... No se trata de ser excesivamente optimista, ni demasiado pesimista, es decir, no se nada realista ni verlo todo negativo. Hay que dar a la vida su justo valor; adoptar posturas menos extremas con tendencia hacia el optimismo.
Se puede ser optimista, lo cuál depende de nuestra interpretación ante una situación. Hay que aprender a ver dicha situación de una forma global y evaluar lo positivo, negativo y neutro que hay en ella. Lo principal es no apresurarse a las consecuencias negativas.
Ver las cosas peor de lo que son provoca bloqueo, al considerarse incapaz de afrontar la situación y ansiedad provocada por adelantarse a un supuesto daño. Cada momento de nuestra vida es diferente y con muchas posibilidades. El hecho de que en una ocasión similar saliera algo mal, no tiene por qué volver a suceder.
No hay que confundir optimismo con ingenuidad o negación de la realidad, ya que ser optimista no implica negar los problemas que la realidad presenta, sino asumir su existencia y definir estrategias de acción basadas en la esperanza para afrontar la realidad y transformarla.
Hablando de optimismo hay que mencionar a Martín E. P. Seligman, psicólogo de la Universidad de Pensilvania y considerado uno de los principales expertos en la llamada psicología positiva (rama que estudia los factores que favorecen el bienestar psicológico). Y por supuesto citar su obra “Aprenda optimismo”. Libro de autoayuda donde se exponen las diferencias entre optimistas y pesimistas, tests para evaluar niveles de optimismo y pesimismo así como técnicas para transformar los pensamientos negativos...
