MI HIJO TIENE UN CARÁCTER FUERTE
Es una frase muy utilizada por aquellas madres que se quejan del comportamiento de sus hijos, a lo cuales califican de tener un carácter fuerte; por el hecho de ser impulsivos, dominantes, caprichosos... Todo tiene que ser como ellos quieren en el momento que lo desean. Y... por estos rasgos del carácter se les atribuye la supuesta fortaleza.
Sin embargo, se trata de todo lo contrario; estas personas tienen un carácter muy débil, ya que son presas de sus emociones, de sus impulsos, de sus caprichos... El carácter débil es excitable, manipulable, con facilidad se le saca de sus casillas... También puede ser pasivo, dependiente, indeciso, tímido, poco tolerante a las frustraciones, impresionable, sugestionable, emocionable, etc. Además, reaccionan desproporcionadamente a los estímulos. Si se les ofende, pueden tener crisis de llanto desconsolado, desmayarse, salir corriendo del lugar en que se encuentran, realizar un acto suicida...
Las personas de carácter débil tratan de demostrar que no lo son, mediante rasgos del carácter que esconden esa debilidad entre los que se puede encontrar el autoritarismo, la violencia... Ellos quieren tener autoridad pero no saben cómo obtenerla sin ser autoritarios, violentos, dominantes, caprichosos, tercos...
Por otro lado, el carácter fuerte, es aquel que cuenta con diversas posibilidades adaptativas..., hace en cada momento lo debido, es capaz de inhibir sus impulsos si la situación lo requiere, es dueño de sí mismo y no una víctima de sus emociones, no es violento en sus manifestaciones de ira, reconoce sus limitaciones y su fortaleza, y tiene en cuenta las opiniones de los demás aun cuando no muestren puntos de coincidencia con las suyas...
Frente a una ofensa no se dejan provocar, meditan sus posibles consecuencias, valoran las diversas respuestas a la misma y eligen la más adecuada... Ellos no necesitan demostrar su autoridad la cual emana de su propio comportamiento, de su serenidad al enfrentar situaciones complejas, de su sabiduría; de su manera de dirigirse a los demás con respeto, de sus actitudes ante el estudio, el trabajo, la familia y la sociedad...
Frente a una ofensa no se dejan provocar, meditan sus posibles consecuencias, valoran las diversas respuestas a la misma y eligen la más adecuada... Ellos no necesitan demostrar su autoridad la cual emana de su propio comportamiento, de su serenidad al enfrentar situaciones complejas, de su sabiduría; de su manera de dirigirse a los demás con respeto, de sus actitudes ante el estudio, el trabajo, la familia y la sociedad...
Después de todo lo dicho... la expresión a pronunciar debiera ser: “Mi hijo tiene un carácter débil”...
EL PROBLEMA ES QUE YO NO SÉ DECIR QUE NO
La persona que “no sabe decir que no” es un individuo con buenísimos atributos personales: puntual, disciplinado, cumplidor, confiable, obediente, permeable a la crítica y a la presión del grupo, etc. Además, también goza del respeto y la consideración de los compañeros de trabajo, de familiares y amigos.
Entre sus características se encuentra la incapacidad para evitar que sobre sí mismo se multipliquen las responsabilidades y obligaciones. Y no sabe evitar nuevas tareas impuestas, a pesar de tener muchas más que el resto de sus compañeros. Así, es jefe del colectivo de estudio o de trabajo, además de monitor de varias asignaturas o dirigente sindical; con cargos en alguna organización de vecinos, política, fraternal o religiosa; con una familia a la que atiende de forma esmerada...
Sin embargo, como su vida se sumerge entre innumerables obligaciones, cada una de las cuales le demanda determinada cantidad de energía física y mental y la mayor parte de su tiempo, él, que no sabe decir que no, comienza a agotarse y a pensar que tiene alguna enfermedad física, generalmente anemia o hepatitis..., causante de su decaimiento y la somnolencia durante el día, hasta que, después de un chequeo de rutina en el cual los exámenes habituales arrojan resultados negativos, es enviado a la consulta de psiquiatría...
Y uno de los primeros consejos a este tipo de personas es el deber de aprender a decir No, como mecanismo defensivo para evitar el exceso de responsabilidades y tareas. Este recurso le permitirá hacer un uso más racional de sus potencialidades, conservar su capacidad laboral, conocer sus limitaciones por las experiencias pasadas, etc. Y lo más importante, evitar las manifestaciones neurasténicas (cansancio físico y mental, dificultades para concentrarse...)
Decir No le permitirá brindar una oportunidad a otro individuo para desarrollar sus capacidades, demostrar sus habilidades y contribuir al buen funcionamiento del colectivo de estudios o de trabajo.
Decir No le protegerá contra quienes no desean tener responsabilidad alguna ni tampoco desean asumir una actitud de compañerismo hacia aquel que está abarrotado de obligaciones.
Hay situaciones en las que no se puede decir No; otras en las que no se debe decir No; algunas en las que no es prudente o no conviene decir No. Pero hay un gran número de oportunidades en las que sí podrá decir claramente No y esa negativa no le ocasionará problema alguno.
LA GENTE NO ME ENTIENDE
Estas personas “incomprendidas” no se han llegado a preguntar: ¿No será que soy yo el que no se deja comprender? Es muy difícil que ellas se hagan esta pregunta, ya que les resulta más fácil asumir el papel de incomprendidas que el de incomprensibles.
No desean darse cuenta de que si son incomprendidas por los familiares, los compañeros de estudio o de trabajo, los amigos, el factor común a todos ellos..., son ellas mismas. Es demasiada casualidad que todos sean poco comprensivos. En la mayoría de las ocasiones se auto-nombran así porque sus criterios, opiniones, conductas..., son impropias en el contexto en que se manifiestan, no son todo lo realistas que debieran ser, no guardan la coherencia que la situación requiere...
ÉL NO ME DEJA...
En “Él no me deja...” los puntos suspensivos pueden ser sustituidos por diferentes actividades, como por ejemplo: trabajar, quedar con los amigos, cortar el pelo, poner determinada prenda de vestir, visitar algunos lugares, etc.
En realidad debieran decir “Yo permito que él no me...” ya que son conscientes, toleran, permiten, acceden..., desean ser tratadas con este tipo de imposiciones que las limitan. Habiendo excepciones, que son las menos, que permiten este tipo de limitaciones sin una conciencia cabal de los perjuicios ocasionados en su desarrollo personal; pero la mayoría de ellas participa conscientemente de estas conductas anómalas en su relación matrimonial: si el esposo no le deja trabajar es porque a ella le hace sentir bien no tener obligaciones laborales, si el esposo le maltrata verbal o físicamente y no responde, tiene evidentes rasgos masoquistas en el carácter...
Si la mujer no trabaja tiene que depender económicamente de su pareja, y se cumplirá el principio administrativo “el que paga manda”. Si ella permite que él no comparta las distracciones, puede ocasionarle síntomas neurasténicos (como el cansancio físico y mental, irritabilidad, peso en el cerebro, disminución de la productividad, dificultades con la atención, la concentración y la memoria, poca o ninguna satisfacción sexual, los ruidos le resultarán insoportables y la llevará a pegarle a sus hijos, a no dejar que oigan música y ni siquiera que jueguen o le hablen...)
Al permitir a su esposo el maltrato físico o verbal, estará iniciando una relación sadomasoquista, es decir, cuando una persona siente placer en ocasionar dolor, sea físico o moral y la otra persona lo siente al recibirlos.
YO VIVO PARA MIS HIJOS
Expresión poco educativa... Los hijos son una responsabilidad social contraída por los padres de manera voluntaria. Sin embargo, existen hijos no deseados o deseados unilateralmente, no planificados...
En la situación en la que se puede escuchar esta frase con más frecuencia es cuando los hijos se convierten en el centro de la vida de sus padres, pero no a las necesidades de los hijos sino por las necesidades de los propios padres. (Por ejemplo, si a los padres les hace falta alguna prenda de vestir y los hijos desean que se les compre alguna cosa, por muy inútil que parezca, ellos tomarán la decisión de renunciar a su proyecto para satisfacer el de los hijos....)
Esta postura y otras constituyen un grave error, ya que se le transmite a los hijos un mensaje distorsionado, una enseñanza equivocada..., al subordinar constantemente los intereses de los progenitores a los de los hijos, obligándolos a despreocuparse de sus propios intereses.
Si una persona no se siente realizada como ser humano, es muy difícil que pueda hacer sentir realizados a los demás; si se olvida de sus necesidades, es paradójico querer enseñar a sus hijos que sean preocupados por ellos mismos. Si les enseña a limitarse la vida, cuando ellos sean padres y madres, también lo harán. Con lo que sería más adecuado pronunciar “Yo vivo con mis hijos”.
Fuente: "Psicoterapia para aprender a vivir"




