Trastornos de ansiedad
Las reacciones de adaptación a los problemas personales que aparecen en esta edad (duelos, pérdidas, dolores físicos, trastomos del sueño, etc.) los hacen más vulnerables a la patología mental.
Se puede afirmar que la ansiedad es un síntoma común en la población geriátrica, pero un síndrome menos frecuente, por lo que hay menos pacientes que cumplen los criterios estandarizados para los trastornos mentales por ansiedad que entre la población adulta. Dichos síntomas no difieren mucho de los que aparecen en el adulto, excepto por la mayor prevalencia de quejas de tipo físico.
Puede resultar difícil establecer el diagnóstico de los trastornos de ansiedad en el anciano por el añadido de sus síntomas con los cuadros de ansiedad de origen orgánico agregado tanto a enfermedades físicas como a los fármacos utilizados para tratarlas.
Por otro lado, el sesgo que presentan los médicos en la atención de estos pacientes hace que, muchas veces, la depresión y la ansiedad sean consideradas como parte del envejecimiento normal. Lo cual se complica, al ser difícil distinguir los cambios del envejecimiento normal de signos de trastorno mental.
Los trastornos específicos de ansiedad se caracterizan por los siguientes síntomas clave:
Trastorno de ansiedad generalizada. Siendo la prevalencia baja para el trastorno que cumple la totalidad de los criterios diagnósticos (del 1% al 2%), y de cifras mucho mayores para el síndrome ansioso subumbral (que no alcanzan los criterios) (aproximadamente 17%).
Junto al componente emocional, existe un correlato físico que forma parte también del complejo sintomático. Este componente físico se caracteriza por los síntomas ya comunes de tensión motora (temblor, tensión muscular, inquietud psicomotriz, cansancio), hiperactividad autonómica (disnea, palpitaciones, parestesias, sudoración, manos frías, sensación de mareo, escalofríos, micción frecuente, dificultades de deglución) y dificultades de concentración, insomnio e irritabilidad.
Trastorno de pánico (con o sin agorafobia). Siendo su manifestación principal, el desarrollo de crisis de pánico, que llevan a la ansiedad anticipatoria (miedo al miedo), dando como resultado la evitación fóbica. Caracterizado por la presentación de variados síntomas de tipo físico o emocional, durante un espacio relativamente breve de tiempo, aunque en los ancianos puede ser más prolongada que en los adultos. En los ancianos la dificultad respiratoria, la sensación de mareo y el temor a caer son especialmente frecuentes. En relación con las crisis puede aparecer sintomatología agorafóbica, la cual se manifiesta sobre todo por la negación a salir de casa, bajo la excusa del riesgo a caer, ser asaltado o robado...
Con frecuencia los temores agorafóbicos comienzan como consecuencia de algún episodio desencadenante (p. Ej., enfermedad física). En estos casos de trastorno de pánico de inicio en la vejez hay menos síntomas de pánico, menos síntomas evitativos... Se ha observado asociado a: depresión, abuso de alcohol, mayor riesgo de suicidio y una tasa de mortalidad de origen cardiovascular más alta que el promedio.
Fobias. Apenas se diferencian de las del adulto, pueden incluir salir de casa, quedarse sólo en casa, tomar transportes públicos, espacios cerrados, ascensores, animales e insectos y someterse a procedimientos médicos o quirúrgicos…
Las fobias específicas de comienzo precoz es fácil que continúen inalteradas en la edad avanzada. Se asocian con una alta comorbilidad psiquiátrica y clínica.
Las fobias de aparición tardía, suelen estar ligadas a los factores estresantes típicos de la edad avanzada (ya comentados…)
Trastorno de estrés postraumático. El trastorno de estrés postraumático relacionado con un acontecimiento vivido en la edad adulta, puede cronificarse y alcanzar la edad avanzada… También puede desarrollarse a raíz de un acontecimiento vivido ya en la edad senil. En ocasiones una hospitalización de urgencia puede ser el punto de partida del trastorno.
Trastorno obsesivo-compulsivo. Este trastorno suele aparecer antes de los 50 años, generalmente durante la infancia o la primera juventud y cursa de manera crónica hasta el final de la vida. La presentación por primera vez en la edad avanzada es rara, aunque es aún más infrecuente que lo haga en el periodo entre los 45 y los 65 años. En los casos, frecuentes, de evolución a lo largo de muchos años, los pacientes pueden llegar a cierto grado de tolerancia y relativización de los síntomas.
Ansiedad asociada a un cuadro demencial. La agitación es una de las causas principales de consulta ante un paciente con demencia. Esta puede reflejar un cuadro ansioso, una depresión o un problema clínico agudo subyacentes, o ser parte de la evolución del cuadro demencial. La ansiedad puede ser el signo más precoz de una enfermedad de Alzheimer; aumenta a medida que el paciente toma conciencia de sus déficits y mientras conserva cierto insight (comprensión intuitiva de algo).
Depresión ansiosa (o duelo). La depresión ansiosa es la forma de presentación más común de la ansiedad en la vejez: el 95% de los ancianos deprimidos presentan síntomas de ansiedad); la ansiedad, a su vez, puede afectar el curso y pronóstico a corto y largo plazo de la depresión.
En los ancianos son comunes los síntomas de ansiedad o somáticos que enmascaran una depresión. Los más frecuentes son: dificultad de concentración, astenia, molestias gastrointestinales, irritabilidad, trastornos de memoria, nerviosismo, dolores, trastornos del sueño y tensión. El duelo puede ser normal o tratarse de un duelo complicado (no resuelto); si provoca un trastorno funcional importante o persistente deberá tratarse con psicoterapia y/o antidepresivos.
Tratamiento de los trastornos de ansiedad
El manejo terapéutico de los trastornos de ansiedad del anciano no difiere en sus fundamentos del que ha de hacerse en el adulto, aunque se precisan determinadas modificaciones para adaptarlo a las peculiaridades de esta edad. Desde el punto de vista farmacológico, habrán de utilizarse básicamente los mismos grupos que se utilizan en el adulto para similares patologías, siempre que esto sea posible. El tratamiento se centra fundamentalmente en la utilización de benzodiazepinas, antidepresivos y en menor medida, anticonvulsivos y neurolépticos...
Trastornos depresivos
La sintomatología depresiva es muy común en la población anciana. Aunque se considera que la prevalencia del trastorno depresivo mayor no es más elevada en el anciano que en el adulto más joven, las formas menores y sintomáticas de la depresión sí lo son, de manera que conjuntamente la depresión afecta a un número muy elevado de ancianos. Este trastorno se asocia un incremento de enfermedades físicas e incapacidad, a una calidad de vida menor, y a una muerte prematura.
En la etiología de la depresión los factores de riesgo de orden biológico, incluidos los genéticos, tienen tanta importancia como en la edad adulta, especialmente para los casos que comenzaron en esa edad y recidivan (reaparecen).
Los aspectos psicosociales cobran una importancia especial en este periodo. Es usual encontrar que los pacientes deprimidos han experimentado acontecimientos vitales previos a la aparición del episodio, que suelen estar relacionados con pérdidas personales o en su entorno y que favorecen situaciones de aislamiento y soledad. La presencia de factores que provocan un estrés crónico, puede estar detrás del desencadenamiento de trastornos depresivos.
Depresión de inicio tardío. Las características que diferencian a la depresión cuyo inicio se ha producido en la edad tardía, de aquellos que comenzaron en la edad adulta, son una menor incidencia de historia familiar de depresión (es decir, menor carga genética), pero una mayor prevalencia de trastornos cognitivos, de comorbilidad médica y de mortalidad.
Depresión no mayor clínicamente significativa. Existe evidencia tanto clínica como epidemiológica de que el número de personas con síntomas depresivos que no cumplen los criterios de depresión mayor excede claramente al que sí los cumple. Se trataría de pacientes con síntomas afectivos de menor intensidad o duración de lo requerido para el diagnóstico de depresión mayor, pero que inciden de manera significativa en su rendimiento personal y relacional. Esta situación clínica podría estar situada dentro de las situaciones siguientes: remisión parcial o pródromos de depresión mayor, trastornos debido a enfermedad somática, depresión menor (diagnóstico que aparece en uno de los apéndices del DSM-IV) trastorno depresivo breve recurrente, distimia, o alguno de los antiguos diagnósticos CIE-9 como personalidad depresiva o depresión neurótica.
Las formas menores de depresión, incluida la distimia, causan un considerable sufrimiento e impacto en la calidad de vida al paciente anciano, que puede ser similar a la depresión mayor.
Depresión secundaria. El proceso de envejecimiento da lugar por sí mismo a una mayor vulnerabilidad para desarrollar enfermedades que frecuentemente presentan un curso crónico e incapacitante. Varias enfermedades médicas han sido descritas como factores etiológicos o favorecedores para la aparición de cuadros depresivos. Hay que señalar que las depresiones son entre 3 y 10 veces más frecuentes en los ancianos con enfermedades médicas relevantes que en el resto de población geriátrica.
Características clínicas
La sintomatología presentada en las depresiones de los ancianos es en general bastante similar a la de pacientes más jóvenes. Se ha intentado determinar los signos diferenciales que serían más típicos de la depresión geriátrica respecto a la del adulto, como por ejemplo los que se exponen a continuación:
- Se ha descrito que los síntomas somáticos se presentarían con mayor frecuencia, lo que puede ser una expresión sintomática particular, o el resultado del aumento de la intensidad o el sentimiento subjetivo de molestias somáticas reales subyacentes (ejemplo, el caso de enfermedades que cursen con dolor.
- Los síntomas hipocondríacos también son frecuentes y están descritos en más de la mitad de los cuadros depresivos en ancianos. Son de relevancia clínica ya que han sido señalados como factores de riesgo para intentos de suicidio.
- Una mayor presencia de fenómenos psicomotores, en forma de agitación o enlentecimiento, de alteraciones cognitivas o de anorexia y pérdida de peso.
- La sintomatología psicótica y la melancólica también se han citado como más frecuentes en los ancianos.
- Los sentimientos de culpa y en especial la ideación suicida y el suicidio sí que pueden claramente vincularse a la depresión geriátrica en mayor medida.
Trastorno bipolar. La prevalencia de los trastornos bipolares es de alrededor del 1% y queda estable a lo largo de la vida. El inicio de manía en la edad avanzada es posible, pero poco frecuente. Se han descrito casos de manía secundaria, en los que el cuadro clínico aparece en clara relación temporal con enfermedades orgánicas como tumores cerebrales, infecciones y medicamentos (por ejemplo, levodopa o corticoides). Cuando el cuadro maníaco aparece por vez primera en personas mayores de 65 años, hay que sospechar en principio, que pueda tratarse de causas orgánicas subyacentes; en caso de no encontrarse, ha de aceptarse el diagnóstico de manía primaria y en principio, el del trastorno bipolar de inicio tardío.
El cuadro clínico puede presentar todas las características clásicas del adulto más joven, como, elevación del estado de ánimo con distraibilidad, disminución del sueño, impulsividad, irritabilidad, hostilidad, conductas e ideación paranoide, grandiosa o de tipo religioso y una mayor frecuencia de abuso de alcohol. El exceso de actividad puede manifestarse mediante un incremento de la realización de tareas cotidianas sean laborales o domésticas, gastos excesivos o desinhibición social o sexual. No es infrecuente que se combine sintomatología maníaca y depresiva en el mismo episodio.
La evolución a largo plazo del trastorno bipolar de inicio en la edad adulta puede ser desfavorable. No es infrecuente que al llegar a la edad avanzada, el enfermo con trastorno bipolar tenga recaídas más frecuentes y menos días de eutimia al año, peor funcionamiento cognitivo así como más riesgo de hospitalización y consumo de recursos sanitarios.
Trastornos psicóticos.
Son trastornos relativamente frecuentes en la población geriátrica. El incremento igualmente en la prevalencia de la demencia (que es la segunda enfermedad generadora de psicosis, tras la esquizofrenia) eleva también de manera sustancial la cifra de pacientes delirantes de edad avanzada. De otro lado, diversas enfermedades médicas y en especial aquellas que afectan al sistema nervioso central, pueden ser generadoras de psicosis secundarias...
Bibliografía:
DSM-IV. Manual diagnóstico y estadístico de los trastorno mentales, Masson Barcelona, 1995.
Edgerton JE, Campbell RJ. American Pychiatric Glossary, Seventh Edition, American Psychiatric Press Inc, Washington, DC, 1997.
Flint AJ. Management of anxiety in late life. Therapeutic challenges in geriatric psychiatry, Symposium workbook, 15 1 st. APA Meeting, Toronto, Canada, 1998.
Folks DG, Fuller WC. Anxiety disorders and insomnia in geriatrie patients. Psychiatric Clinies NA 1997.
Goeiijian AK, Najarian LM, Pynoos RS et al.. Posttraumatie stress disorder in elderly and younger adults after the 1988 earthquake in Armenia. Am J Psychiatry, 1994.
Herrera Mingorance JJ. Ansiedad en el anciano. VERTEX (1998).
Judd LL. Social phobia: a elinical overview. J Clin Psychiatry 55.
Katon W, Vitiliano P, Anderson K et al. Panic Disorder. Residual symptoms after the acute attacks abate,1987.
Kessler RC, McGonagle DK, Zhao S et al.: Lifetime and 12 month prevalence of DSM-111-R psychiatric disorders in the United States: Results from the National Comorbidity Survey, 1994. Wikipedia, enciclopedia libre... ... ...












