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lunes, 4 de abril de 2011

PSICOLOGÍA DE LA VEJEZ (2)


Trastornos de ansiedad
Las reacciones de adaptación a los problemas personales que aparecen en esta edad (duelos, pérdidas, dolores físicos, trastomos del sueño, etc.) los hacen más vulnerables a la patología mental.

Se puede afirmar que la ansiedad es un síntoma común en la población geriátrica, pero un síndrome menos frecuente, por lo que hay menos pacientes que cumplen los criterios estandarizados para los trastornos mentales por ansiedad que entre la población adulta. Dichos síntomas no difieren mucho de los que aparecen en el adulto, excepto por la mayor prevalencia de quejas de tipo físico.

Puede resultar difícil establecer el diagnóstico de los trastornos de ansiedad en el anciano por el añadido de sus síntomas con los cuadros de ansiedad de origen orgánico agregado tanto a enfermedades físicas como a los fármacos utilizados para tratarlas.

Por otro lado, el sesgo que presentan los médicos en la atención de estos pacientes hace que, muchas veces, la depresión y la ansiedad sean consideradas como parte del envejecimiento normal. Lo cual se complica, al ser difícil distinguir los cambios del envejecimiento normal de signos de trastorno mental.

Los trastornos específicos de ansiedad se caracterizan por los siguientes síntomas clave:

Trastorno de ansiedad generalizada. Siendo la prevalencia baja para el trastorno que cumple la totalidad de los criterios diagnósticos (del 1% al 2%), y de cifras mucho mayores para el síndrome ansioso subumbral (que no alcanzan los criterios) (aproximadamente 17%).

Junto al componente emocional, existe un correlato físico que forma parte también del complejo sintomático. Este componente físico se caracteriza por los síntomas ya comunes de tensión motora (temblor, tensión muscular, inquietud psicomotriz, cansancio), hiperactividad autonómica (disnea, palpitaciones, parestesias, sudoración, manos frías, sensación de mareo, escalofríos, micción frecuente, dificultades de deglución) y dificultades de concentración, insomnio e irritabilidad.

Trastorno de pánico (con o sin agorafobia). Siendo su manifestación principal, el desarrollo de crisis de pánico, que llevan a la ansiedad anticipatoria (miedo al miedo), dando como resultado la evitación fóbica. Caracterizado por la presentación de variados síntomas de tipo físico o emocional, durante un espacio relativamente breve de tiempo, aunque en los ancianos puede ser más prolongada que en los adultos. En los ancianos la dificultad respiratoria, la sensación de mareo y el temor a caer son especialmente frecuentes. En relación con las crisis puede aparecer sintomatología agorafóbica, la cual se manifiesta sobre todo por la negación a salir de casa, bajo la excusa del riesgo a caer, ser asaltado o robado...

Con frecuencia los temores agorafóbicos comienzan como consecuencia de algún episodio desencadenante (p. Ej., enfermedad física). En estos casos de trastorno de pánico de inicio en la vejez hay menos síntomas de pánico, menos síntomas evitativos... Se ha observado asociado a: depresión, abuso de alcohol, mayor riesgo de suicidio y una tasa de mortalidad de origen cardiovascular más alta que el promedio.

Fobias. Apenas se diferencian de las del adulto, pueden incluir salir de casa, quedarse sólo en casa, tomar transportes públicos, espacios cerrados, ascensores, animales e insectos y someterse a procedimientos médicos o quirúrgicos…

Las fobias específicas de comienzo precoz es fácil que continúen inalteradas en la edad avanzada. Se asocian con una alta comorbilidad psiquiátrica y clínica.
Las fobias de aparición tardía, suelen estar ligadas a los factores estresantes típicos de la edad avanzada (ya comentados…)

Trastorno de estrés postraumático. El trastorno de estrés postraumático relacionado con un acontecimiento vivido en la edad adulta, puede cronificarse y alcanzar la edad avanzada… También puede desarrollarse a raíz de un acontecimiento vivido ya en la edad senil. En ocasiones una hospitalización de urgencia puede ser el punto de partida del trastorno.

Trastorno obsesivo-compulsivo. Este trastorno suele aparecer antes de los 50 años, generalmente durante la infancia o la primera juventud y cursa de manera crónica hasta el final de la vida. La presentación por primera vez en la edad avanzada es rara, aunque es aún más infrecuente que lo haga en el periodo entre los 45 y los 65 años. En los casos, frecuentes, de evolución a lo largo de muchos años, los pacientes pueden llegar a cierto grado de tolerancia y relativización de los síntomas.

Ansiedad asociada a un cuadro demencial. La agitación es una de las causas principales de consulta ante un paciente con demencia. Esta puede reflejar un cuadro ansioso, una depresión o un problema clínico agudo subyacentes, o ser parte de la evolución del cuadro demencial. La ansiedad puede ser el signo más precoz de una enfermedad de Alzheimer; aumenta a medida que el paciente toma conciencia de sus déficits y mientras conserva cierto insight (comprensión intuitiva de algo).

Depresión ansiosa (o duelo). La depresión ansiosa es la forma de presentación más común de la ansiedad en la vejez: el 95% de los ancianos deprimidos presentan síntomas de ansiedad); la ansiedad, a su vez, puede afectar el curso y pronóstico a corto y largo plazo de la depresión.

En los ancianos son comunes los síntomas de ansiedad o somáticos que enmascaran una depresión. Los más frecuentes son: dificultad de concentración, astenia, molestias gastrointestinales, irritabilidad, trastornos de memoria, nerviosismo, dolores, trastornos del sueño y tensión. El duelo puede ser normal o tratarse de un duelo complicado (no resuelto); si provoca un trastorno funcional importante o persistente deberá tratarse con psicoterapia y/o antidepresivos.

Tratamiento de los trastornos de ansiedad

El manejo terapéutico de los trastornos de ansiedad del anciano no difiere en sus fundamentos del que ha de hacerse en el adulto, aunque se precisan determinadas modificaciones para adaptarlo a las peculiaridades de esta edad. Desde el punto de vista farmacológico, habrán de utilizarse básicamente los mismos grupos que se utilizan en el adulto para similares patologías, siempre que esto sea posible. El tratamiento se centra fundamentalmente en la utilización de benzodiazepinas, antidepresivos y en menor medida, anticonvulsivos y neurolépticos...

Trastornos depresivos

La sintomatología depresiva es muy común en la población anciana. Aunque se considera que la prevalencia del trastorno depresivo mayor no es más elevada en el anciano que en el adulto más joven, las formas menores y sintomáticas de la depresión sí lo son, de manera que conjuntamente la depresión afecta a un número muy elevado de ancianos. Este trastorno se asocia un incremento de enfermedades físicas e incapacidad, a una calidad de vida menor, y a una muerte prematura.

En la etiología de la depresión los factores de riesgo de orden biológico, incluidos los genéticos, tienen tanta importancia como en la edad adulta, especialmente para los casos que comenzaron en esa edad y recidivan (reaparecen).

Los aspectos psicosociales cobran una importancia especial en este periodo. Es usual encontrar que los pacientes deprimidos han experimentado acontecimientos vitales previos a la aparición del episodio, que suelen estar relacionados con pérdidas personales o en su entorno y que favorecen situaciones de aislamiento y soledad. La presencia de factores que provocan un estrés crónico, puede estar detrás del desencadenamiento de trastornos depresivos.

Depresión de inicio tardío. Las características que diferencian a la depresión cuyo inicio se ha producido en la edad tardía, de aquellos que comenzaron en la edad adulta, son una menor incidencia de historia familiar de depresión (es decir, menor carga genética), pero una mayor prevalencia de trastornos cognitivos, de comorbilidad médica y de mortalidad.

 
Depresión no mayor clínicamente significativa. Existe evidencia tanto clínica como epidemiológica de que el número de personas con síntomas depresivos que no cumplen los criterios de depresión mayor excede claramente al que sí los cumple. Se trataría de pacientes con síntomas afectivos de menor intensidad o duración de lo requerido para el diagnóstico de depresión mayor, pero que inciden de manera significativa en su rendimiento personal y relacional. Esta situación clínica podría estar situada dentro de las situaciones siguientes: remisión parcial o pródromos de depresión mayor, trastornos debido a enfermedad somática, depresión menor (diagnóstico que aparece en uno de los apéndices del DSM-IV) trastorno depresivo breve recurrente, distimia, o alguno de los antiguos diagnósticos CIE-9 como personalidad depresiva o depresión neurótica.

Las formas menores de depresión, incluida la distimia, causan un considerable sufrimiento e impacto en la calidad de vida al paciente anciano, que puede ser similar a la depresión mayor.

Depresión secundaria. El proceso de envejecimiento da lugar por sí mismo a una mayor vulnerabilidad para desarrollar enfermedades que frecuentemente presentan un curso crónico e incapacitante. Varias enfermedades médicas han sido descritas como factores etiológicos o favorecedores para la aparición de cuadros depresivos. Hay que señalar que las depresiones son entre 3 y 10 veces más frecuentes en los ancianos con enfermedades médicas relevantes que en el resto de población geriátrica.

Características clínicas

La sintomatología presentada en las depresiones de los ancianos es en general bastante similar a la de pacientes más jóvenes. Se ha intentado determinar los signos diferenciales que serían más típicos de la depresión geriátrica respecto a la del adulto, como por ejemplo los que se exponen a continuación:
- Se ha descrito que los síntomas somáticos se presentarían con mayor frecuencia, lo que puede ser una expresión sintomática particular, o el resultado del aumento de la intensidad o el sentimiento subjetivo de molestias somáticas reales subyacentes (ejemplo, el caso de enfermedades que cursen con dolor.
- Los síntomas hipocondríacos también son frecuentes y están descritos en más de la mitad de los cuadros depresivos en ancianos. Son de relevancia clínica ya que han sido señalados como factores de riesgo para intentos de suicidio.
- Una mayor presencia de fenómenos psicomotores, en forma de agitación o enlentecimiento, de alteraciones cognitivas o de anorexia y pérdida de peso.
- La sintomatología psicótica y la melancólica también se han citado como más frecuentes en los ancianos.
- Los sentimientos de culpa y en especial la ideación suicida y el suicidio sí que pueden claramente vincularse a la depresión geriátrica en mayor medida.

Trastorno bipolar. La prevalencia de los trastornos bipolares es de alrededor del 1% y queda estable a lo largo de la vida. El inicio de manía en la edad avanzada es posible, pero poco frecuente. Se han descrito casos de manía secundaria, en los que el cuadro clínico aparece en clara relación temporal con enfermedades orgánicas como tumores cerebrales, infecciones y medicamentos (por ejemplo, levodopa o corticoides). Cuando el cuadro maníaco aparece por vez primera en personas mayores de 65 años, hay que sospechar en principio, que pueda tratarse de causas orgánicas subyacentes; en caso de no encontrarse, ha de aceptarse el diagnóstico de manía primaria y en principio, el del trastorno bipolar de inicio tardío.

El cuadro clínico puede presentar todas las características clásicas del adulto más joven, como, elevación del estado de ánimo con distraibilidad, disminución del sueño, impulsividad, irritabilidad, hostilidad, conductas e ideación paranoide, grandiosa o de tipo religioso y una mayor frecuencia de abuso de alcohol. El exceso de actividad puede manifestarse mediante un incremento de la realización de tareas cotidianas sean laborales o domésticas, gastos excesivos o desinhibición social o sexual. No es infrecuente que se combine sintomatología maníaca y depresiva en el mismo episodio.

La evolución a largo plazo del trastorno bipolar de inicio en la edad adulta puede ser desfavorable. No es infrecuente que al llegar a la edad avanzada, el enfermo con trastorno bipolar tenga recaídas más frecuentes y menos días de eutimia al año, peor funcionamiento cognitivo así como más riesgo de hospitalización y consumo de recursos sanitarios.

Trastornos psicóticos.
Son trastornos relativamente frecuentes en la población geriátrica. El incremento igualmente en la prevalencia de la demencia (que es la segunda enfermedad generadora de psicosis, tras la esquizofrenia) eleva también de manera sustancial la cifra de pacientes delirantes de edad avanzada. De otro lado, diversas enfermedades médicas y en especial aquellas que afectan al sistema nervioso central, pueden ser generadoras de psicosis secundarias...

Bibliografía:
DSM-IV. Manual diagnóstico y estadístico de los trastorno mentales, Masson  Barcelona, 1995.
Edgerton JE, Campbell RJ. American Pychiatric Glossary, Seventh Edition, American Psychiatric Press Inc, Washington, DC, 1997.
Flint AJ. Management of anxiety in late life. Therapeutic challenges in geriatric psychiatry, Symposium workbook, 15 1 st. APA Meeting, Toronto, Canada, 1998.
Folks DG, Fuller WC. Anxiety disorders and insomnia in geriatrie patients. Psychiatric Clinies NA 1997.
Goeiijian AK, Najarian LM, Pynoos RS et al.. Posttraumatie stress disorder in elderly and younger adults after the 1988 earthquake in Armenia. Am J Psychiatry, 1994.
Herrera Mingorance JJ. Ansiedad en el anciano. VERTEX (1998).
Judd LL. Social phobia: a elinical overview. J Clin Psychiatry 55.
Katon W, Vitiliano P, Anderson K et al. Panic Disorder. Residual symptoms after the acute attacks abate,1987.
Kessler RC, McGonagle DK, Zhao S et al.: Lifetime and 12 month prevalence of DSM-111-R psychiatric disorders in the United States: Results from the National Comorbidity Survey, 1994. Wikipedia, enciclopedia libre... ... ...

domingo, 27 de marzo de 2011

PSICOLOGÍA DE LA VEJEZ (1)


... Podemos decir que la vejez es una más de las etapas del ciclo vital, junto a la infancia, la adolescencia y la edad adulta. Representa la etapa final de la vida, en la cual se producen una serie de cambios físicos, psicológicos y sociales, al igual que en las otras etapas.
No sólo se producen pérdidas, pueden haber funciones o capacidades que mantienen su actividad o que incluso pueden llegar a mejorar.

El envejecimiento es un proceso dinámico, de forma que el ritmo al que envejece cada persona es diferente.

Diferencia entre el envejecimiento normal y el envejecimiento patológico
El envejecimiento normal, implica una serie de cambios progresivos: biológicos, psicológicos y sociales asociados a la edad, que son intrínsecos (propios) e inevitables, y que suceden como consecuencia del paso del tiempo. Debe diferenciarse del envejecimiento patológico, aunque a veces es muy difícil establecer la diferencia entre ambos.
El envejecimiento patológico, se refiere a los cambios que se producen como consecuencia de enfermedades, malos hábitos, etc., que no forman parte del envejecimiento normal (como por ejemplo, cataratas, enfermedad de Alzheimer... etc) y que, en algunos casos pueden prevenirse o son reversibles.
Por otro lado el envejecimiento óptimo o satisfactorio, es el que tendría lugar en las mejores condiciones posibles, tanto físicas, psicológicas como sociales, teniendo en cuenta, obviamente, los múltiples factores que intervienen en el proceso del envejecimiento. Es el envejecimiento deseable por todas las personas ya que implica pocas o ninguna pérdida, además de que incluye una baja probabilidad de presencia de enfermedades.
Lo obtienen aquellas personas mayores que favorecen la promoción de su salud (física y psicológica), fomentando su autonomía, mediante la práctica de ejercicio físico o el entrenamiento de sus capacidades cognitivas, mejorando su autoestima, manteniendo hábitos de vida saludables, etc., de forma que eviten, en la medida de lo posible la dependencia y el aislamiento (por ejemplo, a través del establecimiento de redes sociales)...
Proceso de envejecimiento
El proceso de envejecimiento se caracteriza por los siguientes hechos fundamentales:
- Las transformaciones corporales, tanto anatómicas como funcionales. La vivencia corporal cobra en el anciano una importancia singular.
- Una menor capacidad de adaptación al estrés y a las situaciones nuevas, con una mayor tendencia a la autoprotección y a la evitación.
- Un aumento de la interioridad, o desapego psicológico pasando a ocupar los elementos del exterior un lugar progresivamente menor. Los vínculos con figuras y acontecimientos externos a la persona se hacen menos frecuentes, aunque tienden a ser en consecuencia, más valorados.
- Un empobrecimiento de las relaciones sociales en las que se mueve el anciano, por pérdida de sus pares y el frecuente rechazo del entorno.
Factores de riesgo y acontecimientos estresantes
Podemos destacar los siguientes factores de riesgo y acontecimientos estresantes que inciden especialmente en la edad avanzada:
- Enfermedad del cónyuge, siendo el impacto mucho mayor en personas con un nivel alto de dependencia, indicando que la gravedad de la enfermedad puede ser real o sólo percibida.
- Muertes y duelos. Los ancianos están expuestos a un mayor número de pérdidas de personas significativas y en consecuencia precisan la realización de procesos de duelo. Hay que señalar que cada fallecimiento concreto tiene un valor particular, siendo la pérdida del cónyuge y en mayor grado, las pérdidas no esperables, como puede ser la de los hijos, que suelen provocar un impacto de una gran intensidad. En cuanto a la propia muerte, los ancianos hablan a menudo de ella, lo cuál no se trata de un fenómeno patológico, sino que tiene un sentido adaptativo la mayoría de las veces.
- Jubilación, que puede suponer un factor estresante importante en algunos casos. Sobre todo, afecta a aquellos, para los cuales el trabajo ha sido un eje principal en su vida, por necesidad de reconocimiento y éxito.
- Problemas en la familia. En la edad avanzada, la relación con la familia adquiere especial relevancia.
- Dinero, finanzas, pensiones... Los aspectos económicos tienen mucha trascendencia ya que, en la mayoría de los casos, los ingresos no dependen del esfuerzo personal, sino de decisiones que toman poderes políticos y que no pueden controlar.
- Problemas en la vivienda, obras, ruina y mudanzas. El anciano suele envejecer en su casa y se da un proceso de identificación con ella. También supone gran impacto la costumbre o necesidad de pasar temporadas en casa de diferentes hijos.
- Institucionalización. Es importante que durante el periodo previo al ingreso en la residencia se explique al anciano como será la vida en el nuevo lugar, evitando así fantasías negativas y anticipaciones que producen importantes niveles de ansiedad...

Trastornos mentales en la vejez
Algunas patologías como los trastornos cognitivos, trastornos afectivos (depresión), trastorno por ansiedad, abuso y dependencia de alcohol y trastornos de personalidad se vuelven especialmente significativas en la vejez. Haciéndoles más vulnerables a la patología mental, las reacciones de adaptación a los problemas personales que aparecen en esta edad (como lo anterior comentado, duelos, pérdidas... etc).

Hacemos unas breves consideraciones sobre los tratamientos psicoterapéuticos con ancianos, antes de pasar a comentar, cada uno de los trastornos.
En el curso del tratamiento aparecen de manera característica temas que son propios del envejecimiento, y que no suelen aparecer en otras etapas de la vida. También pueden surgir conflictos no resueltos en etapas anteriores y que pueden ponerse de manifiesto en el curso de la terapia.,,
A continuación indicamos varios temas básicos que existen en la terapia de ancianos:

- Revisión de la vida, basado en la tendencia del anciano a revisar el contenido de su vida intentando buscar un sentido a la misma, asociado a la tendencia la interioridad, como característica del proceso de envejecimiento. En el curso de las psicoterapias la tendencia espontánea a hacer una revisión de la vida suele verse incrementada.

- Disfrute, que surge de la visión negativa de la vejez por parte de la sociedad, la cual la identifica, entre otras cosas, con una carencia de actividades placenteras; visión que puede ser asumida por los propios ancianos, y como consecuencia renunciar a fuentes de satisfacción, que sin embargo, les serían accesibles.

- Afrontamiento de la pérdida de poder, una de las características esenciales que conlleva el envejecimiento desde el punto de vista sociocultural es la pérdida de protagonismo en la vida social y de determinados niveles de poder que previamente se ostentaban.

- Aspectos relativos a la salud física, es frecuente que las personas de edad expresen sus preocupaciones por su salud de manera explícita. En edades avanzadas de la vida es más frecuente padecer patología somática, que en muchos casos puede tener un carácter crónico. La vivencia personal de cada paciente en cuanto a sus problemas físicos puede ser muy variada y no deben hacerse generalizaciones a la hora de abordarlas. En ocasiones, puede ser útil utilizar los problemas físicos como punto de enganche para abordar la conflictiva psicológica con posterioridad.

- Situaciones de duelo y pérdidas afectivas, la edad avanzada conlleva inevitablemente, tener que hacer frente a situaciones de duelo relativamente numerosas y frecuentes. Tanto si estas situaciones han sido desencadenantes de la solicitud de ayuda como si no, son temas que aparecerán con frecuencia en el curso de una psicoterapia en la que se facilite hablar al paciente de sus preocupaciones.

Algunas de las terapias utilizadas en ancianos, entre otras, son:

Terapias cognitivo-conductuales:

- Terapia cognitivo-conductuales: directiva, focalizada en los síntomas, tareas encaminadas a modificar las percepciones y creencias equivocadas y conductas habituales en las que se basan los síntomas...

- Terapia conductual: terapia de alto contenido psicoeducativo dirigida a la reducción de las experiencias negativas y al incremento de las experiencias positivas a través de pautas de conducta...

Terapia interpersonal:

- Terapia interpersonal: focalizada en los conflictos de las relaciones interpersonales y en la modificación de los estilos relacionales patológicos...

Tras estas consideraciones, damos por finalizada esta entrada y continuaremos con una segunda parte deteniéndonos en los trastornos de ansiedad, depresión... etc.

Bibliografía:
FERNÁNDEZ-BALLESTEROS, R. (1996): Psicología del envejecimiento.
FERNÁNDEZ-BALLESTEROS, R., MOYA, R., IÑIGUEZ, J. Y ZAMARRÓN, M.D. (1999): Qué es Psicología de la vejez. Madrid, Biblioteca Nueva.
MROCZEK, D.K. y KOLARZ, C.M. (1998): The effect of age on positive and negative affect. J. Personality and Social Psychology.
NACIONES UNIDAS (2002): Plan Internacional de Acción sobre el Envejecimiento. Nueva York: UN; OMS (2002) :Envejecimiento Activo. Ginebra: Organización Mundial de la Salud.
PERDUE, C.W. & GURTMAN, M.B. (1990): Evidence for the automaticity of ageism. J. of Experimental Social Psychology...
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