domingo, 25 de septiembre de 2011

MIEDOS INFANTILES


Los miedos son frecuentes en la edad infantil, sentir miedo ante el peligro es saludable, cumple la función de evitar que los niñ@s corran riesgos innecesarios. Los miedos infantiles son inevitables y siempre habrá niños más sensibles que otros, pero la mayoría de ellos suele superar sus temores de forma natural.

Un miedo infantil pierde su utilidad y es motivo de preocupación cuando la reacción es excesiva, desproporcionada, o cuando está desadaptado, es decir, cuando la elevada intensidad de la respuesta produce un notable malestar, síntomas desagradables, (náuseas, diarrea, mareos, desmayos o dolores de cabeza) serias preocupaciones y comportamientos alterados.

Hay miedos que son comunes en casi todos los menores y que aparecen y se van en función de la edad, por ejemplo, a la oscuridad, a los animales, a los ruidos fuertes, a los seres imaginarios, a las tormentas, a separarse de sus padres, a la secuela...Pero, también hay otros propios de cada niñ@ y que están relacionadas con sus vivencias particulares y también con la educación que hayan recibido.
Lo que debe preocuparnos es si estos miedos perduran.

Curso evolutivo de los miedos
Primer año (0 - 12 meses): Según algunos autores, los bebés no comienzan a manifestar el sentimiento de miedo antes de los seis meses de vida. Es a partir de esa edad cuando empiezan a experimentar miedos a las alturas, a los extraños y otros. Estos tres tipos de miedo se consideran programados genéticamente y de un alto valor adaptativo. De hecho su presencia denota un cierto grado de madurez en el bebé.
El miedo a los extraños puede persistir como timidez y suele sumarse al miedo de separación. Ambos tipos de miedo se han observado en niños ciegos.
Miedos más comunes durante el primer año de edad:
- Pérdida de apoyo.
- Sonidos fuertes.
- Las alturas.
- Personas / objetos extraños.
- Separación.
- Objetos amenazadores (que aparecen súbitamente).

Inicio de la niñez (1 - 2,5 años): El miedo a la separación de los padres se intensifica hacia los dos años, a la que se le suma el temor hacia los compañeros extraños. Lo habitual es que vayan desapareciendo progresivamente a medida que el niño crece.
Miedos más comunes durante la niñez:
- Separación padres.
- Extraños.
- Tormentas, mar...
- Pequeños animales, insectos...
 
Preescolar (2,5 - 6 años): Se inicia una evolución de los miedos infantiles. Se mantienen los de la etapa anterior (extraños, ruidos, etc.) pero van incrementándose los posibles estímulos potencialmente capaces de generar miedo. Ello va en paralelo al desarrollo cognitivo del niño. Ahora pueden entrar en escena los estímulos imaginarios, los monstruos, la oscuridad, los fantasmas, o algún personaje del cine. La mayoría de los miedos a los animales empiezan a desarrollarse en esta etapa y pueden perdurar hasta la edad adulta.

Niñez media (6, 11 años): El niño alcanza la capacidad de diferenciar las representaciones internas de la realidad objetiva.
Adquieren relevancia los miedos tipo sangre-inyección-daño, y los miedos relacionados con el colegio (rendimiento académico, compañeros, aspectos sociales.
Miedos más comunes durante la niñez media:
- Sucesos sobrenaturales.
- Heridas corporales.
- Daño físico.
- Salud, muerte.
- Escolares.

Preadolescencia (11- 13 años): Se mantienen e incrementan los miedos sociales y escolares. Se inician los miedos sobre temas económicos y políticos. Aparecen los miedos relacionados con el auto concepto (autoestima, imagen personal, etc).
Miedos más comunes durante la preadolescencia:
- Escolares.
- Sociales.
- Económicos.
- Políticos.
- Auto imagen.

Adolescencia (13- 18 años): Continúan los tipos de miedos característicos de la preadolescencia y surgen con mayor fuerza los relacionados con el rendimiento personal, la auto identidad y las relaciones interpersonales (con amigos, personas de sexo opuesto, etc). Decaen los temores relacionados con el peligro, la muerte. La adolescencia es una etapa de “ruptura” con la barrera protectora familiar y la necesidad de búsqueda de la propia identidad. Es posible que el joven sienta la necesidad de probarse ante situaciones de riego potenciales como medio de autoafirmarse ante sus iguales y demostrar que ha dejado atrás ciertas etapas infantiles.
Miedos más comunes durante la adolescencia:
- Sexuales.
- Auto identidad.
- Rendimiento personal.
- Sociales.
- Académicos.
- Políticos.
- Económicos.

¿Cuál puede ser el origen de los miedos...?
Algunos factores que pueden incidir sobre el desarrollo de los miedos evolutivos normales de la infancia son:

- Los patrones familiares. Según algunos estudios, los padres con tendencia a ser miedosos y/o con más trastornos de ansiedad suelen tener hijos con miedos o ansiedad, en mayor proporción que los padres “normales”. Algunas teorías explican esta hipótesis en base a que los hijos buscan y captan la información sobre la reacción emocional de sus cuidadores ante situaciones de incertidumbre. A través del modelado (aprendizaje que efectúa el niño por observación de un modelo) una madre puede alterar o modelar los miedos de sus hijos en función de las emociones que manifieste o que el niño perciba.

- La información negativa (instrucciones verbales). Una información negativa sobre alguna situación o estímulo concreto puede ser una fuente que genere el temor. La capacidad de convicción vendrá condicionado por lo relevante que resulte para el niño la persona que emita la información.
En algunos casos, es correcto levantar temores, por ejemplo por parte de los padres, acerca de determinados riesgos que corren, en especial, los adolescentes. No obstante, también pueden darse informaciones erróneas por parte de personas ajenas a la familia que pueden provocar miedos injustificados.

- Aprendizaje directo, como por ejemplo el miedo a no poder respirar. Sería el caso de niños que han sufrido ataques de asma o se han despertado repentinamente por la noche con la sensación de no poder respirar.

- Otra forma de adquisición es por condicionamiento. Por ejemplo, el caso de un niño que de pequeño sufrió quemaduras importantes al jugar con un petardo que le explotó en las manos. Probablemente la simple visión de los mismos o su estruendo le provoquen miedo y rechazo, tanto más cuanto mayores fueron las consecuencias.

- Otros posibles generadores de miedos serían: experiencias desagradables o traumáticas, como por ejemplo presenciar malos tratos, peleas o situaciones que le impacten emocionalmente, como puede ser el caso de accidentes, muerte de algún ser querido, etc.
Algunos consejos para combatir el miedo infantil
- Vivir la situación del niñ@ con tranquilidad, , sin mostrar (al menos delante de él/ella) preocupación o angustia. Hay que recordar que el modelado, es decir, los comportamientos que el niñ@ observa de los padres son los patrones que interioriza. Padres excesivamente preocupados pueden ser un mal modelo y aumentar la tensión.

- Para vencer al miedo, hay que hacerle frente, sin sobreproteger al niñ@, hay que animarle para que poco a poco y sin forzarle a efectuar aquellas conductas que teme. La solución a los miedos no es evitarlos sino enfrentarnos a ellos. El miedo se siente de forma involuntaria. Nunca hay que reñir, ni castigar, ni ridiculizar al niñ@ porque no se atreve a hacer algo que le asusta (en especial delante de sus compañer@s). Por el contrario, hay que alabarle y felicitarle por cada pequeño acto e valentía que realice.

Tal y como indica Xavier Méndez en su manual "el niño miedoso", y aunque resulte contradictorio, el niño utiliza a veces el miedo para sentir el cariño de sus padres y librarse de algunas tareas domésticas, se gana por partida doble. Los padres adoptan una actitud comprensiva y tolerante, de modo que el niño, por un lado, obtiene más deferencias, mimos o concesiones, y, por otro, menos obligaciones, deberes o responsabilidades”. En general, tanto los padres como su hij@ no son conscientes de esta situación; además añade que “a menudo es complicado deslindar hasta donde llega el sentimiento real y dónde empieza el cuento, el miedo es una emoción, pero también el motivo para escapar de las situaciones temidas”.

Por tanto, lo conveniente sería realizar aproximaciones sucesivas, para ir avanzando paulatinamente, sin dar importancia a los retrocesos y celebrando los pequeños pasos.
Se puede utilizar la técnica de la escenificación emotiva, donde se suceden aproximaciones sucesivas del niñ@ a la situación u objeto temido, acompañadas de instrucciones previas en el que ha de adoptar el papel de ayudante o colaborador de algún héroe de ficción, que él/ella mism@ elija.

- Otra forma de ayudarle es mediante el modelado, donde uno de los padres puede efectuar la conducta temida, para enseñar al niñ@ que no ocurre nada. Indicando que el modelado es más eficaz cuando el modelo es de la misma edad del niñ@.

- También puede ser útil, dependiendo del caso, el uso de alguna técnica de relajación.

- Hay que evitar que vea películas, juegos o actividades que impliquen violencia, miedo o terror, sobre todo cuando el niñ@ aún no presenta una edad adecuada para separar nítidamente la ficción de la realidad. También hay que procurar que las personas de su entorno no lancen mensajes amenazadores (si no comes llamaré a....; si no te portas bien se lo diré a.....).

¿Cuándo es necesario el apoyo psicológico para superar los miedos?
Como ya hemos indicado al principio, los miedos son muy frecuentes durante la infancia, de forma que prácticamente todos los niños refieren al menos un temor importante. Sin embargo, cuando los miedos sean más severos y persistentes, y que alteren el estilo de vida cotidiano del niñ@, de forma que repercuta negativamente en su desarrollo personal, ambiente familiar, rendimiento académico, relaciones sociales, es cuando es necesario el apoyo psicológico, ya que puede llegar a constituir un trastorno fóbico, tal y como indican King, Hamilton y Ollendick (1994), afortunadamente los miedos desproporcionados y desadaptativos son menos habituales, aceptándose que el índice de fobias en la infancia no sobrepasa el 8%...

¿Cuándo es desproporcionado?
Cuando el objeto temido es inocuo y no entraña objetivamente ninguna amenaza. Es absurdo asustarse ante cosas inofensivas, como la oscuridad o los ratones. Otras situaciones pueden acarrear efectos negativos y es razonable experimentar ligero desasosiego, pero la reacción es excesiva, como el buen estudiante que se bloquea en los exámenes o el enfermo que se aterroriza al preparar el practicante la inyección...

¿Cuándo es desadaptativo?
Cuando la elevada intensidad de la respuesta produce notable malestar, serias preocupaciones y síntomas desagradables (náuseas, diarrea, vómitos, desmayos, etc), y como se hemos comentado anteriormente, altera el estilo de vida cotidiano del niño y repercute negativamente en su desarrollo personal, ambiente familiar, rendimiento académico o relaciones sociales...

Bibliografía:
Bonifacio Sandín: Ansiedad, miedos y fobias en niños y adolescentes. Ed. Dykinson.
Francisco Xavier Méndez: El niño miedoso. Ed. Pirámide.

Cuentos que tratan los temores infantiles (teniendo en cuenta que es muy importante que antes de leer un cuento de este estilo a un niñ@, nos aseguremos de que verdaderamente tiene ese determinado miedo, sino podemos inculcarle un miedo que antes era desconocido para él):
- “Edu, el pequeño lobo”. Grégoire Solotareff. Ed. Corimbo. Barcelona.
- “Una pesadilla en mi armario”. Mercer Mayer. Ed. Kalandraka.
- “Un monstruo debajo de mi cama”. Angélica Glitz- Imke Sönnichsen. Ed. Timun Mas.
- “Monstruos en la noche”. Pablo Muttini. Ed. Nicanitasantiago.
-“Monstruos queridos”. Sergi Cámara- Victor Escandell. Ed. Parenting. Tris Tras.
- “Misterio en la profundidad de mi cama”. Alejandra Gil- Carlos Magnasco. Ed. Nicanitasantiago.
- “Cuéntame algo alegre antes de ir a dormir”. Joyce Dunbar- Debi Gliori. Ed. Timus Mas.
- “Debajo de la cama”. Paul Bright- Ben Cart. Ed. Beascoa.
- “El miedo de Javier”. Joles Jennell- Montse Tobella. Ed. Lagalera Peripecias.
- “Nana Bunilda come pesadillas”. Merce Company- Agustín Asensio. Ed. SM.
- Huakalá a los miedos. Sérgio L. Suárez. Ed. Alfaguara infantil.