lunes, 15 de febrero de 2010

Drogadicción. Otras drogas...

MESCALINA
La mescalina (trimetoxifeniletilamina) es un alcaloide de origen vegetal con propiedades psicodélicas y alucinógenas. Fue aislado del peyote, y está también presente en algunas otras cactáceas como el San Pedro.

Las formas vegetales suelen tomarse tras secar el cactus, ya que sus principios activos no son volátiles. La molécula de mescalina es una fenetilamina, relacionada estructuralmente con el neurotransmisor noradrenalina. La síntesis química de esta molécula es posible, pero es relativamente costosa.

La mescalina ha sido utilizada con fines diversos. Tradicionalmente tuvo un rol esencial en rituales religiosos, entre nativos americanos, quienes consideran esta sustancia como promotora de apertura espiritual. Habiendo penetrado en otras culturas, la mescalina fue utilizada con propósitos recreativos, pero también, como entactógeno, para facilitar la psicoexploración.

Entre los efectos que produce su ingestión están visiones y alucinaciones, distorsión de las coordenadas espacio-temporales, y alteraciones del esquema corporal. Sus efectos varían en función del ánimo del consumidor, sus expectativas, y el medio que le rodea, por otro lado sus efectos podrían resultar impredecibles.

KETAMINA
La ketamina es un anestésico veterinario, habitualmente usado con reses y caballos. La ketamina como anestésico bloquea el sistema nervioso sin afectar al sistema respiratorio ni al circulatorio.
Al consumirla como droga se buscan efectos alucinatorios y estados de analgesia profunda. De ahí que la sensación producida sea comúnmente la de "sentirse fuera del cuerpo", definida en algunos casos por expertos investigadores como experiencias cercanas a la muerte.
Este efecto se conoce como anestesia disociativa en la que "se siente" cómo la mente se separa del cuerpo sin entrar en estado de somnolencia y por tanto dentro de un marco de relativa lucidez. Los efectos finales dependen en gran medida del contexto donde se consume, del estado de ánimo, de la pureza de la sustancia, de la predisposición psicológica y de las expectativas.
La ketamina produce síntomas similares a los que de la esquizofrenia: alteraciones de la percepción, reducción del rendimiento intelectual y perdidas de memoria. Suele acompañarse de alucinaciones.
Una sobredosis de ketamina puede provocar lo que se conoce como K-hole (agujero K - pérdida total de la consciencia) así como paradas cardiorrespiratorias, el coma y la muerte. Asimismo, el consumo de altas dosis o el hábito continuado conlleva a largo plazo daño irreversibles en el sistema neuronal.
Destaca también que el organismo genera una rápida tolerancia y una alta dependencia psicológica a la ketamina. Entre los efectos secundarios de su consumo se encuentran la anorexia, problemas oculares y alteraciones del sueño.
La ketamina se puede consumir por vía oral, nasal, intramuscular o intravenosa, perdiendo al instante en este último caso el control motor.


Drogadicción. Alcohol.



El alcohol actúa como depresor del sistema nervioso. Se obtiene mediante la fermentación de grano, fruta o miel... la presentación más común es en forma de etanol.

Por sus características, esta droga pasa con gran rapidez a la sangre y actúa a nivel de la formación reticular, sobre la médula espinal, la corteza cerebral y el cerebelo, así como sobre infinidad de sistemas de neurotransmisión. El cuerpo absorbe el alcohol rápidamente (toma tan poco como 5-10 minutos) y este puede permanecer en el cuerpo durante varias horas. 

Efectos del alcohol

Dosis bajas:

Produce un efecto relajante, reduce la tensión, disminuye la coordinación y los reflejos, empeora la concentración y el tiempo de reacción.

Dosis medias:

Entorpece el habla, altera las emociones y provoca somnolencia.

Dosis altas:

Causa vómito, dificultad respiratoria, estados de inconsciencia e incluso de coma.

El consumo de alcohol puede conducir a la dependencia física y psíquica.
Los daños que pueden producirse sobre el sistema nervioso son:

- Lesión de los lóbulos frontales del cerebro.

- Disminución general del tamaño del cerebro.

- Deficiencia vitamínica derivada de la incapacidad de absorción de la vitamina B-1. Esto puede provocar el síndrome conocido como ‘Encefalopatía de Wernicke’, caracterizado por pérdida de la memoria y falta de coordinación, y en última instancia el ‘Síndrome de Korsakoff’, descrito en términos de apatía, desorientación y amnesia.


Síntomas del alcoholismo: dolor abdominal, confusión, beber solo, episocios de violencia con el consumo de alcohol, hostilidad al ser confrontado con relacióna la bebida, falta de control sobre la bebida para reducir o suspender su consumo, inventar excusas para beber, náuseas y vómitos, necesidad de consumo diario o regular, descuido en la apariencia personal, comportamiento reservado para ocultar el consumo de alcohol, temblores por las mañanas, etc.

La abstinencia del alcohol se desarrolla debido a que el cerebro se adapta al alcohol y no puede funcionar bien sin la droga. Los síntomas de abstinencia pueden ser: ansiedad, alucinaciones, muerte (rara vez  y se estima en la fase de delirium tremens más del 15% de los alcohólicos fallecen, por causas aún desconocidas), aumento de la presión arterial, pérdida de apetito, psicosis, inquietud, nerviosismo, convulsiones, etc.
Tratamiento.
Una vez que se ha diagnosticado el trastorno, hay tres pasos generales involucrados en el tratamiento:

1. Intervención. El método ideal es ayudar a las personas a darse cuenta del impacto negativo que el consumo excesivo de alcohol está teniendo en sus vidas y en las de aquellos que los rodean. Ellos pueden aspirar a una meta personal de llevar una vida más realizada y sobria...

2. Desintoxicación .Es el conjunto de medidas terapéuticas que tienen por objetivo facilitar la interrupción controlada del consumo de alcohol, previniendo la aparición del síndrome de abstinencia. Las pautas farmacológicas de prevención del síndrome de abstinencia alcohólica se realizan con fármacos que posean tolerancia cruzada con el alcohol, como el clormetiazol y las benzodiacepinas.

3. Rehabilitación. Es el proceso en que el paciente aprende a vivir bien sin consumir bebidas alcohólicas. El médico durante la rehabilitación deberá utilizar recursos farmacológicos y psicoterapéuticos, así como instrumentos que permitan monitorizar la abstinencia a los consumos. La relación terapéutica con el paciente alcohólico debe construir sobre la base de los principios motivacionales que evitan la confrontación, buscando establecer una relación de colaboración... mediante técnicas de escucha reflexiva, el terapeuta promueve que el paciente explore en profundidad su ambivalencia ayudándole a elaborarla.

En algunas ocasiones se prescriben fármacos para evitar las recaídas, como el acamprosato, el disulfiram, la naltrexona...


Drogadicción. Opiáceos: Heroína.



La heroína es una droga opiácea hecha a partir de la morfina, una sustancia natural que se extrae de la bellota de la amapola, también conocida como “adormidera asiática”. La heroína suele presentarse en forma de polvo blanco o marrón, o como una sustancia negra y pegajosa conocida como “alquitrán negro”.

Al entrar al cerebro, la heroína se convierte en morfina y se adhiere a receptores conocidos como receptores opioides. Estos receptores se encuentran localizados en muchas áreas del cerebro (y del cuerpo), especialmente en aquellas áreas involucradas en la percepción del dolor y de la gratificación. Los receptores opioides también están localizados en el tallo cerebral, que controla procesos autónomos esenciales para la vida como la respiración, la presión arterial y la excitación. Con frecuencia, la sobredosis de heroína implica la supresión de la respiración.

Después de una inyección intravenosa de heroína, La subida eufórica se acompaña de: sequedad de boda, pesadez de piernas, náuseas, vómitos, picores... Después de esta euforia inicial, el usuario pasa a una sensación de estar volando ("on the nod"), un estado en el que se alterna estar entre completamente despierto o adormecido. Los usuarios que no se inyectan la droga podrían no sentir la euforia inicial, pero los demás efectos son los mismos.

Con el consumo regular de la heroína se desarrolla la tolerancia a la droga, en la que la respuesta fisiológica (y psicológica) del consumidor disminuye y se necesita una mayor cantidad de heroína para obtener la misma intensidad del efecto.

El abuso de la heroína está asociado a consecuencias graves en la salud, incluyendo sobredosis mortal, aborto espontáneo y, particularmente en el caso de los consumidores que se inyectan la droga, enfermedades infecciosas como el VIH/SIDA y la hepatitis. El consumo crónico puede llevar a la oclusión de las venas, infección del endocardio y de las válvulas del corazón, abscesos y enfermedades del hígado y renales. También puede haber complicaciones pulmonares, incluyendo varios tipos de neumonías, tanto como resultado del mal estado de salud del toxicómano como por los efectos depresores de la heroína sobre la respiración.

El consumo crónico de la heroína produce dependencia física, un estado en el que el organismo se adapta a la presencia de la droga. El consumidor puede experimentar síntomas graves del síndrome de abstinencia que pueden comenzar a las pocas horas de la última administración de la droga, pueden incluir desasosiego, dolores en los músculos y en los huesos, insomnio, diarrea y vómito, escalofríos con piel de gallina...

Durante este periodo, los usuarios también sienten deseos vehementes por la droga, lo que puede ocasionar que continúen o recaigan en su uso. Los principales síntomas del síndrome de abstinencia alcanzan su punto máximo entre las 48 y 72 horas después de la última dosis y generalmente desaparecen después de aproximadamente una semana. Sin embargo, algunas personas pueden padecer los síntomas del síndrome de abstinencia durante meses. El deseo de la droga puede persistir por años después de haber dejado de consumirla, especialmente si el usuario se expone a factores que pueden provocar el deseo, tales como el estrés o ciertas personas, lugares o cosas relacionadas con el uso de la droga.
Tratamientos.
Antes de llegar a la fase de tratamiento es necesario que la persona se desintoxique, es decir, que consiga llegar a un estado libre de drogas para poder entrar en tratamiento. Uno de los mejores tratamientos son las comunidades terapéuticas. El objetivo de la desintoxicación es ayudar al dependiente liberarse de su dependencia física y a atenuar los síntomas objetivos y subjetivos propios del síndrome de abstinencia a opiáceos.

El tratamiento farmacológico mejor documentado es el de la metadona. También el LAAM (metadona de larga duración, ya que tiene una vida media de 72 horas), naltrexona, naloxona, buprenorfina... Todos estos tratamientos farmacológicos no son efectivos a largo plazo sin la ayuda de tratamientos conductuales. Como la terapia cognitivo-conductual y la de empleo de contingencias reforzadoras en la comunidad donde viven los sujetos.
Importante:
El grado de pureza de la dosis puede oscilar muchísimo en el caso de la heroína. Es muy común encontrar dosis adulteras con azúcar, leche en polvo, bicarbonato, procaína y lidocaína; o incluso con detergente, almidón, talco o lavavajillas. El riesgo de inyectarse estos peligrosos aditivos es enorme. La heroína atraviesa la barrera hemato-encefálica 100 veces más rápido que la morfina, porque es muy altamente soluble en lípidos.