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domingo, 21 de agosto de 2011

EL DUELO EN LA INFANCIA (2)


Formas de presentación del duelo normal
Sentimientos normales durante el duelo, solo el grado de intensidad elevado y la prolongación en el tiempo los hacen disfuncionales:
– La tristeza.
– El enfado (inmediatamente tras la pérdida); frustración ante el hecho de “no haber podido hacer nada” y una cierta experiencia regresiva de rabia por el sentimiento de desamparo cuando se quiere a alguien y se le pierde.
– La culpa y el autorreproche;“no haber hecho todo lo posible” para evitar esa pérdida.
– La ansiedad; creencia de no poder cuidar de sí mismos y sensación de incrementar la conciencia de muerte personal.
– La soledad.
– La fatiga.
– La impotencia.
– Estados de shock, siendo más frecuentes ante las pérdidas repentinas, accidentales, atentados, catástrofes naturales...
– La emancipación; positivo cuando la pérdida representa una liberación (personas autoritarias y rígidas, exigentes).
– El alivio; por ejemplo, en el caso de afecciones graves y de larga evolución, suele acompañarse de fuertes sentimientos de culpa.
– La insensibilidad.

Sensaciones físicas; ante cualquier somatización de la infancia y la adolescencia hay que explorar la posible existencia de un duelo en, al menos, los 6 meses precedentes. Quejas frecuentes son:
- Alteración del sueño (por ejemplo, pesadillas con la persona desaparecida, insomnio de conciliación)
- Trastornos esfinterianos, como conducta regresiva somatizada, sensación de “vacío” gástrico.
- Opresión en el pecho con sensación de ahogo.
- Sensación de falta de aire.
- Debilidad muscular y astenia, cansancio fácil.
- Sensación y vivencia de falta de energía.
- Sequedad de boca.
- Abdominalgias, náuseas y vómitos, acompañados con otros síntomas vegetativos.
- Sensación vertiginosa.

Alteraciones cognitivas:
- Incredulidad (accidental, catástrofe, atentado).
- Confusión, dificultad para concentrarse en los estudios, olvido de cosas.
- Preocupaciones excesivas.
- Sentimiento de presencia, en los momentos posteriores a la muerte.
- Alucinaciones, tanto visuales como auditivas, que suelen ser experiencias ilusorias pasajeras en las semanas posteriores a la desaparición del ser querido. No son pronósticas, pero no es raro que desconcierten a los familiares y a algun@s profesionales.

Comportamientos, con una amplia variedad e intensidad en su manifestación; en muchas ocasiones, los niñ@s exhiben este tipo de conductas como respuesta a los que muestra la figura parental presente. El tiempo de permanencia y la intensidad de los comportamientos desviados nos darán el pronóstico de estas alteraciones.
- Trastornos del sueño.
- Trastornos alimentarios.
- Facilidad para la distracción y falta de atención.
- Aislamiento social, incluyendo la pérdida de interés por el mundo externo (por ejemplo, aficiones, deportes...)
- Sueños con la persona desaparecida.
- Evitar actos o sitios que pudieran recordar a la persona desaparecida.
- Buscar y llamar en voz alta a la persona desaparecida.
- Hiperactividad con desasosiego.
- Llanto.
- Visitar lugares o llevar consigo objetos que recuerdan al desaparecido. La figura parental presente induce esos comportamientos en los niñ@s y los acompaña de comentarios de altísimo contenido disfuncional.
- Atesorar objetos del desaparecido, sobre todo se hace con la ropa o con utensilios de uso cotidiano.

Duelo y depresión
La depresión es diferente al duelo tanto en la forma de presentación de la tristeza como de la culpa, la autoestima y de la dirección de la agresividad. Según Sidmung Freud, en el duelo el mundo parece pobre y vacío, mientras en la depresión es la propia persona la que se siente pobre y vacía.
Las investigaciones aportan datos acerca que cuándo aparece una depresión mayor en el curso de un duelo:
- En personas con algún trastorno o funcionamiento premórbido de la personalidad o con cursos subclínicos de alteraciones depresivas y, sobre todo, existen antecedentes familiares de algún tipo de trastorno mental.


La forma de presentación del duelo es propia de cada niñ@. Para entender el duelo en la infancia hay que identificar la forma de expresión del duelo en la figura parental presente. Las somatizaciones en la infancia deben hacer presagiar la presencia de un duelo en los últimos 6-12 meses.
Elaboración en el duelo infantil. Cómo ayudar a un niñ@ a afrontar la muerte de un ser querido
- Ayudar a identificar sentimientos del duelo, en relación con lo que sucede en la familia.
- Ayudar a la elaboración del duelo en la figura parental presente.
- Objetivo: dirigirse hacia los que están presentes.
- El duelo lleva su tiempo.
- Resituar al ausente… en el recuerdo… en el corazón… pero no con presencia activa.
- Identificar e interpretar las conductas “normales” del duelo.
- Permitir las diferencias individuales.
- Saber acompañar a lo largo del tiempo que dure el duelo.
- Identificar factores de riesgo para remitir a psiquiatría infantil.

Cómo y cuándo dar la noticia
Lo mejor es hacerlo lo antes posible, aunque resulta doloroso y difícil hablar de ello con el niñ@; es necesario buscar el momento y lugar adecuado y explicarles con palabras sencillas y sinceras, (por ejemplo: "Ha ocurrido algo muy triste. Papá ha muerto. Ya no estará más con nosotros porque ha dejado de vivir. Le queríamos mucho y sabemos que él también nos quería. Lo vamos a echar mucho de menos, muchísimo").

Explicar cómo ocurrió la muerte, lo haremos con pocas palabras. Por ejemplo: "Ya sabes que ha estado MUY enfermo durante mucho tiempo. La enfermedad que tenía le ha causado la muerte". El niño puede tener miedo de morir ante cualquier enfermedad banal, por lo que es importante recalcarles que las personas sólo se mueren cuando están MUY enfermas, y tienen una enfermedad que muy poca gente coge.

Si la muerte fue por un suicidio, de nada sirve ocultarlo, ya que se enterarán igualmente por alguien ajeno a la familia, siendo preferible explicarle al niñ@ qué es el suicidio y responder a sus preguntas.

¿Qué decir a un niñ@ si nos pregunta por qué ha muerto?
No pasa nada por decirles que nosotros también nos hacemos las mismas preguntas, o que simplemente no sabemos la respuesta. Son preguntas complejas de responder. Es bueno se sepan que todos los seres tienen que morir algún día y que le ocurre a todo el mundo. Los niños en su fantasía pueden creer que algo que pensaron, dijeron o hicieron causó la muerte. Por ejemplo, si un niño dice: "me hubiera gustado ser más bueno con mamá, así ella no habría muerto", debemos decirle con calma pero con firmeza que no ha sido culpa suya.

¿Qué se debe hacer?
Mantenerse física y emocionalmente cerca del niñ@. Permitirle estar cerca, sentarse a su lado, sostenerlo en brazos, abrazarlo, escucharle, llorar con él…
Puede ser adecuado también buscar momentos para estar separados: dejarle sólo en su habitación, dejarle salir a jugar con un amigo…

El niñ@ presiente enseguida que la muerte va a tener muchas consecuencias en la familia. Es bueno decirle que, aunque estamos muy tristes por lo ocurrido, vamos a seguir ocupándonos de él lo mejor posible.

También puede temer ser abandonado por el familiar sobreviviente. Asegurarle que, aunque está muy afectado por la pérdida, se encuentra bien y no le va a pasar lo mismo. Con frecuencia, lo que más ayuda a los niños frente a las pérdidas, es reencontrar el ritmo cotidiano de sus actividades: el colegio, sus amigos, sus juegos familiares, las personas que quiere. También es importante garantizarle el máximo de estabilidad posible (S. Weis).

¿Se debe permitir que participe en los ritos funerarios?
Después de los 6 años los niños pueden asistir a funerales y no debe preocupar a los padres que vean gente llorando... Tomar parte en estos actos puede ayudarle a comprender qué es la muerte y a iniciar mejor el proceso de duelo. Si es posible, es aconsejable explicarle con antelación qué verá, qué escuchará y el porqué de estos ritos.
Si los padres intentan distraerlo de cualquier forma producirán el efecto de que la tragedia no ha ocurrido. A no ser que el niño no quiera ir de ninguna manera al funeral, en cuyo caso no hay que forzarlo. De todas formas, no se debe negar la posibilidad de participar en épocas de tristeza porque se le están negando también los efectos curativos del dolor.

Animarle a expresar lo que siente
Los niñ@s viven emociones intensas tras la pérdida de una persona querida, aunque no siempre lo expresen. Si perciben que estos sentimientos (rabia, miedo, tristeza…) son aceptados por su familia, los expresarán más fácilmente, y esto les ayudará a vivir de manera más adecuada la separación.

Frases como: "no llores", "no estés triste", "tienes que ser valiente", "tienes que ser razonable y portarte como un niñ@ mayor", pueden interrumpir la libre expresión de emociones e impiden que el niño se desahogue. Hay que tener en cuenta que su manera de expresar el sufrimiento por la pérdida, no suele ser un estado de tristeza y abatimiento como el de los adultos. Lo más habitual es apreciar cambios en el carácter y en el humor, disminución del rendimiento escolar, alteraciones en la alimentación y el sueño…

Por tanto, debemos estar atentos ante la aparición de algunos signos de alerta como:
- Llorar en exceso durante periodos prolongados
- Rabietas frecuentes y prolongadas
- Apatía e insensibilidad
- Un periodo prolongado durante el cual el niño pierde interés por los amigos y por las actividades que solían gustarle.
- Frecuentes pesadillas y problemas de sueño.
- Pérdida de apetito y de peso.
- Miedo de quedarse solo.
- Comportamiento infantil (hacerse pis, hablar como un bebé, pedir comida a menudo…) durante tiempo prolongado. Frecuentes dolores de cabeza solos o acompañados de otras dolencias físicas.
- Imitación excesiva de la persona fallecida, expresiones repetidas del deseo de reencontrarse con el fallecido.
- Cambios importantes en el rendimiento escolar o negativo de ir al colegio. 

Bibliografía:
Blog Psikorey & Galán: 15-marzo-2010 "EL DUELO (1)".
Blog Psikorey & Galán: 15-marzo-2010 "EL DUELO (2)".
Bowlby John (1993) El vínculo afectivo. Barcelona. Ed. Paidós.
Bowlby John (1986) Formación y pérdida de vínculos afectivos. Madrid. Ed. Morata.
Bowlby John (1983) La pérdida afectiva. Buenos Aires. Ed. Paidós.

 

sábado, 13 de agosto de 2011

EL DUELO EN LA INFANCIA (1)


El duelo se entiende como un estado de pensamiento, sentimiento y actividad, asociado a síntomas físicos y emocionales; que puede tener lugar tras cualquier clase de pérdida, aunque suele ser más intenso tras el fallecimiento de algún ser querido.

En el duelo en la infancia el sistema de pensamiento y el proceso de tales cogniciones no se llevan a cabo de la misma forma que en el adulto, y es por ello, que los adultos debemos acompañar y ayudar al niño a comprender esta pérdida de una manera que no signifique un hecho traumático que dure toda su vida.  

El proceso de duelo es lo que le permite al niñ@ un reajuste emocional, social, físico y psicológico de poder continuar su vida sin este vínculo afectivo.

Fases del duelo
Fase 1ª: Periodo de insensibilidad, en momentos cercanos a la pérdida.
Fase 2ª: Anhelo: se anhela que la persona perdida retorne y se tiende a  negar la permanencia de esa pérdida, es la fase en que la rabia domina la escena relacional y emocional.
Fase 3ª: Desorganización y desesperanza, la persona siente una gran dificultad para funcionar en su medio.
Fase 4ª: Conducta reorganizada, se empieza a recuperar el sentido de su vida.

La percepción de la muerte en la infancia
1ª fase: Una ausencia: Desde los 2-3 años los niñ@s observan que hay personas en sus círculos familiares que “se marchan”, que “ya no están”, lo dan escaso valor aún y piensan que puede existir un retorno, aunque fuera lejano.
2ª fase: Ausencia sin retorno: Equivale a un “viaje sin retorno”.
3ª fase: Ansiedad y desorientación o la época de querer saber más: Aparece hacia los 7-9 años y se expresa como preguntas inagotables hacia el sentido de la muerte, cuándo se van a morir las figuras parentales, quién se morirá primero, si ell@s se van a morir y cuándo, donde se va después de la muerte, qué pasa después de morirse.
4ª fase: Percepción realista de la muerte: A partir de esos 9-11 años los niñ@s son capaces de percibir un concepto y sentido de la muerte realmente cercano al de los mayores. Saben de lo irrecuperable de la muerte, la desaparición es “para siempre” y el destino resulta ser “indeterminado”, además lo unen a un acontecimiento que ocurrirá en un tiempo lejano para ellos porque la gente que muere es “vieja”.

Reacciones emotivas de los niñ@s ante la muerte de una persona querida
Tales reacciones son similares a las del adulto, aunque se expresan de otra forma. Las más comunes son:
- Tristeza por lo que ha pasado.
- Rabia por haber sido abandonado.
- Miedo a que le dejen solo.
- Temor a que también pueda morir el progenitor superviviente.
- Sentimiento de culpa por haber provocado la muerte.

Otras reacciones pueden ser:
- Ira como reacción normal y esperada, si la persona que ha fallecido era esencial para la estabilidad del mundo del niño. La cual se puede manifestar en juegos violentos, pesadillas, irritabilidad, etc...

- Ansiedad de separación, la cuál se manifiesta por un gran temor a sufrir otra pérdida, lo que le hará especialmente sensible a toda separación de la figura que cumple con las funciones de maternidad, haciendo que busque consuelo en algún juguete viejo o manta. Algunos niños experimentan una regresión a etapas anteriores de desarrollo, lo que hace que actúen de manera más infantil, exigiendo comida, atención, cariño e incluso hablan como un bebé.

- Miedos por la supervivencia propia, desesperanza, problemas de control propio, pérdida de autoestima, pesimismo y sentimiento de inutilidad.

Haciendo referencia por edades:

Antes de los 3 años no hay ninguna idea sobre la muerte, ésta se asocia al abandono, al temor de quedarse sólo. La palabra “muerte” no les dice nada puesto que a esta edad todavía están pendientes de cómo nacen y se desarrollan los humanos. Suele vivir la desaparición de un adulto como “castigo” por algo que cree que él hizo. Por lo que conviene dejarles claro que ellos no tienen culpa de nada. Otro concepto que manejan es la muerte como inmovilidad y también creen que los adultos son omnipotentes. El hecho de un fallecimiento les lleva a preguntarse por qué “no pueden” superarlo y consecuentemente la confianza incondicional en los padres se ve quebrantada.

De los 4 a los 5 años su concepto es aún bastante limitado. Entre los 3 y los 5 años, los niñ@s suelen considerar a la muerte como algo reversible y temporal. Es una etapa de vivo interés hacia la muerte y todavía no la entienden como un suceso irreparable y definitivo. Como el niñ@ de 4 o 5 años atribuye vida a todas las cosas que existen creen que los muertos acabarán por vivir. Relacionan la muerte con la vejez y enfermedad, así como con la guerra y sucesos violentos.

La experiencia de la muerte a esta edad les ocasionará miedos enormes: como dormir solo... En esta edad, no comprenden la muerte como despedida definitiva. Aún no ha podido asimilar los tres criterios delimitadores:
1. La muerte afecta a todos los humanos.
2. La muerte es inevitable.
3. La muerte es definitiva.


Algunas respuestas que pueden manifestar a esta edad:

Perplejidad; parecen totalmente confusos sobre lo que ha ocurrido o se niegan a creerlo. Es posible que pregunten reiterativamente: "Dónde está .....?". Desean saber cuándo va a volver la persona fallecida, o la buscan activamente.

Regresión; se pegan al padre superviviente, se quejan, se hacen pipí en la cama, piden un biberón, se chupan el dedo...

Ambivalencia; a algunos niñ@s parece no afectarles en absoluto la muerte. Responden ante la noticia con preguntas o afirmaciones inadecuadas. Aunque sea una reacción desconcertante, es bastante común. Significa que no ha aceptado o afrontado la muerte, pero comprende lo que ha sucedido. Lo más habitual, es que el niñ@ elabore el duelo alternando fases de preguntas y expresión emocional, con intervalos en que no menciona para nada el asunto. Expresan su dolor a través de los juegos; pueden jugar con sus amigos a morirse, al entierro… estos comportamientos son absolutamente normales y tienen que ser respetados como necesarios para que el niñ@ realice de forma adecuada el duelo.

Toman a sus padres como modelo.

Miedo a morir u a otra pérdida; los niños más pequeños creen que la muerte es contagiosa y pueden pensar que pronto le llegará su turno. Explicarles que no tienen nada que temer. Les preocupa que el padre o la madre superviviente también les abandone. Se preguntan qué les ocurriría y cómo sobrevivirían.


De los 6 años en adelante, los niñ@s captan la muerte como un acontecimiento definitivo que les sucede a los demás, pero no a ellos. Hasta los 10 años, no creen que pueda pasarles a ellos. Para las personas que tienen fe y educan en ella a sus hij@s, es más fácil la cuestión ya que al pensar que existe la vida eterna, esta separación se transforma en esperanza de reunirse con el familiar amado en presencia de Dios. Si la familia no es creyente (desde el punto de vista cristiano) se puede decir a los hij@s que no sabemos lo que ocurre después de la muerte pero lo importante es vivir una vida digna.

Algunas respuestas que pueden presentar:

La negación; una respuesta muy común es negar que la muerte haya ocurrido. En su negación pueden mostrarse muy agresivos o más contentos y juguetones que de costumbre, como si la pérdida nos les hubiera afectado. Los adultos pueden malinterpretar esta conducta y reaccionar con cólera o simplemente ignorar a los niñ@s. Pero en realidad esta negación indica que los niñ@s sienten un dolor tan profundo que intentan levantar un muro para que la muerte no les afecte. Estos niñ@s necesitan oportunidades para llorar la pérdida y es posible que también necesiten permiso para hacerlo.


La idealización; insistir en que "mamá era la persona más lista o perfecta del mundo", por ejemplo, les permite mantener una relación imaginaria con la persona fallecida.

La culpabilidad; es una respuesta normal, sobretodo si no pueden expresar la tristeza que sienten. Comentarios en vida como "vas a matarme", pueden hacer creer al niñ@ que su mala conducta ha contribuido a la muerte. Si además la niegan y fingen ser valientes como parte de la negación, los adultos pueden aumentar el sentimiento de culpa al corregirlo o enfadarse con él al parecer que la muerte no le importe.

El miedo y la vulnerabilidad; es normal que los niñ@s de estas edades se sientan asustados y vulnerables. Intentan ocultar sus sentimientos, sobretodo a los niñ@s de su edad, porque no quieren que sus amigos les consideren diferentes...



Algunos mitos para entender y confrontar nuestras experiencias relacionadas con la muerte y el sufrimiento


“Los niñ@s pequeñ@s, no son capaces de sufrir o experimentar el duelo”.
Al contrario, los niñ@s experimentan estas emociones intensamente. Sin embargo, la expresión no verbal de estas emociones no es reconocida por los adultos.


“El sufrimiento y el duelo infantil son de corta duración”.
En realidad, este dolor nunca termina, mientras los niñ@s crecen y se desarrollan, van descubriendo e incorporando nuevos factores relacionados con la pérdida.


“El trauma causado por la muerte de un ser querido siempre ocasiona trastornos emocionales a largo plazo”.
El sufrimiento es una respuesta normal a la muerte de un ser querido. La mayoría de los niñ@s que reciben apoyo y sienten que sus sentimientos y sus experiencias son validadas, tienden a desarrollarse normalmente.


“Para ayudar a los niñ@s que han perdido a un ser querido, se debe de tener como objetivo “terminar” con su sufrimiento y duelo”.
Lo dicho anteriormente, el duelo y el dolor nunca terminan, son procesos y como tales reaparecen a lo largo de toda la vida. El cariño y la compresión ayudan a procesar esta experiencia.

Damos por finalizada esta entrada, para continuar con este interesante tema en una segunda parte.


Fuentes:
Blog Psikorey & Galán, 15-marzo-2010 "EL DUELO (1)".
Blog Psikorey & Galán, 16-marzo-2010 "EL DUELO (2)".
Bowlby John (1993) El vínculo afectivo. Barcelona. Ed. Paidós.
Bowlby John (1986) Formación y pérdida de vínculos afectivos. Madrid. Ed. Morata.
Bowlby John (1983) La pérdida afectiva. Buenos Aires. Ed. Paidós.
Wikipedia, enciclopedia libre... ...

 

martes, 16 de marzo de 2010

EL DUELO (2)



CUATROS PASOS DEL DUELO.

Aceptar la pérdida
Aunque sea la cosa más difícil que has hecho en toda tu vida, debes llegar a aceptar esta dura realidad: tu ser querido ha muerto y no va a regresar. Aceptar con la cabeza es fácil, sabes que ha muerto. Lo difícil es aceptar con el corazón. Es pues muy normal un tiempo (pueden ser meses) en el que te niegues o te rebeles contra la dura realidad. Date tiempo.

Hablar de tu pérdida, contar las circunstancias de la muerte, visitar el cementerio o el lugar donde se esparcieron los restos…Todo esto te puede ayudar poco a poco, y con mucho dolor, a ir aceptando el hecho de la muerte. Sabrás que has podido dar este paso, cuando pierdas toda esperanza de recuperar a tu familiar o amigo, será el momento de la verdadera despedida.

Aceptar la pérdida puede resultar especialmente difícil si la muerte fue inesperada o violenta, si estabas lejos cuando ocurrió y no pudiste participar en los ritos funerarios, si no se recuperó el cadáver, si se trata de la muerte de un niño...
Sentir el dolor
Necesitas también sentir el dolor y todas las emociones que le acompañan: tristeza, rabia, miedo, impotencia, desesperación, culpa…

Habrá personas que te dirán: “Tienes que ser fuerte”. No les hagas caso. No escondas tu dolor. Comparte lo que te está pasando con tu familia, amigos de confianza…No te guardes todo para ti mismo por miedo a cansar o molestar. Busca aquellas personas con las cuales puedes expresarte tal y como estás.

Si no quieres compartir o mostrar tus emociones a otros, no tienes porque hacerlo, pero debes buscar otras manera de dar salida y vivir tus emociones en privado.
Aprender a vivir sin esa persona
Recuerda que hay tiempo para todo, para sentir y vivir el duelo, pero también para hacer, para ocuparte de las muchas actividades de la vida cotidiana. Aunque sientas que el mundo se ha parado para ti, también es cierto que la vida sigue con sus muchas y quizás nuevas exigencias. Una actitud adecuada sería aquella que busca un cierto equilibrio entre el sentir y el hacer.

Así, hacer el duelo significa también aprender a vivir sólo/a, aprender a tomar decisiones por ti mismo/a, aprender a desempeñar tareas que antes hacía el fallecido, aprender nuevas formas de relación con la familia y amigos, aprender un nuevo sentido del mundo y de uno mismo...
Recuperar el interés por la vida y por los vivos
Llega un momento en que sabes que es necesario soltar el dolor y el pasado. La vida te espera llena de nuevas posibilidades.

No hay nada malo en querer disfrutar, en querer ser feliz, en querer establecer nuevas relaciones… En el caso de la muerte de la pareja, no hay motivo para avergonzarse si aparece de nuevo el deseo sexual. En realidad, el corazón herido cicatriza abriéndose a los demás.

Finalizar el duelo no es olvidar... Para cada persona puede significar cosas distintas:

· Puede significar llegar a perdonarle y perdonarte por todo lo que quizás no fue la relación, por todo lo negativo, por el daño causado...

· Pensar en él o ella sin sentir ya ese latigazo de dolor y recordarle con ternura y agradecimiento por lo vivido juntos.

· Es poder dar un sentido a todo lo que has vivido en estos meses o años.

· Es entender con el corazón en la mano que el AMOR no se acaba con la muerte.

COMO AYUDAR A ALGUIEN QUE HA PERDIDO UN SER QUERIDO.

Si quieres acompañar a un familiar o amigo que ha perdido un ser querido, y no sabes cómo hacerlo, te propongo una serie de indicaciones sobre la mejor manera de ayudarle.

Evitar las frases hechas.

La incomodidad nos mueve a recurrir a expresiones que no ayudan para nada: “Tienes que olvidar”, "Mejor así, dejó de sufrir”, "El tiempo todo lo cura", “Manténte fuerte por los niños”, "Es la voluntad de Dios", "Es ley de vida"…

Lo que más suelen necesitar al principio es hablar y llorar. No decirle que tiene que sobreponerse, ya lo hará a su tiempo.

Si no sabes que decir, no digas nada. Escucha, estate presente, sin pensar que tienes que dar consejos constantemente o estar levantando el ánimo.

Si no sabes que hacer, colaborar en algunas tareas cotidianas (hacer la compra, ir a buscar a los niños...) o encargarte del papeleo, puede ser una buena manera de ayudarlo/a.

Tener en cuenta las actitudes que no ayudan.

No le digas que le comprendes si no has pasado por una situación similar.

No intentes buscar una justificación a lo que ha ocurrido.

No te empeñes en animarle/a o tranquilizarle/a. Posiblemente lo que necesita sólo es que le escuches.

No le quites importancia a lo que ha sucedido hablándole de lo que todavía le queda.

No intentes hacerle ver las ventajas de una nueva etapa en su vida. No es el momento.

Dejar que se desahogue.

Sentir y expresar el dolor, la tristeza, la rabia, el miedo…por la muerte de un ser querido, suele ayudar a elaborar el duelo.

Estás equivocado/a si piensas que verle o dejarle llorar y emocionarse no sirve más que para añadir más dolor al dolor.

Estas equivocado/a si crees que ayudar a alguien que sufre es distraerle de su dolor. Mediante la vivencia y expresión de los sentimientos, la persona en duelo suele sentirse aliviada y liberada.

No temas nombrar y hablar de la persona fallecida por miedo a que se emocione. Si llora, no tienes que decir o hacer nada especial, lo que más necesita en esos momentos es tu presencia, tu cercanía, tu compañía y tu afecto.

No temas tu mismo llorar o emocionarte. No hay nada malo en mostrar tu pena, en mostrar que a ti también te afecta lo que ha pasado, en mostrar que te duele ver a tu amigo/a o familiar en esa situación.

Permitir que hable del ser querido que ha muerto

Permitir que hable todo el tiempo y todas las veces que lo necesite.

Comparte con tu familiar o amigo/a recuerdos de la persona fallecida (ver fotos, contar anécdotas...)

Recordar a la persona amada es un consuelo para los supervivientes. Repetir y evocar los recuerdos es parte del camino que tienen que recorrer.

Hay personas que viven un duelo privado y no les gusta exteriorizar sus emociones. Respetaremos también su necesidad de no hablar.

Mantener el contacto.

El contacto puede mantenerse de muchas maneras. Puedes hacerle una visita, quedar para tomar un café o dar un paseo, enviar una carta o un email. Con una llamada telefónica, por ejemplo, puedes romper su soledad y recordarle que no está solo/a, que alguien está pensando en él o ella.

Las fiestas y aniversarios son momentos particularmente dolorosos en los que podemos hacer un esfuerzo especial para estar cerca de la persona en duelo.


lunes, 15 de marzo de 2010

EL DUELO



El duelo es la reacción adaptativa natural, normal y esperable ante la pérdida de un ser querido. 
Elaborar el duelo significa ponerse en contacto con el vacío que ha dejado la pérdida, valorar su importancia y soportar el sufrimiento y la frustración que comporta.
La intensidad y duración del duelo depende de muchos factores: tipo de muerte (esperada o repentina, apacible o violenta...), de la intensidad de la unión con el fallecido, de las características de la relación con la persona perdida (dependencia, conflictos, ambivalencia...), de la edad... La duración del duelo por la muerte de una persona muy querida puede durar entre 1 y 3 años.
Podemos decir que hemos completado un duelo cuando somos capaces de recordar al fallecido sin sentir dolor, cuando hemos aprendido a vivir sin él o ella, cuando hemos dejado de vivir en el pasado y podemos invertir de nuevo toda nuestra energía en la vida y en los vivos.
Es un proceso único e irrepetible, dinámico y cambiante momento a momento, persona a persona y entre familias, culturas y sociedades. No es un proceso que siga unas pautas universales.
Características del Duelo
- Se relaciona con la aparición de problemas de salud: riesgo de depresión y ansiedad generalizada o crisis de angustia en el primer año.
- Aumento del abuso de alcohol y fármacos.
- Entre un 10-34 % de los dolientes desarrollan un duelo patológico.
- Aumenta el riesgo de muerte principalmente por eventos cardiacos y suicidio.
- La población en duelo demanda un mayor apoyo sanitario, incrementando el consumo de recursos, quizá por la pérdida de las redes sociales y con ellas de muchos de los recursos clásicos para el doliente (familiares, religiosos, vecinos, amigos, compañeros de trabajo,...).

Reacciones más comunes. Cada duelo, como cada persona es único, por lo que no hay que sentirse obligado a tener todas las sensaciones y experiencias descritas:
SENTIMIENTOS:
- Negación / incredulidad (no puede ser verdad, se piensa y actúa como si el ser querido continuara vivo...)
- Insensibilidad (como si le estuviese pasando a otro).
- Enojo /rabia /resentimiento (contra todos y contra todo).
- Tristeza (sentir una pena muy grando y todo hace llorar).
- Miedo / angustia (sentimientos de inquietud, confusión, desamparo...)
- Culpa / autorreproches (por creer que no se ha hecho lo suficiente...)
- Soledad.
- Alivio.
- Sensación de oír o ver al fallecido (son sensaciones pasajeras).
- Ambivalencia / cambios de humor.
SENSACIONES CORPORALES
Náuseas, palpitaciones, opresión en la garganta, el pecho, nudo en el estómago, dolor de cabeza, pérdida de apetito, insomnio, fatiga, sensación de falta de aire, punzadas en el pecho, pérdida de fuerza, dolor de cabeza, dolor de espalda, pérdida de apetito, temblores, hipersensibilidad al ruido, dificultad para tragar, oleadas de calor, visión borrosa, dificultad para tragar...
COMPORTAMIENTOS DESPUÉS DE LA PÉRDIDA.
Llorar, suspirar, buscar y llamar al fallecido, hablar con el fallecido, querer estar solo, evitar a la gente, dormir poco o en exceso, distracciones, olvidos, falta de concentración, soñar o tener pesadillas, falta de interés por el sexo, no parar de hacer cosas o apatía...
CRONOLOGÍA DEL DUELO.
La enorme variabilidad del duelo depende de las características de la persona en duelo, su situación personal y antecedentes, de “quien” es la persona fallecida para el doliente, de las causas y circunstancias de su fallecimiento, de las relaciones sociofamiliares, y de las costumbres sociales, religiosas, etc. de la sociedad en la que vive.
El médico de familia es el único especialista del ámbito sanitario al que acuden normalmente los dolientes y el único que puede atender la morbilidad asociada al duelo, así como el dolor, la disfunción y la incapacidad ocasionados por el conjunto de circunstancias personales, familiares y sociales que conlleva el proceso del duelo.
Predictores de riesgo de mala evolución del duelo.
La muerte siempre va asociada a unas circunstancias que se pueden desglosar en:
causa de la muerte; quién era el fallecido para el doliente y tipo de relación entre ellos; personalidad y recursos psicoemocionales del doliente; y finalmente la situación familiar, social, laboral, cultural, etc. que está viviendo el doliente en esos momentos. Este conjunto puede ser considerado normal, en el sentido de que no añade por sí mismo dificultades a las ya propias del duelo, o por el contrario puede complicarlo enormemente.

Podemos considerar predictores de malos resultados o de dificultades en la elaboración del duelo, los siguientes:
- Muertes repentinas o inesperadas; circunstancias traumáticas de la muerte (suicidio, asesinato).
- Pérdidas múltiples; pérdidas inciertas (no aparece el cadáver).
- Muerte de un niño, adolescente, (joven en general).
- Doliente en edades tempranas o tardías de la vida.
- Muerte tras una larga enfermedad terminal; muerte por SIDA.
- Doliente demasiado dependiente; relación ambivalente o conflictiva con el fallecido.
- Historia previa de duelos difíciles; depresiones u otras enfermedades mentales.
- Tener problemas económicos; escasos recursos personales como trabajo, aficiones.
- Vivir sólo; poco apoyo sociofamiliar real o sentido; alejamiento del sistema tradicional socio-religioso de apoyo (emigrantes).
- Crisis concurrentes, laborales, económicas, judiciales....
Hay varias situaciones en las que la intervención de un profesional está claramente indicada:

- El doliente pide ayuda expresa para su proceso.
- El profesional valora que la ayuda es necesaria.
- Existen varios predictores de riesgo asociados.
- Detectamos pistas que nos orientan hacia un posible duelo complicado.


Información que puede ser de utilidad:

Fuentes del artículo: Atención primaria en la red: Fisterra.com y web: Vivir la pérdida.