miércoles, 22 de junio de 2011

SATÉLITES DE JÚPITER ( ÍO )


Orbitando el planeta Júpiter hay 63 satélites conocidos, de los que destacan los cuatro denominados galineanos (Ío, Europa, Ganímedes, y Calisto).

Los primeros satélites de Júpiter descubiertos, son los galineanos que deben esta denominación en honor a su descubridor, Galileo Galilei en 1610.

ÍO
Es el satélite galineano más cercano a Júpiter. Recibe su nombre de Ío, una de las muchas doncellas con las que Zeus se encaprichó en la mitología griega.
Fué descubierto por Galileo en 1610 e inicialmente se denominó Júpiter I.

Con más de 400 volcanes activos, es el objeto más activo geológicamente del sistema solar.

Esta actividad se debe al calentamiento por marea, que es la respuesta a la disipación de enormes cantidades de energía procedentes de la fricción provocada en el interior del satélite.

Varios volcanes producen nubes de azufre que se elevan hasta 500 km.

Su superficie también posee más de 100 montañas que han sido levantadas por la extrema comprensión en la base de la corteza de silicato del satélite.
Algunas de estas montañas son más altas que el Monte Everest.

Ío está compuesto principalmente por roca de silicato rodeando un núcleo de hierro derretido.

Este satélite cumplió un papel importante en el desarrollo de la astronomía durante los siglos XVII y XVIII, ayudando a la adopción del modelo de Copérnico del sistema solar y las Leyes de Képler del movimiento planetario.

La primera medición de la velocidad de la luz fue realizada por Ole Remer midiendo el período de rotación de Ío.

CARACTERÍSTICAS FÍSICAS DE ÍO
Datos recientes provinientes de la misión Galileo indican que puede tener un núcleo de hierro con un radio de unos 900 km.

Tiene una actividad volcánica tan intensa que ha borrado por completo las señales de cráteres de impactos pasados en su superficie.

Además de los volcanes, la superficie cuenta con la presencia de montañas no volcánicas, lagos de azufre fundido, calderas volcánicas de varios kilómetros de largo, compuestos por material fluído muy poco vistoso.

El azufre y sus compuestos adquieren una gran variedad de colores, responsables de la apariencia superficial del satélite.

Algunas de las regiones más calientes del satélite, cubiertas por flujos de lava alcanzan temperaturas de hasta 2.000K.

Ío, podría tener una fina atmósfera compuesta de dióxido de azufre y algunos otros gases.

A diferencia de los demás satélites galineanos, carece casi por completo de agua. Esto es, probablemente, debido a que en la formación de los satélites galineanos, Júpiter estaba tan caliente que no permitió condensar los elementos más volátiles en la región cercana al planeta. Sin embargo, estos volátiles sí pudieron condensarse más lejos dando lugar a los demás satélites, que muestran una importante presencia de hielo.

En cuanto al interior del satélite, tiene una densidad de hierro de 5 y de 3 de silicato, de forma que su interior debe estar hecho de material rocoso y azufre.

En las profundidades de Ío se encuentra probablemente un núcleo compuesto de elementos metálicos más pesados tales como el hierro. Dicho núcleo es el que da lugar a la magnetosfera del satélite.

VULCANISMO EN ÍO
Es el cuerpo del sistema solar con mayor actividad volcánica. Sus volcanes, expulsan dióxido de azufre.

La energía necesaria para mantener esta actividad volcánica proviene de la disipación del calor generado por los efectos de marea producidos por Júpiter, y otros satélites como Europa o Ganímedes, dado que los tres satélites se encuentran en un caso particular de resonancia orbital denominada resonancia de Laplace.

Las mareas de roca sólida de Ío son ocho veces más altas que las provocadas en los océanos terrestres por interacción gravitacional con la Luna.

Algunas de las erupciones de Ío emiten a más de 300 km de altura. La baja gravedad del satélite permite que parte de este material sea permanentemente expulsado de la superficie, distribuyéndose en un anillo de material que cubre su órbita.

Posteriormente, parte de este material puede ser ionizado resultando atrapado por el intenso campo magnético de Júpiter.

Las partículas ionizadas del anillo orbital de Ío son arrastradas por las líneas de campo magnético hasta la atmósfera superior de Júpiter, donde se puede apreciar su impacto con la atmósfera en longitudes de onda ultravioleta, tomando parte de la formación de auroras jovianas.

La posición de Ío con respecto a la Tierra y Júpiter tiene también una fuerte influencia en las emisiones de radio jovianas, que son mucho más intensas cuando Ío es visible.

Finalizamos aquí esta entrada y os dejamos con un vídeo que nos muestra imágenes de Júpiter y sus satélites.


Bibliografía:
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