miércoles, 12 de mayo de 2010

EL CONTAGIO EMOCIONAL


"El contagio emocional es un cambio en nuestro estado emocional que ocurre, como consecuencia de las emociones que otros transmiten mediante comportamientos no verbales."


Muchos estudios han demostrado que quienes comparten espacios de relación, en cualquier área (social, laboral…) acaban compartiendo también los estados de ánimo y los sentimientos. Los cuales se contagian de una persona a otra, ya sea el humor, optimismo, entusiasmo… o enfado, frustración… etc. Resulta sorprendente pensar en la gran capacidad que tenemos las personas para contagiar nuestras emociones a todos aquellos que nos rodean.


Por ejemplo, cuántas veces hemos hablado con una persona llena de alegría, y nos ha hecho sentir en el mismo momento, un poco más alegres, optimistas… o al contrario cuántas veces hemos hablado con una persona que estaba super enfadada y nos hemos contagiado un poco de su malestar…


Según algunos avances en Neurociencia, el contagio emocional o comunicación del estado de ánimo y las emociones de una persona a otra, se encuentra estrechamente ligado al descubrimiento de las neuronas espejo (un tipo de células cerebrales, dispersas, que actúan como redes inalámbricas, rastreando el flujo neuronal, el movimiento y las interacciones entre las personas). Gracias a estas neuronas se explica el hecho de que dos seres humanos, al interactuar, tengan activadas en el cerebro las mismas áreas.


También se ha descubierto la implicación de la amígdala en el contagio emocional, ya que es precisamente ésta, la encargada de interpretar las dimensiones emocionales de lo que se percibe a través de nuestros sentidos (una expresión de rabia o de ira, un tono de voz alegre, etc.) de una forma ajena a nuestra consciencia. De esta forma, gracias a la amígdala, obtenemos ciertos indicios de emociones, creando en nuestro interior el mismo sentimiento.



La teoría del cucharón y el cubo.

“Cada uno de nosotros posee su propio cubo. El cubo se llena o vacía permanentemente en función de lo que otros nos dicen o nos hacen. Cuando nuestro cubo está lleno, nos sentimos bastante bien; cuando está vacío, fatal.

Cada uno de nosotros dispone también de un cucharón. Cuando empleamos nuestro cucharón para llenar los cubos de los demás -siempre que hacemos o decimos algo que potencie sus emociones positivas- también estamos llenando nuestro propio cubo. Cuando utilizamos nuestro cucharón para vaciar los cubos de los demás -siempre que hacemos o decimos algo que merme sus emociones positivas- nos vaciamos nosotros mismos.

Igual que las copas llenas a rebosar, un cubo lleno nos proporciona una perspectiva positiva y energías renovadas. Cada gota del cubo nos fortalece y nos refuerza nuestro optimismo.

Sin embargo, un cubo vacío enturbia nuestra mirada, socava nuestra energía y debilita nuestra voluntad. Por eso, cuando alguien se dedica a vaciar nuestro cubo nos duele.

De esta manera cada día nos encontramos ante una disyuntiva: podemos llenar los cubos de los demás o podemos vaciarlos. Se trata de una elección fundamental, capaz de afectar profundamente nuestras relaciones, nuestra capacidad de trabajo, nuestra salud y nuestra felicidad”.

Fuente: Cómo potenciar tus emociones positivas ¿Está lleno su cubo? de Rath, Tom y Clifton, Donald D.; y me ha cautivado esta sencilla teoría del cucharón y el cubo.

No habéis comprobado el efecto de una simple sonrisa, cuando sonríes a otra persona, casi siempre se recibe una sonrisa…

Todos tenemos a nuestro alrededor gente que al poco de estar con ellos nos transmiten su energía y con quienes sin saber muy bien por qué nos sentimos bien. Sin embargo, también hay gente que, al relacionarnos con ellos y aún sin querer..., nos deprimen, nos entristecen y nos consumen la energía que tenemos. Todo esto nos ocurre porque en nuestra relación con los demás, cada día y en cada ocasión, nos contagian sus emociones. El contagio emocional se produce constantemente en nuestra vida diaria, lo cual incluye todo tipo de emociones; positivas y negativas.

“Según Daniel Goleman no todos somos igualmente vulnerables: Las personas más sensibles se contagian con mayor facilidad, mientras que las menos sensibles pueden sobrevivir al más tóxico de los encuentros sin sufrir grandes daños emocionales.”

Todos podemos ser fuente de contagio de buen ambiente, de optimismo, incluso de afectividad, pero también podemos ser fuente de contagio de mal ambiente, de conflicto, de negatividad, y transmitir impunemente todos estos sentimientos a los que tenemos a nuestro alrededor.

Fuentes: D. Goleman; Inteligencia social, la nueva ciencia de las relaciones humanas, 2006.