domingo, 31 de enero de 2010

Síndrome del "Boreout"



El boreout es lo contrario del burnout. Se compone de bajos niveles de exigencia laboral, aburrimiento y desinterés. La premisa de que sería genial no dar golpe en el trabajo es muy popular. Sin embargo, la verdad es que las horas en las que no hay nada más que hacer que esperar a que llegue la hora de volver a casa, pasan muy lentamente, con un terror mudo. El empleado a quien le ocurre esto termina basando en esa insatisfacción, por paradójico que parezca, el resto de estrategias de su vida. Y esas estrategias, seguirán dejando a un lado toda creatividad.

El síndrome del boreout consiste en tres elementos, totalmente opuestos al estrés en el trabajo:
Infraexigencia: describe el sentimiento ante la capacidad de poder rendir más en el trabajo de aquello que exige la empresa.
Aburrimiento: expresa un estado de desgana y de duda, porque el empleado no sabe qué hacer durante todo el día.
Desinterés, desmotivación: se detecta una ausencia de identificación con el trabajo.

Algunas señales que pueden llevar a concluir que un funcionario, empleado u obrero padece de boreout son:
La persona está privada de tareas en el trabajo.
El empleado se siente aburrido y poco comprometido.
El sujeto finge tener trabajo.
La persona se siente cansada y apática después del trabajo.
Se siente insatisfecho en el trabajo.
No le encuentra sentido a su trabajo.
La persona tarda mucho en terminar un trabajo que se podría realizar en corto tiempo.
Siente miedo a que lo despidan.
Utiliza internet y envía mails sin razón en horas de trabajo.
Tiene poco o ningún interés en el trabajo.
Situaciones por las que el boreout puede aparecer.
En términos de procesos del grupo, es muy posible que el jefe, o ciertos miembros del equipo, asuman todo el trabajo interesante, delegando solo aquellas rutinarias y aburridas para el resto de los integrantes.
También podría ser que el jefe suele extender esta estrategia en el tiempo, evitando delegar y haciendo que los pedidos por tareas más interesantes por parte del equipo comiencen a disminuir. El resultado es desastroso para ambas partes: jefe y empleados, y a medio plazo.
Consecuencias
Un jefe estresado por sobrecarga (burnout) y un grupo de empleados con la autoestima baja (boreout).
Pasar gran parte del día simulando que uno se encuentra trabajando genera aún más efectos negativos que el estrés por exceso de tareas.

El resultado es la depresión grave, pero el empleado siente temor a que se den cuenta en la oficina. A pesar del odio de la situación, se experimenta la sensación de ser incapaz de pedir tareas más desafiantes.

A medida que pasa el tiempo, la persona se va acostumbrando a esa situación de no tener trabajo y ocupa sus horas laborales con temas particulares. Esa comodidad superficial es el enemigo silencioso. “Es cuando la persona comienza a tener aversión al trabajo”.

Alternativas contra el síndrome
1.Hablar de manera honesta y sincera con el jefe apenas se comienza a padecer los síntomas, planteando las ganas de desempeñar tareas más desafiantes.
2.En el caso de que el jefe sea la causa de esta situación, plantearle la situación, y si no hay un cambio, acudir, personalmente y por correo electrónico, al jefe de tu jefe.  
3.Por último, perder el miedo a cambiar de trabajo, ya que en general suele ser la mejor acción. (aunque esta hipótesis del cambio de trabajo, no es la mejor en estos momentos de crisis).
Alternativas por parte de la empresa
1.Al contratar una persona, se le deben aclarar cuáles son sus funciones, quién es su superior directo y comunicarle las reglas de la empresa.
2.Ayuda mucho elaborar el organigrama de la empresa y realizar el cronograma semanal, mensual y anual.
3.La comunicación permanente es primordial para que los empleados rindan al máximo en su puesto laboral.

Síndrome de "Burnout"



El síndrome de “burnout”, también llamado síndrome de “estar quemado” o de desgaste profesional, se considera como la fase avanzada del estrés profesional, y se produce cuando se desequilibran las expectativas en el ámbito profesional y la realidad del trabajo diario.

Este síndrome es un mal invisible que afecta y repercute directamente en la calidad de vida y fue descrito por Maslach y Jackson en 1986, como un síndrome de agotamiento profesional, despersonalización y baja realización personal, que puede ocurrir entre los individuos que trabajan con personas.
La forma de manifestarse se presenta bajo unos síntomas específicos y estos son los más habituales:

Psicosomáticos: fatiga crónica, trastornos del sueño, úlceras y desordenes gástricos, tensión muscular.
De conducta: absentismo laboral, adicciones (tabaco, alcohol, drogas)
Emocionales: irritabilidad, incapacidad de concentración, distanciamiento afectivo.
Laborales: menor capacidad en el trabajo, acciones hostiles, conflictos.

Existe un grupo de personas que sintomáticamente puede padecer esta enfermedad, estos son los profesionales que están en contacto con personas, como el personal sanitario, de la enseñanza, asistentes sociales, etc y que según Maslach son los profesionales de ayuda.

Las evidencias que afectan al individuo en el inicio de la aparición de esta enfermedad, se reconocen en varias etapas y son:
1.Exceso de trabajo.
2.Sobreesfuerzo que lleva a estados de ansiedad y fatiga.
3.Desmoralización y pérdida de ilusión.
4.Pérdida de vocación, decepción de los valores hacia los superiores.

Para su medición el método más utilizado es el Inventario Burnout de Maslach, que está formado por 21 ítems, en los que se valoran, el cansancio emocional, la despersonalización y la realización personal.
Diversos estudios nos indican que cuanto mayor grado de control tienen las organizaciones, más aumenta la desmotivación que les puede llevar a casos de burnout.
Esta enfermedad con una clara presencia en el ámbito laboral, no esta reconocida por la legislación laboral española como patología, pero sí existe jurisprudencia al respecto, en concreto una sentencia de 12/2000 del Tribunal Supremo.
Medidas de prevención a nivel individual
1.Darse cuenta a tiempo y pedir ayuda.
2.Flexibilidad ante los cambios.
3.Buscar un equilibrio entre la vida personal y la profesional. Mantener una misión y visión personal alineadas con la misión y visión profesional (es decir, ser más felices con nuestro trabajo).
4.Realizar ejercicios sencillos de relajación.
5.Fijación de metas y objetivos mensurables y factibles.
6.Trabajar con creencias y paradigmas para flexibilizar nuestros pensamientos.
Medidas de prevención a nivel de la empresa
1.Claridad en los roles.
2.Comunicación efectiva.
3.Clima laboral apropiado.
4.Reestructuraciones concientes del impacto grupal.
5.Trabajar la misión y visión de empresa, alineada con la misión y visión personal de los empleados.
6.Programas para organizar mejor el tiempo.
7.Programas de estímulo y reconocimiento.
8.Creación de espacios para conversar sobre temas personales.
9.Políticas claras sobre horarios de almuerzo, tabaco, viajes, horarios laborales, vestimenta, recreación, espacio físico laboral, etc.
10.Implementación de ejercicios sencillos de relajación en el lugar de trabajo.


jueves, 28 de enero de 2010

El miedo


" La Leyenda Personal es aquello que siempre deseaste hacer. Todas las personas, al comienzo de su juventud, saben cuál es su Leyenda Personal. En ese momento de la vida todo se ve claro, todo es posible, y ellas no tienen miedo de soñar y desear todo aquello que les gustaría hacer en sus vidas. No obstante, a medida que el tiempo va pasando, una misteriosa fuerza trata de convencerlas de que es imposible realizar la Leyenda Personal". "Sólo una cosa hace que un sueño sea imposible: el miedo a fracasar".
Paulo Coelho, El Alquimista.

El miedo es un sentimiento generado por la falta de conocimiento sobre determinada situación, lugar o persona. En el miedo, uno se siente amenazado por algo real o imaginario.

El miedo es una energía que te frena y te impide hacer lo que quieres y dirigirte hacia donde quieres ir. Te bloquea en la comunicación y en la expresión de lo que quieres decir. El miedo hace que escondas, reprimas y no expreses lo más hermoso, lo más bello de tu ser.

El miedo influye en nuestra capacidad de razonar, de discernir y de tomar decisiones. Nos hace dudar, nos vuelve indecisos incluso en las decisiones más triviales de nuestras vidas. Debilita tu estado de bienestar y salud general. El miedo te encierra en ti mismo y te vuelve indeciso. Reduce tu capacidad de expresión, de ser tú mismo, de afrontar y fluir en la vida.

El miedo es una experiencia en la que existe ansiedad, inhibición y desconfianza. Puede llevarnos a la agresividad y al cinismo, a la depresión, a la enfermedad, a la derrota, a la falta de sentido de la existencia y, eventualmente, a la muerte.

El miedo aparece a menudo en nuestras vidas en forma de estrés, preocupaciones y ansiedad. El estrés está conectado con sentir presión, sentirnos empujados, forzados, fechas límite de entrega, etc. Tener que producir más y más; y tener que ser cada vez mejor en ello, genera tensiones y preocupaciones que surgen en la forma del miedo a no ser capaces de conseguir esos objetivos o resultados a tiempo...

Cuando el estrés persiste, aparecen los corticoides, denominados incluso las hormonas del miedo. De forma continuada afectan a nuestro sistema inmunitario, haciéndonos más propensos a contraer cáncer, y favoreciendo la aparición de complicaciones cardiovasculares. Cuando no tenemos fe en la propia capacidad de resistir a la presión o a las dificultades, nos sentimos inseguros, y desde la inseguridad se abren las puertas para que entren los miedos.

A veces, por falta de experiencia, de autoconocimiento o de desarrollo personal, no somos conscientes de todos los recursos internos de los que disponemos. Por ejemplo, cuando uno desconfía de su capacidad de flotar en el agua, se ahoga. La densidad del cuerpo permite que éste flote automáticamente. Por no creer en ello, no saberlo o aún sabiéndolo, cuando a la persona le entra pánico, sus fuerzas de resistir disminuyen, su respiración se vuelve superficial y se hunde.

En general, todos tenemos miedo. Sería interminable la lista de miedos que podemos experimentar. Además, un miedo provoca otros miedos. Por ejemplo, el miedo a la muerte provoca miedo a la enfermedad o miedo a los accidentes. Del miedo al rechazo derivan el miedo a ser distinto o a ser percibido como distinto; el miedo al éxito o a destacar; el miedo a relacionarse con las personas. Del miedo al fracaso derivan el miedo al error; el miedo a asumir riesgos; el miedo a tomar decisiones y el miedo a no ser reconocido en el trabajo...

Debemos comprender cuáles son las bases del miedo, qué es lo que lo causa y por qué nos viene. Sólo si lo comprendemos podremos empezar a superarlo...

Miriam Subirana Vilanova, Atreverse a vivir. Reflexiones sobre el miedo, la valentía y la plenitud.