpersonal:
La intervención sería mediante la orientación a los padres de tipo psicoeducativo y conductual. Enseñando a los padres como manejar los problemas de conducta mediante el modelado directo, el manejo de la propia ira parental (p. Ej. mediante la inoculación de estrés)...
En caso de existir una disfunción familiar grave, puede estar indicada la Terapia familiar o de pareja.
En el caso de familias con nivel bajo socioeconómico y con desventajas culturales, está recomendada la intervención de servicios sociales y de redes de apoyo social.

Área conductual:
La intervención se dirige a reducir la conducta antisocial y a aumentar la conducta prosocial del niño o adolescente. Se indentifica y presta apoyo a lo que el sujeto hace bien.
Se diseñan estrategias de extinción, evitando el castigo físico y empleando intervenciones alternativas (extinción, tiempo fuera, sobrecorrección...).

Algunos consejos para padres sobre formas de cómo tratar a niños con problemas de conducta:
- Reconocer las virtudes de nuestros hijos y tratar de ignorar sus debilidades.
- Alabar a nuestros hijos cuando ellos hacen algo correcto en vez de sólo castigarlos cuando hacen lo incorrecto.
-Escuchar a nuestros hijos. Si deseamos que nuestros hijos nos escuchen, nosotros necesitamos aprender a cómo escucharlos.
- Intentar hacer las cosas que les gusta hacer a “ellos” en vez de lo que “nosotros” deseamos que ellos hagan.
- Mostrar a nuestros hijos que nosotros no culpamos a nadie cuando hacemos lo incorrecto o cuando las cosas van mal debido a la mala suerte.
- Ser amplio de criterio y justo. Si nosotros reconocemos lo mejor de nuestros hijos también hay que reconocer cuando ellos han hecho algo incorrecto en la escuela o en contra de la ley, de esa manera les estamos dando apoyo y mostrándoles honestidad.
- Dejar que nuestros sentimientos de malestar se calmen antes de conversar con nuestros hijos acerca de lo que han hecho mal.
- Mostrar a nuestros hijos cómo concentrarse en buscar soluciones en vez de encontrar a alguien a quién echarle la culpa.
- Tratar de estimularlos con nuestro ejemplo para que hagan lo correcto en vez de forzarlos a hacer lo correcto mediante presión y castigo.
- Permitir a los niños hablar cuando están molestos sin que nos molestemos nosotros. Esto les ayudara a saber que uno puede enojarse y que, sin embargo, se puede conversar acerca de eso en una forma constructiva y segura.
- Establecer normas justas y consistentes para nuestros hijos. 
- No pelear con nuestra pareja en una forma de que afecte a toda la familia y preocupe a los niños.

Fuentes: Wikipedia, enciclopedia libre, DSM-IV-TR (A.P.A.), Análisis y terapia de la conducta infantil. Pirámide (Gelfand, D.M y Hartmann); Manual de Terapia de conducta (Vallejo Pareja)...


martes, 27 de abril de 2010

TRATAMIENTO DEL TDAH

Tratamiento Farmacológico.
Cuando a un niño se le ha diagnosticado de TDAH, se comienza un tratamiento combinado de fármacos y terapia psicológica. 
Los síntomas de desatención podrían indicar una disfunción dopaminérgica y/o noradrenérgica en áreas críticas de la corteza cerebral que controlan la cognición. Los pacientes con tales síntomas parece como si necesitaran una potenciación de sus acciones dopaminérgicas/noradrenérgicas (DA/NE), y de hecho, cuando se les administran agentes que potencian dichos sistemas, sus síntomas de desatención pueden mejorar.
Los síntomas de hiperactividad e impulsividad no parecen estar mediados por las mismas vías DA/NE, sino que media la vía dopaminérgica nigroestriada, que es la vía que controla la actividad motora.

Los agentes más comúnmente utilizados son los estimulantes: como metilfenidato (Ritalin o Rubifen) es el principal estimulante prescrito debido a la rapidez con la que aparecen los efectos y el control de los efectos secundarios. Otros estimulantes dos son la dextroanfetamina (Dexedrina) o la pemolina (Cylert), los cuales no se utilizan tan ampliamente, debido el primero a su mayor potencial de abuso y el segundo debido a su toxicidad hepática.

A pesar de resultar paradójico recetar estimulantes a niños con un alto nivel de actividad, la mejoría suele ser evidente. Los principales efectos son la mejora de la atención, incrementar el tiempo de trabajo que dedican a una actividad concreta y a reducir la hiperactividad motriz. Como contrapartida, estos fármacos van a presentar numerosos efectos secundarios como la pérdida de apetito, dolores de cabeza y abdominales y posibles alteraciones del estado de ánimo. Por lo que es, sumamente importante que se sigan las prescripciones del médico que supervisa la medicación y que va a controlar los efectos no deseados.

No todos los niños con un TDAH van a notar mejoría con la prescripción de estimulantes. El médico realizará unas pruebas previas para determinar si es el fármaco que más le conviene al niño y cual es la dosis necesaria y adecuada.

Otros fármacos utilizados son los ansiolíticos o tranquilizantes como alternativa frecuente a los estimulantes. Estos fármacos relajan al niño consiguiendo que disminuya su actividad y que duerma mejor.
También se utilizan fármacos antidepresivos y sales de litio aunque en menor medida que los anteriores.

Es importante tener en cuenta que el tratamiento farmacológico es muy útil en las primeras fases del tratamiento, sin embargo, es necesario combinarlo con un adecuado abordaje psicológico con el fin de retirar el fármaco en el futuro y no convertirlo en un problema crónico.
Tratamiento cognitivo-conductual.
La aplicación de las técnicas cognitivo-conductuales a niños con TDAH se focaliza en cinco dominios:
- La conducta desobediente en casa y en la escuela.
- El desarrollo de las habilidades socio-cognitivas.
- Mejora del autocontrol.
- Mejora de las habilidades sociales.
- Mejora en la relación familiar y escolar.

Las estrategias de intervención se dirigen al niño o adolescente y a los adultos que conviven con él, principalmente padres y/o profesores.

Las intervenciones dirigidas al niño o adolescente se basan en la combinación de entrenamiento en resolución de problemas, autoinstrucciones, modelamiento, autoobservación, autorrefuerzo y coste de respuesta.

Los tratamientos en los que participan los padres de forma activa giran en torno a los principios generales del aprendizaje social, poniendo especial atención en las conductas disruptivas del niño y en los procedimientos encaminados a controlar dichas conductas y fomentar la aparición de conductas más adaptativas.

Las intervenciones desarrolladas en el ámbito escolar se basan, como en el caso de padres, en procedimientos de control de contingencias, en las que se combina la economía de fichas, el coste de respuesta, los contratos de contingencias y el tiempo fuera (Anastopoulos, DuPaul y Barkley, 1991).

Todo ello encaminado a reducir tanto los déficits cognitivos y atencionales (toma de decisiones entre alternativas, toma de perspectiva social, amplitud de estrategias de solución de problemas, percepción de emociones, etc...) como los déficits conductuales (movimientos fuera de tarea, ira incontenida, desobediencia, comportamientos sociales negativos, etc). (McMahon, 1994; Detweiler, Hicks y Hicks, 1995).

El tratamiento combinado de los tratamientos farmacológicos con los cognitivo-conductuales son la potenciación de los efectos obtenidos por separado en cada uno de estos tratamientos, el mantenimiento de los resultados obtenidos a largo plazo y las ganancias terapéuticas, la reducción de costes, etc.

Puede ser la alternativa terapéutica más eficaz en aquellos casos en que la hiperactividad sea severa, de forma que la medicación reduzca inicialmente los problemas más alterados, para introducir luego las técnicas cognitivo-conductuales con las que se intentará enseñar al niño mejorar su capacidad de autocontrol.

Pasamos a comentar brevemente algunas técnicas de intervención:

Autoinstrucciones:  
Sirven para romper las secuencias de pensamientos incorrectos que el niño impulsivo elabora, momentos antes de resolver cualquier problema. Ejemplo de aplicación del procedimiento de autoinstrucciones (Meichembaum y Goodman, 1971):
- Modelado cognitivo: el terapeuta actúa como modelo realizando una tarea con autoverbalizaciones en voz alta.
- Guía externa en voz alta: el niño lleva a cabo la misma tarea bajo las instrucciones de el terapeuta.
- Autoinstrucciones en voz alta: el niño lleva a cabo la tarea mientras se dirige a sí mismo en voz alta.
- Autoinstrucciones enmascaradas: el niño lleva a cabo la tarea mientras cuchichea las intrucciones para sí mismo.
- Autoinstrucciones encubiertas: el niño guía su propio comportamiento a través de autoinstrucciones internas mientras va desarrollando la tarea.

Entrenamiento en solución de problemas: (D'Zurrilla y Goldfried 1971)
Es una técnica dirigida a entrenar a los niños a resolver problemas para mejorar su competencia social. Comprende cinco fases: reconocer la existencia de un problema; comprender, especificar la naturaleza del problema y los objetivos que garantizan su solución; generar alternativas factibles y adecuadas para resolver el problema; determinar cuál de estas alternativas es la mejor solución; y evaluar la eficacia de la solución y plantear qué hacer después.

El modelado:
Es un proceso de aprendizaje observacional en el que el terapeuta actúa como estímulo para generar conductas, pensamientos o actitudes semejantes en los niños que observan su actuación. El modelado es utilizado tanto para adquirir conductas o habilidades como para inhibir o desinhibir conductas determinadas.

Economía de fichas:
Es un procedimiento dirigido a establecer un control sobre un determinado ambiente. Sirve para eliminar conductas desadaptivas y controlar las conductas de una persona o grupo.
El uso de fichas como refuerzo se basa en los siguientes aspectos: 1) pueden administrarse inmediatamente después de que el niño realice un comportamiento que el terapeuta quiere reforzar, para posteriormente canjear los puntos obtenidos por reforzadores de apoyo; 2) las fichas hacen que sea más fácil administrar refuerzos en grupo, de manera coherente y eficaz; 3) el refuerzo está presente hasta que el niño lo sustituye por el refuerzo final; 4) permite cuantificar la entrega de refuerzos, la emisión de conductas adecuadas y la selección de los refuerzos finales por parte del niño...

Coste de respuesta:
Consiste en retirar un reforzador positivo de manera contingente a la emisión de una conducta. Con ello se consigue una rápida y relativa reducción de la conducta con efectos duraderos parecidos a los del castigo.
Las conductas por las cuales los niños podían ser penalizados con la pérdida de puntos podían ser: ir demasiado deprisa y equivocarse en los ejercicios; comportarse inadecuadamente durante la sesión (patalear, chillar, correr en la clase, etc.); negarse a realizar los deberes; molestar a otros compañeros, etc.

Tiempo fuera o time out:
Consiste en retirar al menor del lugar en el que está siendo reforzada su conducta durante unos minutos, después de haber presentado conductas de desobediencia, agresividad y/o oposición...

Entre otras técnicas cabe citar: los contratos de contingencia, técnica de la tortuga, técnicas de autocontrol (autoevaluación, autorrefuerzo y castigo, autoatribuciones...), programas cognitivos (pensar en voz alta, párate y piensa, control de la ira y desarrollo de habilidades prosociales...) etc...

Adjunto para terminar un enlace sobre orientaciones psicoeducativas para los padres.

Damos por finalizado este tema, pero quedamos a vuestra disposición para cualquier consulta al respecto.


Fuentes: Psicopatología del niño y del adolescente, Rita Wicks Nelson y Allen C. Israel; Psicofarmacología esencial, Stephen M. Stahl; Déficit atencional e hiperactividad, C. López Soler y M. Martínez Núñez...

viernes, 23 de abril de 2010

TDAH: EVALUACIÓN Y DIAGNÓSTICO


Antes de proseguir con la evaluación y diagnóstico del TDAH, paso a indicar brevemente los criterios que el DSM-IV-TR requiere para el diagnóstico de este trastorno, volviendo de nuevo a recordar las manifestaciones del TDAH ya mencionadas en el post anterior...
Los síntomas del TDAH según las diferentes etapas del desarrollo de los niños:

Niños de 1 a 3 años: Cambios en el temperamento y adaptación social e interacción del niño con el padre/madre limitadas.

Pre-escolares de 3 a 6 años: Menor intensidad y duración en el juego, inquietud motriz, desarrollo de déficits, conducta negativista desafiante, problemas de adaptación social.

Alumnos de primaria: Se distraen con facilidad, inquietud motora, conducta impulsiva y perturbadora, problemas e implicaciones asociados como: trastornos específicos de aprendizaje, repetición de clases/cursos, comportamiento agresivo, baja autoestima, rechazo por sus compañeros, relaciones familiares alteradas.

Adolescentes de 13 a 18 años: Dificultad para planear y organizarse, déficit de atención persistente, reducción de la inquietud motora, problemas asociados como: conducta agresiva, antisocial y delincuente, problemas con el alcohol y drogas, problemas emocionales, accidentes.

Adultos: Síntomas residuales, problemas asociados como: otros trastornos mentales, conducta antisocial/delincuencia, falta de éxito en la carrera académica y profesional.
EVALUACIÓN DEL TDAH
La evaluación de este trastorno debe realizarse desde una perspectiva multidisciplinar que aborde la evaluación psicológica, la educativa y la médica ya que el afrontamiento al problema debe ser globalizado y que cubra todas las áreas.

La forma de comportarse los niños y jóvenes depende en gran medida de cómo es el ambiente en que se desarrollan. Por lo que, el análisis de la familia, del entorno escolar, del grupo de amigos y compañeros adquiere una gran importancia y resulta imprescindible en la evaluación de estos niños…

Los objetivos de la evaluación en TDAH serían los siguientes:

•  Determinar si existe realmente TDHA o los síntomas esconden otro tipo de trastorno.
Especificar el subgrupo al que pertenece el niño. Desatención o/y hiperactividad motriz, impulsividad.
Determinar las áreas afectadas, estableciendo una línea base de funcionamiento cognitivo, de rendimiento académico, social y emocional... (programa individual de tratamiento). 
•  Conocer cómo afecta al ámbito familiar y como éste aumenta o disminuye el problema del niño; estrategias de control y apoyo que utilizan los padres, atribuciones y expectativas: Programa para padres.
•  Determinar en que medida estas dificultades afectan al ámbito escolar y cómo está respondiendo ante el problema, adaptaciones al currículo, política de castigos, profesor implicado...: Programa para el profesor y la escuela.
Establecer los procedimientos: tipo de material a utilizar, estímulos visuales, auditivos, manipulativos...Seleccionar distintos programas desde el paradigma cognitivo-conductual y sus técnicas. Establecer los refuerzos a emplear para este niño concreto: materiales, sociales, sistema de puntos...Diseñar el número y frecuencia de sesiones.
Establecer un pronóstico y una orientación para el futuro académico y profesional del niño flexible y revisable.
•  Establecer un seguimiento de la intervención y sucesivas evaluaciones.

Hay que establecer un diagnóstico diferencial; el cual sirve para hacer una correcta valoración de una patología con respecto a otras parecidas, con las que pudiera confundirse o solaparse.  

El diagnóstico de TDAH ... requiere la capacidad de contactar con el paciente y su familia en los primeros momentos..., para lo cuál saber escuchar la demanda es fundamental.
Debe también realizarse una anamnesis cuidadosa (examen clínico de los antecedentes patológicos de un paciente) acompañada de entrevistas abiertas y cerradas con padres y maestros; en su valoración son muy útiles los cuestionarios de conducta de Conners, o el CBC de Achenbach, que nos ofrecen habitualmente las primeras pistas en comorbilidad (trastornos asociados).
También es preciso realizar una completa exploración física que incluya la exploración sensorial y la exploración neurológica.

A nivel psiquiátrico debe realizarse una entrevista personal con el niño o el adolescente, valorando la hiperactividad, el control del impulso, el autoconcepto y la autoestima, las conductas negativistas y desafiantes y las posibles conductas disociales.
La exploración psicodiagnóstica debe incluir sendos estudios neurocognitivos (valorando atención sostenida, memoria de trabajo y control ejecutivo) y psicopatológicos, y finalmente debe identificar el nivel académico y el conocimiento de las técnicas instrumentales escolares.

El TDA-H es un trastorno comórbido, por lo que es necesario identificar si hay comorbilidad, ya que cada trastorno comórbido puede precisar un tratamiento distinto.
Uno de los trabajos más concluyentes en el estudio del TDA-H es el estudio Milwaukee del grupo del Prof. Barkley, publicado en 2002... Las conclusiones del trabajo analizan entre otras variables la comorbilidad de los pacientes TDA-H con trastorno de conducta disocial y los comparan con el grupo control. La realidad confirma la teoría, observándose una mayor incidencia de robos, destrucción de la propiedad, crueldad con personas y animales e incendios provocados en la población TDA-H comórbida con trastorno de conducta disocial.

Enunciamos brevemente los trastornos asociados más frecuentes:
- Trastorno de conducta negativista-desafiante: afecta aproximadamente a la mitad de los pacientes TDAH. Son niños que ya desde su etapa preescolar pueden presentar comportamientos negativistas hostiles y desafiantes durante periodos superiores a seis meses...
- Trastorno de conducta disocial: afecta aproximadamente a una cuarta parte de los pacientes TDAH es el trastorno comórbido con peor pronóstico. Son aquellos adolescentes que presentan conductas que violan los derechos básicos de las personas o bien las normas sociales importantes (pueden agredir a personas o animales, destruir la propiedad, robar o violar gravemente las normas...)
- Trastornos emocionales y/o afectivos: con mayor grado de comorbilidad en la adolescencia. Los trastornos de ansiedad (emocionales) más frecuentes son las fobias, el trastorno de ansiedad generalizado, el trastorno de ansiedad de separación y la ansiedad social...
- Los trastornos de aprendizaje comórbidos más frecuentes son los trastornos de la lectura, de la escritura y del cálculo, también denominados dislexia, disgrafía y discalculia (con un significativo bajo rendimiento académico...)
- Otros trastornos comórbidos pueden asociarse a TDA-H como: los tics, el síndrome de la Tourette (emisión repetida de tics motores y verbales múltiples), el trastorno obsesivo-compulsivo, desórdenes de la comunicación (algunos pacientes TDA-H presentan alteraciones significativas del desarrollo del lenguaje expresivo y comprensivo) y desórdenes del desarrollo de la coordinación.

Por último comentar la confusión que puede existir entre el TDAH con niños superdotados. A menudo se describe a los niños brillantes como niños que no paran, impulsivos, que no prestan atención, que están en las nubes. Estas conductas también están tanto asociadas al llamado Trastorno por déficit de atención y/o hiperactividad como a la superdotación. (A continuación aparece la distinción entre un niño hiperactivo y un niño superdotado)
TDAH (Barkley, 1990)
Falta de atención en casi todas las situaciones, falta de persistencia en las tareas, impulsividad, falta de inhibición en situaciones sociales, mucho más activos que el resto, dificultad para aceptar normas...
Superdotados (Webb, 1993)
Falta de atención y aburrimiento, baja tolerancia a persistir en tareas irrelevantes, valoraciones por debajo del desarrollo intelectual, problemas con las personas que detentan autoridad, necesitan dormir menos, cuestionan las reglas y las tradiciones...
A pesar de que tanto los niños hiperactivos como los superdotados suelen tener fracaso escolar relacionado con la falta de atención, estos últimos sí son capaces de estar concentrados durante largos períodos de tiempo en una actividad que les interese.

El siguiente post lo dedicaremos al tratamiento farmacológico y psicológico del TDAH.


Fuentes: Fundación Adana: problemas aociados al TDAH; DSM-IV-TR de la Asociación Americana de Psiquiatría...
Bibliografía recomendada: El niño muy movido o despistado. Christopher Green. Kit Chee, Ed: Medici. Trastorno por déficit de atención con hiperactividad. Una guía práctica. Ana Miranda Casas, Ed. Aljibe.