miércoles, 20 de octubre de 2010

Trastornos de Ansiedad: FOBIA SOCIAL (1)


La característica esencial de la fobia social es el miedo intenso, irracional y persistente en respuesta a ciertas situaciones sociales o actuaciones en público por temor a que resulten embarazosas. La cuales acaban convirtiéndose en la mayoría de las ocasiones en motivo de evitación, aunque a veces el individuo puede soportarlas, aún experimentando mucho temor.

Los criterios diagnósticos para la fobia social según el DSM-IV de la American Psychiatric Association (1994) son los siguientes:

A. Temor acusado y persistente por una o más situaciones sociales o actuaciones en público en las que el sujeto se ve expuesto a personas que no pertenecen al ámbito familiar o a la posible evaluación por parte de los demás. El individuo teme actuar de un modo (o mostrar síntomas de ansiedad) que sea humillante o embarazoso.

Nota: En los niños es necesario haber demostrado que sus capacidades para relacionarse socialmente con sus familiares son normales y han existido siempre, y que la ansiedad social aparece en las reuniones con individuos de su misma edad y no sólo en cualquier interrelación con un adulto.

B. La exposición a las situaciones sociales temidas provoca casi invariablemente una respuesta inmediata de ansiedad, que puede tomar la forma de una crisis de angustia situacional o más o menos relacionada con una situación.

Nota: En los niños la ansiedad puede traducirse en lloros, berrinches, inhibición o retraimiento en situaciones sociales donde los asistentes no pertenecen al marco familiar.

C. El individuo reconoce que este temor es excesivo o irracional.

Nota: En los niños puede faltar este reconocimiento.

D. Las situaciones sociales o actuaciones en público temidas se evitan o bien se experimentan con ansiedad o malestar intensos.

E. Los comportamientos de evitación, la anticipación ansiosa, o el malestar que aparece en la(s) situación(es) social(es) o actuación(es) en público temida(s) interfieren acusadamente con la rutina normal del individuo, con sus relaciones laborales (o académicas) o sociales, o bien producen un malestar clínicamente significativo.

F. En los individuos menores de 18 años la duración del cuadro sintomático debe prolongarse como mínimo 6 meses.

G. El miedo o el comportamiento de evitación no se deben a los efectos fisiológicos directos de una sustancia (p. ej., drogas, fármacos) o de una enfermedad médica y no pueden explicarse mejor por la presencia de otro trastorno metal (p. ej., trastorno de angustia con o sin agorafobia, trastorno de ansiedad por separación, trastorno dismórfico corporal, un trastorno generalizado del desarrollo o trastorno esquizoide de la personalidad).

H. Si hay una enfermedad médica u otro trastorno mental, el temor descrito en el Criterio A no se relaciona con estos procesos (p. ej., el miedo no es debido a la tartamudez, a los temblores de la enfermedad de Parkinson o a la exhibición de conductas alimentarias anormales en la anorexia nerviosa o en la bulimia nerviosa).

Especificar si:
Generalizada: si los temores hacen referencia a la mayoría de las situaciones sociales (considerar también el diagnóstico adicional de trastorno de la personalidad por evitación).

Por otra parte, según la décima versión de la Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE-10) de la Organización Mundial de la Salud (1992), en la fobia social existe un miedo a ser enjuiciado por otras personas en el seno de un grupo comparativamente pequeño (a diferencia de las multitudes). Puede existir una preocupación a ruborizarse, a temblar o a tener náuseas o tener una necesidad imperiosa de micción y a veces la persona está convencida de que su problema principal es alguno de estos síntomas de la ansiedad.

Para diagnosticarlo como fobia social debe interferir marcadamente en la vida de la persona o producir un malestar clínicamente significativo, en caso de no ser así, solamente podríamos hablar de ansiedad social o timidez: malestar e inhibición más o menos generalizada en presencia de otras personas, pero con un grado mucho menor de evitación e interferencia que en la fobia social y con un curso menos crónico.

Las situaciones desencadenantes del temor acusado en los pacientes con fobia social son muy diversas:
- Situaciones que implican interacción con otras personas y que suponen por tanto ajustar el propio comportamiento al de los demás, como por ejemplo, iniciar, mantener y terminar conversaciones (especialmente con desconocidos), llamar a alguien por teléfono, establecer relaciones íntimas, interactuar con figuras de autoridad, etc.

- Aquellas que implican un miedo a ser observado cuando hay otras personas presentes, pero sin que supongan interacción con estas, como por ejemplo, hablar y/o actuar en público, intervenir en grupos pequeños formales, comer/beber/escribir/trabajar/telefonear delante de otros, ser centro de atención (como en una fiesta de cumpleaños por ejemplo...) etc.

Se habla de fobia social generalizada cuando los miedos hacen referencia a la mayoría de las situaciones sociales, pero en muchos casos esto ha sido traducido por 3-4 situaciones temidas o más. Los pacientes con fobia social generalizada suelen presentar más ansiedad y evitación social, más déficit de habilidades sociales y un serio deterioro de sus relaciones sociales y laborales. Además se caracterizan por una edad de comienzo más temprana y por un nivel educativo más bajo, es menos probable que tengan un empleo; presentan mayores síntomas de ansiedad y depresión y más comorbilidad con otros trastornos, puntúan más alto en neuroticismo y más bajo en extroversión, abusan más del alcohol, tienen una historia parental más frecuente de trastornos mentales, es más probable que hayan buscado tratamiento para su problema y parecen tener peor pronóstico (American Psychiatric Association, 1994; Beidel y Turner, 1998; Sandín, 1997; Stein y Kessler, 1999).

La respuesta de ansiedad dentro de la fobia social se manifiesta a tres niveles:
Nivel fisiológico: Las reacciones corporales más comunes son: taquicardia / palpitaciones, temblor (voz, manos), sudoración, rubor, tensión muscular, malestar gastrointestinal, boca seca, escalofríos, sensación de opresión en la cabeza o cefalea, dificultad para tragar, náuseas y urgencia urinaria. Los más característicos y frecuentes de este trastorno son el rubor, la sudoración y los temblores. El miedo a los síntomas forma parte del subtipo de “fobia social específica”; cuando el miedo es a la ruborización se denomina “eritrofobia” y cuando es al temblor “tremofobia” (Scholing y Emmelkamp, 1996).

Nivel comportamental: La respuesta puede ser de evitación de las situaciones que producen miedo. Algunos ejemplos de conductas defensivas para reducir la ansiedad pueden ser: consumir alcohol o tranquilizantes, mantener las manos en los bolsillos por miedo al temblor, dejarse barba o darse mucho maquillaje por temor al rubor, etc. También pueden darse conductas de seguridad, como por ejemplo, apartar la mirada si se percibe que le van a formular preguntas... etc.

Si no se puede evitar una situación o escapar de ella, aparecen reacciones como silencios largos, tartamudeo, incoherencias, volumen bajo (incluso susurro), voz monótona, muecas faciales, gestos de inquietud, retorcimiento de manos, postura rígida o cerrada, encogimiento postural, expresión facial pobre, sonrisa o risa inapropiada y contenido poco interesante.

Nivel cognitivo: Aparecen dificultades para pensar tales como imposibilidad de recordar cosas importantes, confusión, dificultad para concentrarse y dificultad para encontrar las palabras. También existe una tendencia a centrar la atención en sí mismo, concretamente en los síntomas somáticos y autónomos de ansiedad (especialmente los visibles), en las cogniciones y emociones negativas y en los propios errores.

Se pueden distinguir al menos tres categorías de supuestos cognitivos que se reflejan en los fóbicos sociales:
Normas excesivamente elevadas para uno mismo; por ejemplo “lo que diga debe ser siempre interesante”...

Creencias condicionales sobre la evaluación por parte de los demás; por ejemplo “si doy una opinión equivocada, se reirán de mí”...

Creencias incondicionales sobre uno mismo; por ejemplo “soy raro”. No todos los fóbicos sociales tienen creencias negativas sobre sí mismos...

Edad de comienzo y curso
La edad media de inicio suele ser a los 15 años, un comienzo a partir de los 23 años es raro.(Estudio de Grant et al., 2005). Es muy común la existencia de antecedentes de timidez o inhibición social y muchos pacientes informan haber tenido el trastorno toda su vida.
En niños de 2-3 años pueden identificarse conductas observables indicativas de fuertes miedos sociales ante la crítica o desaprobación, conductas que predicen de una mayor ocurrencia de la fobia social. Aunque, la conciencia de sí mismo y de los otros como objetos de evaluación y la anticipación de la evaluación negativa no aparecen hasta alrededor de los 8 años como pronto, lo cuál está mas desarrollado aún en la adolescencia.

La adolescencia es un periodo crítico ya que cada persona va a verse sometida a un proceso de evaluación por el resto de los miembros de su grupo de iguales y va a tener que establecer su papel y su lugar en un sistema social distinto al de la familia. Los adolescentes más vulnerables a las situaciones de estrés pueden responder con ansiedad y evitación a las situaciones sociales. Aunque no es frecuente, la fobia social puede manifestarse por vez primera en la vida adulta cuando, por ejemplo, un cambio de circunstancias (laborales, familiares, escolares, de residencia) implica realizar actividades temidas (hablar en público, supervisar a otros, relacionarse con nueva gente) que antes no eran necesarias.
Diagnóstico diferencial:
La Fobia Social ha de diferenciarse de:

- Trastorno de angustia con agorafobia: se dan crisis de ansiedad repetidas e inesperadas que llevan a temer y evitar múltiples situaciones, y no sólo situaciones sociales; como sería el caso de la fobia social. Sin embargo, a veces, pueden darse ambos diagnósticos.

- Agorafobia sin historia de trastorno de pánico: en este trastorno se temen una serie de situaciones en las que uno puede o no ser observado por los demás, como por ejempo, viajar solo por túneles. Además, ir acompañado suele tranquilizar a la persona, este efecto no se da en la fobia social, donde hasta se puede experimentar menos ansiedad si uno va solo.

- Trastorno de ansiedad por separación: evitación y temor en la infancia a separarse de las personas con las que se han establecido vínculos. Se encuentran cómodos en situaciones sociales si son dentro del hogar. En cambio, en la fobia social se temen todas las situaciones sociales.

- Trastorno de ansiedad generalizada y fobia específica: las preocupaciones y miedos no se limitan a situaciones sociales.

- Trastornos generalizados del desarrollo y trastorno esquizoide de la personalidad: también se evitan situaciones sociales, pero debido al desinterés por las personas. Para diagnosticar fobia social se requiere haber establecido, al menos, una relación, por ejemplo de amistad apropiada a la edad de la persona, fuera de la familia inmediata.

- Trastorno de la personalidad por evitación: aunque es un trastorno de personalidad, se puede considerar una variante más grave de la fobia social generalizada -a múltiples situaciones sociales-. En ocasiones se darán ambos diagnósticos.

- Ansiedad social y evitación en otros trastornos mentales: trastorno depresivo mayor, trastorno distímico, esquizofrenia, trastorno dismórfico corporal, y otros. Si estos síntomas sólo aparecen en el transcurso de una de estos trastornos, el diagnóstico será el trastorno mental correspondiente y no la fobia social.

- Ansiedad social y evitación por enfermedad médica o mental que provoca síntomas embarazosos: Por ejemplo tartamudeo, temblores en la enfermedad de Parkinson, obesidad, etc...

- Ansiedad social y evitación por los efectos fisiológicos directos de una sustancia: ya sea debido a drogas legales o a ilegales.

- Ansiedad normal por actuar en público, terror a los escenarios y timidez: no provocan un malestar significativo, ni causan una gran deterioro en las actividades de la persona. Por ejemplo, en niños puede existir ansiedad ante acontecimientos sociales con adultos, pero no habrá fobia social si esta ansiedad desparece al relacionarse con niños de su misma edad.

Hasta aquí, damos por finalizada la primera parte. La siguiente entrada la dedicaremos a la evaluación y el tratamiento de la fobia social.

Fuentes: DSM-IV: Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales. Barcelona. Ed. Masson; wikipedia, enciclopedia libre....




sábado, 16 de octubre de 2010

PLANETA MARTE (2)


GEOGRAFIA MARCIANA
Este planeta, conserva huellas de grandes cataclismos, los cuales no tienen equivalente en la Tierra.

En el hemisferio norte marciano existe un enorme abultamiento que contiene el complejo volcánico Tharsis, donde se encuentra el mayor volcán del sistema solar, denominado Olympus Mons. Tiene una altura de 25 kms y una base con una anchura de 600 kms. Las coladas de lava han creado un zócalo cuyo borde forma un acantilado de 6 kms de altura.

Las áreas volcánicas ocupan un 10% de la superficie del planeta. Algunos cráteres muestran señales de reciente actividad y tienen lava petrificada en sus laderas.

Cercano al ecuador y con una longitud de 2.700 kms, una anchura de unos 500 kms y una profundidad de entre 2 y 7 kms está el cañón de Marineris. Se formó por el hundimiento del terreno a causa de la formación del abultamiento de Tharsis.

En la foto de a continuación se muestra el famoso valle Marineris.


Hay una evidencia clara de erosión de varios lugares de Marte tanto por el agua como por el viento.

En la superficie hay largos valles sinuosos que recuerdan lechos de ríos (secos en la actualidad, pues las actuales condiciones atmosféricas de la superficie marciana no permiten la existencia de agua líquida). Dichos valles pueden ser el resultado de fracturas a través de las cuáles han corrido raudales de lava, y más tarde, agua.

La superficie del planeta conserva verdaderas redes hidrográficas, hoy secas, con sus valles sinuosos entallados por las aguas de los ríos, sus afluentes, sus brazos separados por bancos de aluviones que han subsistido hasta nuestros días.

Todos estos detalles de la superficie, sugieren un pasado con otras condiciones ambientales en las que el agua causó estos lechos con inundaciones catastróficas.

Hay quien sugiere la existencia, en un pasado remoto, de lagos e incluso de un gran océano en la región boreal del planeta. Esto pudo ser hace unos 4.000 millones de años y por un período breve, en la llamada Era Noeica.

Marte, al igual que la Luna y Mercurio, no presenta tectónica de placas activa, como la Tierra. No hay evidencias de movimientos horizontales recientes en la superficie tales como las montañas por plegamientos tan comunes en la Tierra.

No obstante, la sonda Mars Global Surveyor en órbita alrededor de Marte ha detectado en varias regiones del planeta extensos campos magnéticos de baja intensidad. Este hallazgo inesperado de un probable campo magnético global, activo en el pasado y hoy desaparecido, puede tener interesantes implicaciones para la estructura interior del planeta.

Recientemente, estudios realizados con ayuda de las sondas Mars Reconnaissance Orbiter y Mars Global Surveyor han mostrado que muy posiblemente el hemisferio norte del planeta es una enorme cuenca de impacto de forma elíptica conocida como Cuenca Borealis de 8.500 kms de diámetro que cubre un 40% de la superficie del planeta (la mayor del sistema solar) que pudo formarse hace 3.900 millones de años tras impactar un objeto de 2.000 kms de diámetro

Posteriormente a la formación de dicha cuenca se formaron volcanes gigantes a lo largo de su borde, que han hecho difícil su identificación.

LA ATMÓSFERA DE MARTE
Tiene una atmósfera muy tenue. Se compone en esencia de 95,3% de dióxido de carbono, 2,7% de nitrógeno, 1,6% de argón, 0,15% de trazas de oxígeno molecular, 0,07% de monóxido de carbono y 0,03% de vapor de agua.

Contiene 1000 veces menos ozono que la Tierra, en una capa situada a 40 kms de altura e incapaz de bloquear la radiación ultravioleta.

La densidad de la atmósfera hace que albergue vientos muy fuertes y grandes tormentas de polvo que, en ocasiones, pueden abarcar el planeta entero durante meses. Dicho viento es responsable de la existencia de dunas de arena en los desiertos marcianos.

Las nubes pueden presentarse en tres colores: blancas, amarillas y azules. Las nubes blancas son de vapor de agua condensada o de dióxido de carbono en latitudes polares. Las amarillas de naturaleza pilosa, son resultado de las tormentas de polvo.

La bóveda celeste marciana es de un suave color rosa salmón, dada la dispersión de la luz por los granos de polvos muy finos procedentes del suelo ferruginoso.

En invierno, en las latitudes medias, el vapor de agua se condensa en la atmósfera y forma nubes ligeras de finísimos cristales de hielo. En latitudes extremas, la condensación de anhídrido carbónico forma otras nubes que constan de cristales de nieve carbónica.

La atmósfera marciana ha sufrido un proceso de evolución considerable por lo que es una atmósfera de segunda generación.


La atmósfera primigenia, formada poco después que el planeta, ha dado paso a otra, cuyos elementos provienen de la actividad geológica del planeta.

Así, el vulcanismo vierte a la atmósfera determinados gases, entre los cuales predominan el gas carbónico y el vapor de agua.

El primero queda en la atmósfera, en tanto que el segundo tiende a congelarse en el suelo frío. El nitrógeno y el oxígeno solamente se producen en Marte en ínfimas proporciones.

Por contra el argón es relativamente abundante en la atmósfera marciana.

En los inicios de su historia, Marte pudo haber sido muy parecido a la Tierra. Al igual que nuestro planeta la mayoría de su dióxido de carbono se utilizó para formar carbonatos en las rocas.

Pero al carecer de una tectónica de placas es incapaz de reciclar hacia la atmósfera nada de este dióxido de carbono y así no puede mantener un efecto invernadero significativo.

No hay cinturón de radiación, aunque sí una débil ionosfera con su máxima densidad electrónica a 130 kms de altura.

 Recientemente la nave europea Mars Express y medidas terrestres con el telescopio Keck han encontrado trazas de gas metano en proporción de 10 partes por mil millones. Dicho gas sólo puede tener origen biológico o volcánico.

Dejamos aquí esta segunda entrada dedicada a Marte, con un vídeo que trata sobre este planeta.



Fuentes:

Raeburn, Paul. (2003). Marte: descubriendo los secretos del planeta rojo. RBA Revistas. Barcelona, España. Asimov, Isaac. (2001). Marte, el planeta rojo. "Colección El libro de Bolsillo, 1169". Alianza Editorial. Madrid, España. Observar Marte : descubrir y explorar el planeta rojo. (2005). Spes Editorial. Barcelona, España. Lizondo Fernández, Joaquín (1999). El enigmático Marte. Editorial Telstar. Barcelona, España. Raeburn, Paul. (2003). Marte: descubriendo los secretos del planeta rojo. RBA Revistas. Barcelona, España.

Sersic, José Luis. (2002). La exploración a Marte. "Colección Labor". Editorial Labor. Cerdanyola, España. Lizondo Fernández, Joaquín. (2000). : Más allá de los horizontes de la tierra : Marte, la nueva frontera. Editorial Ronsel. Barcelona, España. Wikipedia, la enciclopedia libre.

Horváth, A., et al, "Annual Change of Martian DDS-Seepages". (PDF) Lunar and Planetary Science Conference XXXVI (2005). NASA Findings Suggest Jets Bursti ng From Martian Ice Cap. NASA. 16 de agosto de 2006. http://www.jpl.nasa.gov/new Piqueux, Sylvain; Shane Byrne, and Mark I. Richardson «Sublimation of Mars’s southern seasonal CO2 ice cap formation of spiders» (PDF). JOURNAL OF GEOPHYSICAL RESEARCH.






lunes, 11 de octubre de 2010

Trastornos de Ansiedad: FOBIAS ESPECÍFICAS



El manual de diagnóstico DSM-IV define a las fobias específicas como un miedo intenso y persistente que es excesivo o irracional y es desencadenado por la presencia o anticipación de objetos o situaciones específicos: animales, lugares cerrados, alturas, oscuridad, tormentas, vuelos, sangre, inyecciones, intervenciones médicas, conducir un coche... y que en realidad constituye una amenaza mínima o nula.

Todos nacemos con la capacidad de sentir miedo, pero esos miedos son una manera de cómo y qué aprendemos. La diferencia entre el desarrollo de un miedo normal y el desarrollo de una fobia es que ésta es irracional, inapropiada, más persistente, más repetitivo, más intenso...

El objeto del miedo puede ser la propia anticipación del peligro o daño inherente al objeto o situación (p. Ej., el individuo puede temer viajar en avión debido al miedo a estrellarse, puede temer a los perros por miedo a ser mordido o puede temer conducir un coche por miedo a tener un accidente).

Las fobias específicas también pueden hacer referencia a la posibilidad de perder el control, angustiarse y desmayarse al exponerse al objeto temido. Por ejemplo, los individuos temerosos de la sangre y las heridas pueden estar preocupados asimismo por la posibilidad de desmayarse, los que tienen miedo a las alturas también pueden sentir inquietud por los mareos y los que tienen miedo a las aglomeraciones pueden preocuparse asimismo por la posibilidad de perder el control y empezar a gritar entre la gente.

En presencia del estímulo fóbico aparece de forma inmediata y casi invariablemente una respuesta de ansiedad.

Subtipos
Pueden especificarse los siguientes subtipos para indicar el objeto del miedo o evitación en la fobia específica:

Tipo animal. El miedo hace referencia a animales o insectos. Este subtipo suele iniciarse en la infancia.

Tipo ambiental. El miedo hace referencia a situaciones relacionadas con la naturaleza y los fenómenos atmosféricos como tormentas, precipicios o agua. Este subtipo suele iniciarse en la infancia.

Tipo sangre-inyecciones-daño. El miedo hace referencia a la visión de sangre o heridas, o a recibir inyecciones u otras intervenciones médicas de carácter invasivo. Este subtipo presenta una incidencia marcadamente familiar y suele caracterizarse por una intensa respuesta vasovagal (en el que la frecuencia cardiaca lenta y los vasos sanguíneos dilatados hacen que llegue menos cantidad de sangre al cerebro, provocando así el desmayo).

Tipo situacional. El miedo hace referencia a situaciones específicas como transportes públicos, túneles, puentes, ascensores, aviones, coche o recintos cerrados. El inicio de este trastorno sigue una distribución bimodal, con un pico de mayor incidencia en la segunda infancia y otro a mitad de la tercera década de la vida. Su incidencia en función del sexo, su patrón de incidencia familiar y su edad de inicio son similares a los del trastorno de angustia con agorafobia.

Otros tipos. El miedo hace referencia a otro tipo de estímulos, entre los que se incluyen las situaciones que pueden conducir al atragantamiento, al vómito, a la adquisición de una enfermedad; fobia a los «espacios» (es decir, el individuo tiene miedo de caerse si no hay paredes u otros medios de sujeción), y el miedo que los niños tienen a los sonidos altos o a las personas disfrazadas.

En muchos casos hay más de un subtipo de fobia específica. El hecho de tener una fobia de un subtipo determinado aumenta las probabilidades de padecer otra fobia del mismo subtipo (p. Ej., miedo a los gatos y a las serpientes). Cuando se observa más de un subtipo, deben anotarse todos ellos (p. Ej., fobia específica de tipo animal y ambiental).

Las fobias específicas suelen coexistir con otros trastornos de ansiedad, si bien en estos casos no suelen constituir el motivo de consulta, ya que producen mucho menos malestar e interfieren notoriamente menos en las actividades del individuo que el diagnóstico principal de trastorno de ansiedad. Entre estas asociaciones destaca por su elevada frecuencia la que existe con el trastorno de angustia con agorafobia.

En los niños la ansiedad puede traducirse en lloros, berrinches, parálisis o abrazos. Los niños no suelen reconocer que sus temores son excesivos o irracionales y rara vez expresan malestar por la fobia. El diagnóstico de fobia específica no puede asegurarse a no ser que estos temores den lugar a un deterioro significativo de las actividades del individuo (p. Ej., resistencia a ir a la escuela, por temor a encontrarse con un perro en la calle).

En los menores de 18 años los síntomas deben haber persistido durante al menos 6 meses antes de poder efectuar el diagnóstico de fobia específica. Las fobias específicas se diferencian de gran parte del resto de los trastornos de ansiedad en los niveles de ansiedad intercurrente.

La fobia específica y la fobia social pueden diferenciarse en virtud del objeto o la situación fóbicos. Por ejemplo, la evitación de comer en un restaurante puede basarse en el miedo a ser evaluado por los demás (fobia social) o puede deberse al temor a atragantarse (fobia específica). La fobia específica y el Trastorno por estrés postraumático pueden diferenciarse en que el segundo aparece con posterioridad a un acontecimiento estresante y peligroso para la vida, acompañándose de síntomas adicionales...

En los casos de Trastorno de ansiedad por separación no debe efectuarse el diagnóstico de fobia específica si el comportamiento de evitación se limita exclusivamente al temor de separarse de personas a las que el individuo se siente ligado.

Puede resultar difícil emitir el juicio clínico entre trastorno de angustia y la fobia específica, siendo útil en este caso tener en cuenta los siguientes cuatro factores para decidir el diagnóstico más apropiado: el objeto del temor, el tipo y número de crisis de angustia, el número de situaciones evitadas y el nivel de ansiedad intercurrente.
Tratamiento
Un tratamiento efectivo generalmente involucra las siguientes formas de psicoterapia: Terapia cognitiva, desensibilización sistemática y terapia de exposición, en la cual los pacientes se exponen gradualmente a lo que los asusta hasta que el miedo comienza a desaparecer. Los ejercicios de relajación y respiración también contribuyen a reducir los síntomas de ansiedad, No se aconseja el uso de la relajación en la fobia a la sangre, ya que esta puede facilitar la disminución de la presión sanguínea y el desmayo subsiguiente. Como mucho, la relajación podría ser útil en la primera fase de la respuesta difásica, cuando esta es larga.

No existe hasta ahora un tratamiento farmacológico para fobias específicas, pero en ocasiones ciertos medicamentos pueden recetarse para ayudar a reducir los síntomas de ansiedad antes de que la persona se enfrente a una situación de fobia o durante la misma (por ejemplo, para realizar un viaje en avión).

Por otro lado, nos parece interesante, incluir algunas conclusiones de revisiones realizadas por varios autores, sobre los tratamientos más investigados y eficaces para las fobias específicas siendo la exposición en vivo a las situaciones temidas y el modelado participante (combinación de modelado y de la exposición en vivo).
La exposición en vivo es más eficaz que el no tratamiento y el placebo y que otras intervenciones como la relajación, la reestructuración cognitiva, la exposición interoceptiva y el modelado en vivo (Antony y Barlow, 2002; Mendez y cols., 2003) o diversas técnicas de exposición en la imaginación, aunque, puede tener que ser complementada con otros procedimientos en algunos casos. Se ha hallado que la exposición es eficaz para la fobia a animales, alturas, lugares cerrados, volar, sangre, inyecciones, intervenciones dentales, agua, tormentas y relámpagos, globos y atragantamiento.

Siguiendo el enlace que adjuntamos, se pueden ver los criterios para el diagnóstico de fobia específica según el DSM-IV.

Fuentes: Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders, 4° Edition Revised (DSM-IV TR). American Psychiatric Association....