martes, 12 de abril de 2011

EL VINCULO DE APEGO & PSICOPATOLOGIA EN LA INFANCIA


Un vínculo es una conexión entre una persona y otra. El apego en la infancia, se refiere a un vínculo específico, caracterizado por las cualidades únicas del vínculo especial que se forma entre madre e hijo o entre cuidador primario-niñ@.

Desde los primeros meses de vida de un niñ@, la relación más importante para él, es el apego a sus padres y sobre todo, la relación con su madre (o cuidador primario). Lo cual determina el molde biológico y emocional para todas sus relaciones futuras.

Un apego saludable a la madre, construido por experiencias de vínculo repetitivas durante la infancia, proporciona una base sólida para futuras relaciones saludables. Por el contrario, problemas en la vinculación y apego pueden derivar en una base biológica y emocional frágil para futuras relaciones.

Elementos del vínculo de apego
- Es una relación que produce seguridad, calma, consuelo, agrado y placer.
- Es una relación emocional duradera con una persona en concreto.
- La pérdida o la amenaza de pérdida, de la persona sugiere una angustia intensa.

Por tanto, podemos entender el apego como la capacidad de formar y mantener una relación emocional. Una relación estable o sólida con la madre o cuidador primario, se asocia con una alta probabilidad de crear relaciones saludables con otros, mientras que un apego pobre, parece estar asociado con problemas emocionales y conductuales a lo largo de la vida.

Tipos de apego
Ainsworth, describió los tres siguientes tipos de apego los cuales conllevan la presentación de psicopatología en el niñ@:
Apego seguro.
- Es considerado como la situación de mayor normalidad.
- El niño solo tiende a protestar durante la separación recibiendo a la figura de apego con alivio.
- Suelen mantener conductas exploratorias normales en presencia de la figura de apego.
- Establecen una buena relación con extraños.

Apego ansioso-evitante.
- Poco afectado cuando se produce la separación de la figura de apego.
- Parece no tener necesidad de confort, dando la impresión de independencia.
- Explora en ausencia de la figura de apego.
- Frecuente contacto con extraños.
- Suele ignorar a la figura de apego cuando vuelve (suele darse en madres que ignoran o rechazan al niño, hablan de él en términos despectivos, se muestran molestas con su hijo).
Consecuencias psicopatológicas de este estilo de apego:
- Continúan presentando conductas de evitación a lo largo de la infancia.
- Manifiestan altos niveles de hostilidad y agresividad.
- Presentan una alta tasa de interacciones negativas con otros niños.
- Conductas negativistas, distancia emocional, malhumor y solitarios.
- Utilizan estrategias de evitación y autosuficiencia como mecanismo de distanciamiento de los demás.

Ansioso-Ambivalente (resistente).
- Se muestran muy perturbados con gran ansiedad cuando se produce la separación de la figura de apego.   - Buscan consuelo aunque de forma ambivalente (apego excesivo o rechazo a la figura de apego).
- Se resiste a ser consolado.
- La madres suelen ser insensibles a las demandas del niño y tienen dificultad para interpretar las demandas de su hijo dando respuestas inapropiadas.
Consecuencias psicopatológicas:
- Suelen presentar una continuidad de este tipo de apego hasta la edad escolar.
- Son niños poco asertivos, inhibidos, con interacciones pobres y tendencia al repliegue en situaciones sociales.


Desorganizado-Desorientado (Main y cols. (1988) observaron que había un subgrupo de niños que no podían agruparse siguiendo la tipología de Aisnworth, por lo que proponen este cuarto tipo de apego).
- Presentan conductas desorganizadas y confusas cuando se produce la separación de la figura de apego.
- No presentan estrategias conductuales que eliciten el confort ante el estrés.
- Conductas de apego ambivalente y evitativo.
- Las madres han sido, con frecuencia, víctimas de un trauma que no han resuelto siendo ansiosas y temerosas; proyectando sus miedos en circunstancias actuales y son incapaces de reconocer las demandas de su hijo dando respuestas inconsistentes.

Las consecuencias psicopatológicas, son poco conocidas, aunque Lyons-Ruth (1996) defienden la postura de estos niños presentarán altos niveles de agresividad, conductas coercitivas y hostiles durante la edad escolar.


La característica esencial del trastorno reactivo de la vinculación es que la capacidad para relacionarse socialmente con los compañeros y los adultos está marcadamente distorsionada e inadecuadamente desarrollada en la mayoría de contextos, para el nivel de desarrollo del sujeto. Se inicia antes de los 5 años de edad y se asocia al cuidado patológico o inadecuado que desatiende las necesidades emocionales y físicas básicas del niño. En algunos casos se asocia a cambios frecuentes en la persona principal a cargo del niñ@.

El DSM-IV reconoce dos subtipos de Trastorno reactivo de la vinculación:

1. Tipo inhibido: es la falta persistente de iniciar y de responder a la mayoría de las interacciones sociales apropiadas para el desarrollo

2. Tipo desinhibido: muestra una sociabilidad indiscriminada o la falta de selectividad al escoger las figuras a las que se apegan (familiaridad excesiva con extraños a quienes les piden cosas y les demuestran afecto).

Síntomas o comportamientos:
Destructivo a sí mismo y a otros. Falta de sentimientos de culpa o de remordimiento. Negación a contestar preguntas simples. Negación de la responsabilidad (siempre culpa a otros). Contacto visual pobre. Problemas extremos de desafío y de querer controlar. Robar. Falta de pensamiento de causa y efecto. Ánimo inestable. Alegaciones falsas de abuso. Comportamientos sexuales inadecuados. Exigencias o apegamientos inapropiados. Malas relaciones con los compañeros. Hábitos de comer anormales. Preocupaciones con sangre y fuego. Falta de control de los impulsos. Mentiras crónicas sin sentido. Formas o problemas inusuales de hablar (habla entre dientes). Dominante; necesita estar en control. Manipulador, superficialmente encantador y atractivo... ...

Diagnóstico diferencial
El trastorno reactivo de la vinculación debe diferenciarse de:

- Retraso mental, en el que las vinculaciones apropiadas con los cuidadores suelen establecerse de acuerdo con el nivel de desarrollo general del niño. Sin embargo, algunos niños con retraso mental grave presentan problemas particulares con los cuidadores y manifiestan características sintomáticas de trastorno reactivo de la vinculación; y el trastorno reactivo de la vinculación sólo debe diagnosticarse si está claro que los problemas característicos en la formación de vínculos selectivos no son función del retraso.

- Trastorno autista y de otros trastornos generalizados del desarrollo. En el trastorno generalizado del desarrollo los vínculos selectivos o no se desarrollan o son sumamente anómalos, pero de cualquier forma esto sucede dentro de un ambiente psicosocial acogedor. También se caracterizan por la presencia de una alteración cualitativa de la comunicación y de patrones de comportamiento restrictivo, repetitivo y estereotipado. Por otro lado el trastorno reactivo de la vinculación no se diagnostica si se cumplen criterios de trastorno generalizado del desarrollo.

- Trastorno por déficit de atención con hiperactividad. Caracterizado por comportamiento impulsivo o hiperactivo, el cual debe distinguirse el del subtipo desinhibido; que en el caso del trastorno reactivo de la vinculación el comportamiento desinhibido se asocia característicamente a un intento por establecer vínculos sociales tras una relación sumamente breve.

- Una crianza intensamente patogénica es una característica definitoria del trastorno reactivo de la vinculación. La cual puede quedar justificada por una calificación adicional de maltrato infantil, abandono infantil, o problema de las relaciones padres-hijos. Sin embargo, cuando dicha crianza patogénica no provoca alteraciones relevantes de la relación social, puede hablarse más de abandono infantil o de problema en las relaciones padres-hijos, que de un trastorno reactivo de la vinculación.
Intervención terapéutica
El objetivo es mejorar la interacción entre el padre/madre y el  niñ@, promoviendo un estilo relacional más seguro y adecuado a las necesidades y características de cada uno y el sistema familiar.

Terapia de interacción guiada: es una modalidad de terapia basada en la evidencia, dirigida a familias muy problemáticas y que han mostrado ser resistentes a otras formas de abordaje. El objetivo específico es fortalecer las competencias parentales, el disfrute de la relación y el vínculo afectivo entre padres e hij@s.
Técnicas: sesiones de juego familiar grabadas en vídeo, con sesiones de exposición y discusión junto al padres y/o madre, de secuencias de interacción positivas y negativas escogidas por el terapeuta.

Terapia de interacción padre-hij@: es una terapia breve basada en la evidencia, dirigida a niñ@s con desórdenes conductuales y para díadas con maltrato leve a moderado. El objetivo específico es practicar competencias parentales específicas y evitar conductas disfuncionales en la interacción de los padres o cuidadores con sus hij@s.
Técnicas: psicoeducación, tareas para casa, coaching en vivo, en una situación de juego diádica o familiar monitoreada, mediante instrucciones dadas por el terapeuta desde otra sala.

Psicoterapia infante-cuidador: que se dirige a reducir la parentalidad mediante la exploración clínica de la experiencia de la madre y del niñ@ en el contexto de sus interacciones durante la sesión terapéutica. El objetivo específico es lograr un cambio en las representaciones mentales de apego a los padres.

Bibliografía:
Ainsworth MDS (1969). Attachment and exploratoy behavior of one year-olds in strange situation, in BM Foss (ed). Determinants of infant behaviour, vol. 4. London, Methuen.
Lyon-Ruth K and Block D (1996). The disturbed caregiving system: Relations among childhood trauma, maternal caregiving, and infant affect and attachment. Infant Mental Health Journal.
Main, M and Cassidy (1988): Categories of response to reunion with the parents at age 6: predictable from infant attachment classifications and stable over a month period.
Sroufe, LA (1988). The role of infant-caregiver attachment in development. Clinical implications of attachment. Child Psychology, Lawrence Erlbaum Associates, New Jersey.
Manual Estadístico DSM-IV-TR.
Wikipedia, enciclopedia libre... ...

viernes, 8 de abril de 2011

PLANETA TIERRA (1)


... "La Tierra era pequeña, azul claro y estaba conmovedoramente sola, ... nuestro hogar, que debe ser defendido como reliquia sagrada. La Tierra era absolutamente redonda... creo que nunca supe lo que realmente significaba que el mundo fuera redondo hasta que vi la Tierra desde el espacio"
Aleskey Leonov (cosmonauta ruso).

... "Qué inapropiado llamar Tierra a este planeta, cuando es evidente que debería llamarse océano"
Arthur C. Clarke (escritor y científico británico).

... "Vivir en la Tierra es caro pero incluye un viaje gratis alrededor del Sol cada año"
(Anónimo).

Decíamos al finalizar la anterior entrada de astronomía, que la Tierra es para nosotros el objeto más importante del universo, algo indiscutible.
Difícil resulta verlo y analizarlo como un planeta más, somos parte de él.

Hemos visto prácticamente todo el sistema solar: Sol, Mercurio, Venus, Marte, Júpiter, Saturno, Neptuno, objetos transneptunianos, cinturón de Kuiper, disco disperso, Nube de Oort, y cinturón de asteroides.
Ahora nos paramos en la Tierra y a continuación veremos nuestro satélite, la Luna, para despues ver algunos de los satélites más destacados del sistema solar.
Resulta obligada la parada en nuestro planeta con la finalidad de analizarlo detalladamente.

La Tierra es el tercer planeta desde el Sol, el quinto más grande de todos los planetas del sistema solar y el más denso de todos, respecto a su tamaño.

Se desplaza en una trayectoria apenas elíptica alrededor del Sol a una distancia en torno a los 150 millones de kms.

El volumen de la Tierra es más de un millón de veces menor que el Sol, mientras la masa terrestre es 81 veces mayor que la de su satélite natural, la Luna.

Es un planeta rocoso geológicamente activo compuesto principalmente de roca derretida en constante movimiento en su interior, cuya actividad genera a su vez un fuerte campo magnético.
Sobre ese ardiente líquido, flota roca solidificada o corteza terrestre, sobre la cuál están los océanos y la tierra firme.
Para los humanos, se le conoce como el Mundo o el planeta azul.

Las propiedades físicas de la Tierra combinadas con su órbita o historia geológica, son las que han permitido que perdure la vida hasta nuestros días.

Es el único planeta del universo en el que hasta ahora el ser humano conoce la existencia de vida, millones de especies moran el él.

La Tierra se formó al mismo tiempo que el Sol y el resto del sistema solar, hace 4.567 millones de años, y la vida hizo su aparición en su superficie luego de unos 1.000 millones de años. Desde entonces, la vida ha alterado de manera significativa el planeta.

Sobre la corteza terrestre existen diversos paisajes naturales y artificiales donde podemos encontrar montañas, valles , ríos, ciudades, etc.

Aquí habita la diversidad de organismos vegetales y animales, incluídos los humanos.

Una considerable parte de la corteza está compuesta de restos orgánicos oceánicos primitivos que constituyen la roca caliza.

La temperatura media de la superficie terrestre es de unos 15 grados centígrados, aunque ésta (entre otras circunstancias) es distinta en diferentes partes del planeta.

La Tierra posee grandes océanos que ocupan mucha más superficie que la corteza terrestre.
En los inmensos océanos de agua habitan considerable cantidad de organismos y es en donde se originó vida; parte de la cual migró a la tierra firme posteriormente.
En los océanos se formó parte de la tierra firme y submarina.

La parte menos densa que compone la Tierra es su atmósfera, compuesta por una solución de gases llamada aire.
Hasta cierta altura, es lo suficientemente densa como como para permitir que algunos animales vuelen en ella. Es una atmósfera rica en oxígeno, gracias en gran parte a la vida.

La atmósfera, junto al campo magnético, es capaz de resguardar la diversidad de vida superficial de amenazas naturales extra-terrestres, como los rayos ultravioleta, rayos cósmicos, meteoritos o viento solar.

La Tierra posee un único satélite natural al que llamamos Luna, que en relación con su planeta es el más grande del sistema solar.

Es mucho menos denso que la Tierra, aunque provino de ella a causa de un impacto de asteroide que expulsó al espacio el material liviano que permanece en la luna, mientras que el material más denso regresó a la Tierra.

Se especula que la Tierra podrá seguir alojando vida durante otros 1.500 millones de años, ya que se prevé que la luminosidad creciente del Sol causará la extinción de la biosfera para entonces.

CARACTERÍSTICAS GEOLÓGICAS
El 71% de la Tierra está cubierto por agua. Es el único planeta del sistema solar donde un líquido (agua) puede permanecer en estado sólido, líquido o gaseoso en la superficie.
El agua ha sido esencial para la vida.
Nuestro planeta es uno de los dos cuerpos rocosos del sistema solar donde hay precipitaciones como lluvia, siendo el otro Titán.

La Tierra es el único de los cuerpos del sistema solar que presenta una tectónica de placas activa; Marte y Venus quizás tuvieron una tectónica de placas en otros tiempos pero, en todo caso, se ha detenido.

Esto, unido a la erosión y la actividad biológica que cambia el paisaje, ha hecho que la superficie de la Tierra cambie o se renueve constantemente, eliminando por ejemplo, casi todos los restos de cráteres que podemos encontrar en otros cuerpos rocosos del sistema solar, como la Luna.

La Tierra tiene capacidad de homeostasis, que le permite la recuperación de cataclismos a mediano plazo, incluso también las consecuencias de la actividad humana.

Dejamos aquí esta entrada con un pequeño vídeo que nos muestra cómo se ve nuestro planeta desde la Luna.


Bibliografía:Allen, 2000.Dalrymple, G.B. (1991). The Age of the Earth. California: Stanford University Press.Newman, William L. «Age of the Earth». Publications Services, USGS.Dalrymple, G. Brent (2001). «The age of the Earth in the twentieth century: a problem (mostly) solved». Geological Society, London, Special Publications.
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lunes, 4 de abril de 2011

PSICOLOGÍA DE LA VEJEZ (2)


Trastornos de ansiedad
Las reacciones de adaptación a los problemas personales que aparecen en esta edad (duelos, pérdidas, dolores físicos, trastomos del sueño, etc.) los hacen más vulnerables a la patología mental.

Se puede afirmar que la ansiedad es un síntoma común en la población geriátrica, pero un síndrome menos frecuente, por lo que hay menos pacientes que cumplen los criterios estandarizados para los trastornos mentales por ansiedad que entre la población adulta. Dichos síntomas no difieren mucho de los que aparecen en el adulto, excepto por la mayor prevalencia de quejas de tipo físico.

Puede resultar difícil establecer el diagnóstico de los trastornos de ansiedad en el anciano por el añadido de sus síntomas con los cuadros de ansiedad de origen orgánico agregado tanto a enfermedades físicas como a los fármacos utilizados para tratarlas.

Por otro lado, el sesgo que presentan los médicos en la atención de estos pacientes hace que, muchas veces, la depresión y la ansiedad sean consideradas como parte del envejecimiento normal. Lo cual se complica, al ser difícil distinguir los cambios del envejecimiento normal de signos de trastorno mental.

Los trastornos específicos de ansiedad se caracterizan por los siguientes síntomas clave:

Trastorno de ansiedad generalizada. Siendo la prevalencia baja para el trastorno que cumple la totalidad de los criterios diagnósticos (del 1% al 2%), y de cifras mucho mayores para el síndrome ansioso subumbral (que no alcanzan los criterios) (aproximadamente 17%).

Junto al componente emocional, existe un correlato físico que forma parte también del complejo sintomático. Este componente físico se caracteriza por los síntomas ya comunes de tensión motora (temblor, tensión muscular, inquietud psicomotriz, cansancio), hiperactividad autonómica (disnea, palpitaciones, parestesias, sudoración, manos frías, sensación de mareo, escalofríos, micción frecuente, dificultades de deglución) y dificultades de concentración, insomnio e irritabilidad.

Trastorno de pánico (con o sin agorafobia). Siendo su manifestación principal, el desarrollo de crisis de pánico, que llevan a la ansiedad anticipatoria (miedo al miedo), dando como resultado la evitación fóbica. Caracterizado por la presentación de variados síntomas de tipo físico o emocional, durante un espacio relativamente breve de tiempo, aunque en los ancianos puede ser más prolongada que en los adultos. En los ancianos la dificultad respiratoria, la sensación de mareo y el temor a caer son especialmente frecuentes. En relación con las crisis puede aparecer sintomatología agorafóbica, la cual se manifiesta sobre todo por la negación a salir de casa, bajo la excusa del riesgo a caer, ser asaltado o robado...

Con frecuencia los temores agorafóbicos comienzan como consecuencia de algún episodio desencadenante (p. Ej., enfermedad física). En estos casos de trastorno de pánico de inicio en la vejez hay menos síntomas de pánico, menos síntomas evitativos... Se ha observado asociado a: depresión, abuso de alcohol, mayor riesgo de suicidio y una tasa de mortalidad de origen cardiovascular más alta que el promedio.

Fobias. Apenas se diferencian de las del adulto, pueden incluir salir de casa, quedarse sólo en casa, tomar transportes públicos, espacios cerrados, ascensores, animales e insectos y someterse a procedimientos médicos o quirúrgicos…

Las fobias específicas de comienzo precoz es fácil que continúen inalteradas en la edad avanzada. Se asocian con una alta comorbilidad psiquiátrica y clínica.
Las fobias de aparición tardía, suelen estar ligadas a los factores estresantes típicos de la edad avanzada (ya comentados…)

Trastorno de estrés postraumático. El trastorno de estrés postraumático relacionado con un acontecimiento vivido en la edad adulta, puede cronificarse y alcanzar la edad avanzada… También puede desarrollarse a raíz de un acontecimiento vivido ya en la edad senil. En ocasiones una hospitalización de urgencia puede ser el punto de partida del trastorno.

Trastorno obsesivo-compulsivo. Este trastorno suele aparecer antes de los 50 años, generalmente durante la infancia o la primera juventud y cursa de manera crónica hasta el final de la vida. La presentación por primera vez en la edad avanzada es rara, aunque es aún más infrecuente que lo haga en el periodo entre los 45 y los 65 años. En los casos, frecuentes, de evolución a lo largo de muchos años, los pacientes pueden llegar a cierto grado de tolerancia y relativización de los síntomas.

Ansiedad asociada a un cuadro demencial. La agitación es una de las causas principales de consulta ante un paciente con demencia. Esta puede reflejar un cuadro ansioso, una depresión o un problema clínico agudo subyacentes, o ser parte de la evolución del cuadro demencial. La ansiedad puede ser el signo más precoz de una enfermedad de Alzheimer; aumenta a medida que el paciente toma conciencia de sus déficits y mientras conserva cierto insight (comprensión intuitiva de algo).

Depresión ansiosa (o duelo). La depresión ansiosa es la forma de presentación más común de la ansiedad en la vejez: el 95% de los ancianos deprimidos presentan síntomas de ansiedad); la ansiedad, a su vez, puede afectar el curso y pronóstico a corto y largo plazo de la depresión.

En los ancianos son comunes los síntomas de ansiedad o somáticos que enmascaran una depresión. Los más frecuentes son: dificultad de concentración, astenia, molestias gastrointestinales, irritabilidad, trastornos de memoria, nerviosismo, dolores, trastornos del sueño y tensión. El duelo puede ser normal o tratarse de un duelo complicado (no resuelto); si provoca un trastorno funcional importante o persistente deberá tratarse con psicoterapia y/o antidepresivos.

Tratamiento de los trastornos de ansiedad

El manejo terapéutico de los trastornos de ansiedad del anciano no difiere en sus fundamentos del que ha de hacerse en el adulto, aunque se precisan determinadas modificaciones para adaptarlo a las peculiaridades de esta edad. Desde el punto de vista farmacológico, habrán de utilizarse básicamente los mismos grupos que se utilizan en el adulto para similares patologías, siempre que esto sea posible. El tratamiento se centra fundamentalmente en la utilización de benzodiazepinas, antidepresivos y en menor medida, anticonvulsivos y neurolépticos...

Trastornos depresivos

La sintomatología depresiva es muy común en la población anciana. Aunque se considera que la prevalencia del trastorno depresivo mayor no es más elevada en el anciano que en el adulto más joven, las formas menores y sintomáticas de la depresión sí lo son, de manera que conjuntamente la depresión afecta a un número muy elevado de ancianos. Este trastorno se asocia un incremento de enfermedades físicas e incapacidad, a una calidad de vida menor, y a una muerte prematura.

En la etiología de la depresión los factores de riesgo de orden biológico, incluidos los genéticos, tienen tanta importancia como en la edad adulta, especialmente para los casos que comenzaron en esa edad y recidivan (reaparecen).

Los aspectos psicosociales cobran una importancia especial en este periodo. Es usual encontrar que los pacientes deprimidos han experimentado acontecimientos vitales previos a la aparición del episodio, que suelen estar relacionados con pérdidas personales o en su entorno y que favorecen situaciones de aislamiento y soledad. La presencia de factores que provocan un estrés crónico, puede estar detrás del desencadenamiento de trastornos depresivos.

Depresión de inicio tardío. Las características que diferencian a la depresión cuyo inicio se ha producido en la edad tardía, de aquellos que comenzaron en la edad adulta, son una menor incidencia de historia familiar de depresión (es decir, menor carga genética), pero una mayor prevalencia de trastornos cognitivos, de comorbilidad médica y de mortalidad.

 
Depresión no mayor clínicamente significativa. Existe evidencia tanto clínica como epidemiológica de que el número de personas con síntomas depresivos que no cumplen los criterios de depresión mayor excede claramente al que sí los cumple. Se trataría de pacientes con síntomas afectivos de menor intensidad o duración de lo requerido para el diagnóstico de depresión mayor, pero que inciden de manera significativa en su rendimiento personal y relacional. Esta situación clínica podría estar situada dentro de las situaciones siguientes: remisión parcial o pródromos de depresión mayor, trastornos debido a enfermedad somática, depresión menor (diagnóstico que aparece en uno de los apéndices del DSM-IV) trastorno depresivo breve recurrente, distimia, o alguno de los antiguos diagnósticos CIE-9 como personalidad depresiva o depresión neurótica.

Las formas menores de depresión, incluida la distimia, causan un considerable sufrimiento e impacto en la calidad de vida al paciente anciano, que puede ser similar a la depresión mayor.

Depresión secundaria. El proceso de envejecimiento da lugar por sí mismo a una mayor vulnerabilidad para desarrollar enfermedades que frecuentemente presentan un curso crónico e incapacitante. Varias enfermedades médicas han sido descritas como factores etiológicos o favorecedores para la aparición de cuadros depresivos. Hay que señalar que las depresiones son entre 3 y 10 veces más frecuentes en los ancianos con enfermedades médicas relevantes que en el resto de población geriátrica.

Características clínicas

La sintomatología presentada en las depresiones de los ancianos es en general bastante similar a la de pacientes más jóvenes. Se ha intentado determinar los signos diferenciales que serían más típicos de la depresión geriátrica respecto a la del adulto, como por ejemplo los que se exponen a continuación:
- Se ha descrito que los síntomas somáticos se presentarían con mayor frecuencia, lo que puede ser una expresión sintomática particular, o el resultado del aumento de la intensidad o el sentimiento subjetivo de molestias somáticas reales subyacentes (ejemplo, el caso de enfermedades que cursen con dolor.
- Los síntomas hipocondríacos también son frecuentes y están descritos en más de la mitad de los cuadros depresivos en ancianos. Son de relevancia clínica ya que han sido señalados como factores de riesgo para intentos de suicidio.
- Una mayor presencia de fenómenos psicomotores, en forma de agitación o enlentecimiento, de alteraciones cognitivas o de anorexia y pérdida de peso.
- La sintomatología psicótica y la melancólica también se han citado como más frecuentes en los ancianos.
- Los sentimientos de culpa y en especial la ideación suicida y el suicidio sí que pueden claramente vincularse a la depresión geriátrica en mayor medida.

Trastorno bipolar. La prevalencia de los trastornos bipolares es de alrededor del 1% y queda estable a lo largo de la vida. El inicio de manía en la edad avanzada es posible, pero poco frecuente. Se han descrito casos de manía secundaria, en los que el cuadro clínico aparece en clara relación temporal con enfermedades orgánicas como tumores cerebrales, infecciones y medicamentos (por ejemplo, levodopa o corticoides). Cuando el cuadro maníaco aparece por vez primera en personas mayores de 65 años, hay que sospechar en principio, que pueda tratarse de causas orgánicas subyacentes; en caso de no encontrarse, ha de aceptarse el diagnóstico de manía primaria y en principio, el del trastorno bipolar de inicio tardío.

El cuadro clínico puede presentar todas las características clásicas del adulto más joven, como, elevación del estado de ánimo con distraibilidad, disminución del sueño, impulsividad, irritabilidad, hostilidad, conductas e ideación paranoide, grandiosa o de tipo religioso y una mayor frecuencia de abuso de alcohol. El exceso de actividad puede manifestarse mediante un incremento de la realización de tareas cotidianas sean laborales o domésticas, gastos excesivos o desinhibición social o sexual. No es infrecuente que se combine sintomatología maníaca y depresiva en el mismo episodio.

La evolución a largo plazo del trastorno bipolar de inicio en la edad adulta puede ser desfavorable. No es infrecuente que al llegar a la edad avanzada, el enfermo con trastorno bipolar tenga recaídas más frecuentes y menos días de eutimia al año, peor funcionamiento cognitivo así como más riesgo de hospitalización y consumo de recursos sanitarios.

Trastornos psicóticos.
Son trastornos relativamente frecuentes en la población geriátrica. El incremento igualmente en la prevalencia de la demencia (que es la segunda enfermedad generadora de psicosis, tras la esquizofrenia) eleva también de manera sustancial la cifra de pacientes delirantes de edad avanzada. De otro lado, diversas enfermedades médicas y en especial aquellas que afectan al sistema nervioso central, pueden ser generadoras de psicosis secundarias...

Bibliografía:
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