sábado, 19 de marzo de 2011

TRASTORNOS DELIRANTES


Los criterios diagnósticos para el trastorno delirante, según el DSM-IV-TR son:

A. Ideas delirantes no extrañas (p. ej., que implican situaciones que ocurren en la vida real, como ser seguido, envenenado, infectado, tener una enfermedad…) de por lo menos un mes de duración.

B. Nunca se ha cumplido el Criterio A para la esquizofrenia.
Nota: En el trastorno delirante puede haber alucinaciones táctiles u olfatorias si están relacionadas con el tema delirante.

C. Excepto por el impacto directo de las ideas delirantes o sus ramificaciones, la actividad psicosocial no está deteriorada de forma significativa y el comportamiento no es raro ni extraño.

D. Si se han producido episodios afectivos simultáneamente a las ideas delirantes, su duración total ha sido breve en relación con la duración de los períodos delirantes.

E. La alteración no es debida a los efectos fisiológicos directos de alguna sustancia (p. Ej., una droga o un medicamento) o a enfermedad médica.

Características diagnósticas
La sintomatología del trastorno de ideas delirantes se caracteriza por la presencia de un sistema delirante, bien estructurado. No suelen estar presentes los fenómenos pseudoperceptivos, aunque a veces, pueden presentarse ilusiones auditivas, algunas alucinaciones en forma de voces externas insultantes; sin embargo, nunca son centrales en el cuadro clínico.

Los trastornos formales del pensamiento están ausentes, como la disgregación/incoherencia, observándose un pensamiento lógico y bien construido.

La afectividad está bien conservada, con ausencia de la sintomatología negativa propia de los pacientes esquizofrénicos. Caracterizada, por una carga emocional intensa en la dirección de la desconfianza y suspicacia.

La personalidad se mantiene integrada, no aparecen comportamientos extravagantes, conservando la capacidad de adaptación al entorno sociolaboral.

El síntoma fundamental del trastorno son las ideas delirantes, cuyas características se describen a continuación:

- El sistema delirante surge como una continuidad en la biografía del sujeto, es decir, se trata de un “desarrollo”. El delirio surge a partir de unos rasgos de personalidad, tales como suspicacia, desconfianza, sentimientos de inseguridad y tendencia a emitir juicios erróneos.

- Se acompañan de una carga emocional intensa, responsable de la deformación de sus interpretaciones y juicios sobre la realidad.

- Se trata de ideas delirantes secundarias y no primarias, como las propias de la esquizofrenia.

- Las ideas delirantes tienden a constituirse en un sistema delirante bien estructurado. Se construye sobre un sistema lógico de pensamiento, lo que hace aún más difícil la crítica del mismo.

- En su proceso evolutivo tiende a seguir activo, enriqueciéndose con nuevas interpretaciones erróneas sobre la realidad.

- Generalmente tienen un contenido autorreferencial (p. Ej., que acontecimientos casuales tienen un significado especial).

Formas clínicas
El DSM-IV-TR incluye en el apartado de trastorno de ideas delirantes los siguientes subtipos:

- Erotomaníaco: Descrito por Clérambault dentro de las psicosis pasionales, junto al delirio de celos y el de reivindicación. La peculiaridad del tema delirante reside en que el paciente, generalmente una mujer, desarrolla repentinamente la creencia delirante de que un hombre, con el que nunca ha tenido relación, está enamorado de ella. Suele ser de un rango social superior a la paciente y se encuentra en estrecha comunicación con ella.

- Grandiosidad: El paciente se atribuye facultades especiales que le hacen sentirse por encima de los demás seres humanos. La asociación con estado anímico expansivo, consecuencia de sus vivencias delirantes, hace que este cuadro pueda ser confundido con un trastorno bipolar. Sin embargo, la estructura de las ideas delirantes, la ausencia de los trastornos del curso de pensamiento (aceleración, fuga de ideas), el inicio tardío y la evolución crónica, sin crítica de sus contenidos delirantes, son datos para el diagnóstico diferencial.

- Celotípico: También denominado síndrome de Otelo. El tema central de la temática delirante es la infidelidad de la pareja. Se basa en inferencias erróneas y pruebas minuciosas que la paciente trata de reunir para argumentarlas frente a su pareja como prueba de la infidelidad.

- Persecutorio: Se trata del subtipo más frecuente en los trastornos de ideas delirantes. El paciente se cree perseguido por personas y objeto de conspiraciones ocultas. Llegan a establecer una verdadera sistemática delirante a partir de las pruebas e indicios, que recogen de cualquier acontecimiento banal, que se produce en su entorno. Se han descrito en estos pacientes rasgos de personalidad premórbida caracterizados por sentimientos de baja autoestima.

- Somático o hipocondríaco: Existe la convicción delirante en estos pacientes de padecer una enfermedad física, frente a toda evidencia de lo contrario. Pueden tomar diferentes temas, como el delirio de dermatozoos (estar invadido de parásitos en la piel), dismorfofobias (deformidad física), etc.

Evolución y pronóstico
La literatura sobre el tema ha venido defendiendo el buen pronóstico de la paranoia frente a la esquizofrenia, en el sentido de una mejor recuperación funcional y social. Sin embargo, es puesta en duda la buena evolución de los trastornos delirantes por algunos autores…

Como factores de buen pronóstico se señalan:

- El sexo femenino.

- La buena adaptación social y laboral premórbida.

- El inicio antes de los 30 años.

- Un comienzo agudo, con presencia de factores precipitantes y breve duración del episodio.

- En cuanto al tipo de delirio parece que el persecutorio es el de mejor pronóstico.

- La intervención precoz parece relacionarse también con un mejor pronóstico.

Epidemiología
La estimación sobre la prevalencia del trastorno delirante es de escasa fiabilidad. La heterogeneidad de los criterios utilizados en distintos países hace que queden a veces solapados con la esquizofrenia o con las psicosis delirantes crónicas.

Generalmente, la edad de inicio del trastorno delirante es a mediados de la edad adulta o algo después, pero puede aparecer a una edad más temprana.

El curso es muy variable. El trastorno suele ser crónico, especialmente en el tipo persecutorio, aunque a menudo se producen oscilaciones en cuanto a la intensidad de las creencias delirantes.

En otros casos puede haber largos períodos de remisión, seguidos de recaídas. No obstante, también el trastorno puede remitir en unos pocos meses, a menudo sin recaídas.

Algunos estudios han encontrado que el trastorno delirante es más frecuente en familiares de sujetos con esquizofrenia de lo que sería esperable por azar, mientras que otros estudios no han encontrado una relación familiar entre el trastorno delirante y la esquizofrenia. Hay datos que indican que los trastornos paranoide y por evitación de la personalidad pueden ser especialmente frecuentes entre los familiares biológicos de primer grado de los sujetos con trastorno delirante.

Tratamiento
La mayor dificultad en el tratamiento de los trastornos delirantes radica en la escasa conciencia de enfermedad de quienes los padecen. En consecuencia, suelen ser reacios a pedir ayuda médica y, cuando acceden a los servicios sanitarios de forma involuntaria, su tendencia es mantener una escasa adherencia al tratamiento.

Los datos sobre eficacia del tratamiento farmacológico en estos trastornos son escasos. El clínico tiene que recurrir a la extrapolación de las evidencias sobre tratamiento de la esquizofrenia. En este sentido, parece que los antipsicóticos, en general, pueden ser eficaces en la reducción de la sintomatología delirante.

No hay datos que demuestren la eficacia de ninguna modalidad de psicoterapia. En principio, lo más recomendable es iniciar una relación terapéutica, con el objetivo de conseguir la confianza y colaboración del enfermo.


Bibliografía:
Munro A. Trastornos y síntomas delirantes. En: Gelder MG, López-Ibor JJ, Andreasen N. Editores. Tratado de Psiquiatría. Barcelona: Ars Medica; 2005.
Alonso-Fernández F. Fundamentos de la psiquiatría actual. Madrid: Paz Montalvo; 1977.
Sánchez P, Elizagárate E, Eguíluz I. Trastorno delirante crónico. En: Roca M. Coordinador. Trastornos psicóticos. Barcelona: Ars Médica; 2007.
Bleuler E. Demencia precoz. El grupo de las esquizofrenias. Buenos Aires: Paidós; 1960.
Jaspers K. Psicopatología general. 4ª ed. Buenos Aires: Beta; 1975.
Chinchilla A. Las esquizofrenias. Sus hechos y valores clínicos y terapéuticos. Barcelona: Elsevier Doyma S.L.; 2007.
Krestchmer E. El delirio sensitivo de referencia. Fundación Archivos de Neurobiología. Madrid: Triacastela; 2000.
E y H. Estudios sobre los delirios. Madrid: Triacastela; 1998.
Wikipedia, enciclopedia libre...

 

lunes, 14 de marzo de 2011

EL CINTURÓN DE ASTEROIDES (1)


Es una región del sistema solar comprendida aproximadamente entre las órbitas de Marte y Júpiter.

Alberga multitud de objetos irregulares denominados asteroides o planetas menores.
Más de la mitad de la masa total del cinturón está contenida en los cuatro objetos de mayor masa: Ceres, Palas, Vesta e Higia.

El cinturón de asteroides se formó en la nebulosa protosolar junto con el resto del sistema solar.
Los fragmentos de material contenidos en la región del cinturón hubieran formado un planeta, pero las perturbaciones gravitacionales de Júpiter, produjeron que estos fragmentos colisionaran entre sí a grandes velocidades y no pudieran agruparse, resultando en el residuo rocoso que se observa en la actualidad.

Una consecuencia de estas perturbaciones son los huecos de Kirkwood, zonas donde no se encuentran asteroides, debido a resonancias orbitales con Júpiter, y sus órbitas se tornan inestables.

Si algún asteroide pasa a ocupar esta zona es expelido en la mayoría de los casos fuera del sistema solar, aunque en ocasiones puede ser enviada hacia algún planeta interior, como la Tierra, y colisionar con ella.

HISTORIA DE SU OBSERVACIÓN
En 1766, Johann Daniel Titius descubrió un supuesto patrón de distancia de los planetas al Sol, que sería acreditado por el astrónomo Johann Elert Bode en 1784.

Se conoce dicho patrón como la Ley de Titius-Bode que predice en aquel momento el semieje mayor de los 6 planetas que se conocían por entonces (Mercurio, Venus, Tierra, Marte, y Saturno).
Cuando en 1781 William Herschel descubrió Urano, coincidió casi perfectamente con lo predicho en esta ley.

La ley de Titius- Bode, mediante cálculos matemáticos se aproxima de manera casi exacta en su prediccion a la distancia en UA al Sol de Mercurio, Venus, Marte, Saturno, y Urano, a la vez que predice con exactitud las distancias de la Tierra y Júpiter.

Faltaba para completar la secuencia, un planeta a 2,8 UA del Sol, y en su búsqueda se formó un grupo de astrónomos denominados la "policia celestial" donde se encontraban, entre otros, William Herschel, Charles Messier, Johann Elert Bode.
Sin embargo, sería un astrónomo no perteneciente a este grupo ( Giuseppe Piazzi) quien descubriera dicho planeta buscado el 1 de Enero de 1801, al que llamó Ceres.

Quince meses después, el 28 de Marzo de 1802, Heirich Olbers descubrió un segundo objeto en la región al que llamó Palas, cuyo semieje mayor también coincidia con la ley de Titius-Bode aunque con excentricidad e inclinación distintas a Ceres.

Surgió el desconcierto porque tanto Palas como Ceres se ajustaban a a lo predicho por la ley de Titius-Bode, cuando dicha ley no permitía dos objetos en el mismo sitio.
Así las cosas, William Herschel propuso denominar asteroides a Ceres y Palas.
En pocos años, los astrónomos descubrieron dos nuevos objetos más (Juno y Vesta).

Ya en 1845 en la misma zona se descubrió Astrea, y a partir de entonces, comenzaron a descubrirse multitud de estos objetos a medida que los telescopios se hacían más potentes.

Con el descubrimiento del planeta Neptuno en 1846, la ley de Titius-Bode comenzó a perder fuerza entre comunidades de astrónomos, pues este planeta no la cumplia.
En la actualidad dicha ley se toma por una mera casualidad sin ninguna justificación teórica, aunque algunos trabajos muestran que las leyes de Képler podrian tener cierta correlación con la ley de Titius-Bode.

El término " cinturón de asteroides" se comenzó a utilizar para 1850.

En 1868 se conocian un centenar de asteroides, en 1923 el número descubierto sobrepasaba los 1000, en 1981 los 10.000, en 2.000 los 100.000, y en la actualidad se habla de cerca de 400.000.

Destaca el astrónomo español José Comás y Solá que descubrió 11 asteroides, entre los que se encuentran (804) Hispania, y (945) Barcelona.

ORIGEN, FORMACIÓN Y EVOLUCIÓN
En general, se cree que el sistema solar se formó a partir de una nebulosa primitiva, compuesta por gas y polvo, que colapsó bajo influencia gravitatoria formando un disco de material en rotación.

Mientras, en el centro donde se formaría el Sol, la densidad aumentaba con rapidez, en las regiones externas del disco se formaron granos sólidos de pequeño tamaño que, con el tiempo, fueron agrupándose mediante procesos de acreción y colisión para formar los planetas.

Los planetesimales que se encontraban en la región donde actualmente se encuentra el cinturón de asteroides fueron perturbados gravitacionalmente por Júpiter.

Dicho planeta provocó que una determinada parte de los planetesimales adquiriera excentridades e inclinaciones muy elevadas, acelerándose a altas velocidades, lo que causó que colisionaran entre ellos, y por tanto, en vez de agruparse para formar un planeta se disgregaron en multitud de residuos rocosos; los asteroides.

Una gran parte fueron eyectados fuera del sistema solar, sobreviviendo solamente el 1% de los asteroides iniciales.

Se cree que el cinturón de asteroides actual contiene solamente una fracción de la masa del cinturón primitivo.

Debido principalmente a perturbaciones gravitatorias, la mayoría del material fue expelido del cinturón durante los primeros años de formación.

Se cree que parte del material expulsado podría encontrarse en la nube de Oort. Desde su formación, el tamaño típico de los asteroides ha permanecido relativamente estable y no ha habido aumentos o disminuciones significativas.

En cuanto a sus características, está en su mayor parte vacío.
Aunque actualmente se conocen cientos de miles de estos cuerpos celestes, se calcula que el cinturón alberga varios millones de asteroides.

TAMAÑOS
La masa total del cinturón de asteroides se estima en un equivalente a un 4% la masa de nuestra Luna (un 0,06 de la masa terrestre).

Los cuatro cuerpos principales del cinturón suman la mitad de la masa..
Ceres, el más grande, equvale a un tercio de la masa total con un radio de 475 km.
Le sigue Vesta que es la mitad del tamaño de Ceres.

Se conocen unos 1.000 asteroides con un radio mayor de 15 km, y se estima que el cinturón podría albergar cerca de medio millón de asteroides con radios mayores a 1,6 km.


Dejamos aquí esta entrada, dedicada al cinturón de asteroides con un vídeo-documental.




La próxima entrada continuaremos con el cinturón de asteroides y entre otros apartados analizaremos su composición, órbitas y objetos principales.


Bibliografia:
Blair, Edward C. (2002) (en inglés). Asteroids: overview, abstracts, and bibliography. Nova Publishers. Britt, Daniel T.; Colsolmagno, Guy; Lebofsky, Larry (2007). «Main-Belt Asteroids». En McFadden, L.A.; Weissman, P.R.; Johnson, T.V. (en inglés). Encyclopedia of the solar system (2ª edición). Academic Press. Kovács, József (2004). «The discovery of the first minor planets». En Balázs, L.G. et ál. (en inglés). The European scientist: symposium on the era and work of Franz Xaver von Zach (1754-1832). 24, Acta Historica Astronomiae. Harri Deutsch Verlag. Lang, Kenneth R. (2003). «13. Asteroids and meteorits» (en inglés). The Cambridge Guide to the Solar System. Cambridge University Press. Lewis, John S. (2004). «Meteorites and Asteroids» (en inglés). Physics and chemistry of the solar system (2ª edición). Academic Press. Martínez, V.J.; Miralles, J.A.; Marco, E.; Galadí-Enríquez, D. (2005). Astronomía fundamental (1ª edición). Universitat de Valencia. Marvin, Ursula B. (2006). «Meteorites in history: an overview from the Renaissance to the 20th century». En McCall, G.J.H. et ál. (en inglés). The history of meteoritics and key meteorite collections: fireballs, falls and finds. Geological Society.
Gibilisco, Stan (1991). Cometas, meteoros y asteroides: cómo afectan a la Tierra (1ª edición). McGraw-Hill / Interamericana de España, S.A..
López de Lacalle, Silbia (2008). «El complejo cinturón de asteroides» (pdf). Revista Información y Actualidad Astronómica.Bachiller, Rafael (2009). elmundo.es (ed.): «1801. El descubrimiento de los 'planetas' diminutos».ALDA (ed.): «Asteroides» (2009).Wikipedia, la enciclopedia libre. 

 

jueves, 10 de marzo de 2011

TRASTORNO DE IDENTIDAD DISOCIATIVO


El trastorno de identidad disociativo, (anteriormente llamado trastorno de personalidad múltiple), se caracteriza por la existencia de dos o más identidades o estados de personalidad en un solo individuo y en la que se producen episodios de amnesia, la cual consiste en la incapacidad de recordar información personal relevante debido a que se trata de acontecimientos que han ocurrido cuando otra de las identidades tenía el control. Estos lapsos de memoria pueden ser de memoria remota o de memoria reciente.

Las identidades más pasivas tienden a mostrar recuerdos más limitados, mientras que las más hostiles, controladoras y protectoras son capaces de mostrar recuerdos más completos. Sin embargo, una identidad que no esté actuando puede llegar a la conciencia (mediante alucinaciones visuales y auditivas; p. Ej., una voz que da órdenes...) La forma de confirmar la amnesia se produce mediante explicación dada por sus familiares y amigos, a través de los comportamientos observados o por los propios descubrimientos del individuo (p. Ej., encontrar un objeto que él no recuerda haber comprado)... Puede existir pérdida de memoria no sólo durante períodos de tiempo recurrentes, sino también una pérdida total de la memoria correspondiente a gran parte de la infancia.

En ocasiones, el estrés psicosocial produce la transición de una identidad a otra. El tiempo que se requiere para pasar de una identidad a otra es normalmente de unos segundos, pero algunas veces este cambio se realiza gradualmente.

El trastorno de identidad disociativo refleja un fracaso en la integración de varios aspectos de la identidad, la memoria y la conciencia. Cada personalidad se vive como una historia personal, una imagen, una identidad e incluso un nombre distintos.

Normalmente, hay una identidad primaria con el nombre del individuo, que es pasiva, dependiente, culpable y depresiva. Las identidades alternantes poseen usualmente diferentes nombres y rasgos que difieren o desentonan con la identidad primaria (p. Ej., son hostiles, dominantes y autodestructivas).

En situaciones muy concretas el individuo puede asumir determinadas identidades que pueden diferenciarse en la edad, el sexo, el vocabulario, los conocimientos generales y el estado de ánimo. Las identidades alternantes se presentan como si se controlaran secuencialmente, una a expensas de la otra, pudiendo negar el conocimiento entre ellas, ser críticas unas con otras e incluso entrar en conflicto abierto. De forma ocasional, una o algunas de las identidades más poderosas pueden planificar el tiempo ocupado por las otras...

El trastorno de identidad disociativo parece estar causado por la interacción de varios factores:
- Estrés insoportable, como el haber sufrido abusos físicos o psicológicos durante la niñez.
- Habilidad para separar los propios recuerdos, percepciones o identidades del conocimiento consciente (capacidad disociativa).
- Antes de tener una visión unificada del yo y de los otros se puede consolidar sólidamente un desarrollo anormal.
- Una deficiente protección y atención durante la niñez.

Por lo general las personas con trastorno de identidad disociativo narran haber padecido abusos físicos y sexuales durante la infancia, cometido por uno de los padres u otro miembro de la familia... utilizando dicho trastorno como mecanismo de defensa para poder sobrellevar el dolor y el miedo provocado por estos hechos. Siendo más grave aún, en aquellos niños cuyo padre / madre... además de abusar sexualmente de ellos, es capaz de mostrarles amor y protección de manera simultánea, con lo que una forma de escapar del abuso continuado es a través de la disociación (como hemos dicho anteriormente como mecanismo de defensa), estas personas suelen ser hipnotizables y especialmente vulnerables a todo lo que pueda provocar sugestión...

Indicando que, no todas las personas son capaces de disociar, y éstas en concreto, siendo víctimas de abuso continuado, pueden desarrollar un trastorno de estrés postraumático (este trastorno suele ser la respuesta a un único episodio de abuso), depresión recurrente, ideación suicida (ambos como indicios de abuso sexual recurrente...) o psicosis.

Hay que señalar, que el haber tenido un episodio disociativo como respuesta a un trauma, no se tiene por qué desarrollar un trastorno de identidad disociativo, para lo cual es necesario que dicho trauma sea repetido a lo largo del tiempo.

Es un trastorno que aparece en la infancia, nunca en la edad adulta, aunque persiste durante la edad adulta.

El trastorno de identidad disociativo parece tener un curso clínico variable, que tiende a ser crónico y recidivante. Es un trastorno del desarrollo con una base postraumática, que generalmente comienza después de los 6 años de edad. Se han descrito tanto cursos episódicos como continuos. El trastorno puede ser menos manifiesto cuando los individuos tienen más de 40 años, pero puede volver a aparecer durante los episodios de estrés, durante los acontecimientos traumáticos o durante el abuso de sustancias...

Criterios diagnósticos según el DSM-IV del Trastorno de Identidad Disociativo
A. Presencia de dos o más identidades o estados de personalidad (cada una con un patrón propio y relativamente persistente de percepción, interacción y concepción del entorno y de sí mismo).
B. Al menos dos de estas identidades o estados de personalidad controlan de forma recurrente el comportamiento del individuo.
C. Incapacidad para recordar información personal importante, que es demasiado amplia para ser explicada por el olvido ordinario.
D. El trastorno no es debido a los efectos fisiológicos directos de una sustancia (p. Ej., comportamiento automático o caótico por intoxicación alcohólica) o a una enfermedad médica (p. Ej., crisis parciales complejas).

Nota: En los niños los síntomas no deben confundirse con juegos fantasiosos o compañeros de juego imaginarios.

Diagnóstico diferencial
El trastorno de identidad disociativo debe diferenciarse de:
- Los síntomas debidos a los efectos fisiológicos directos de una enfermedad médica (p. Ej., epilepsia).

- De síntomas disociativos debidos a crisis parciales complejas. Las crisis comiciales suelen ser generalmente breves (desde 30 seg. hasta 5 min.) y no presentan la estructura compleja y resistente de las identidades y del comportamiento que se observa en el trastorno de identidad disociativo, a pesar de que los dos trastornos pueden manifestarse al mismo tiempo. Siendo poco usual encontrar antecedentes de abusos físicos y sexuales en las personas con crisis parciales complejas.

- Los síntomas debidos a los efectos fisiológicos directos de una sustancia pueden diferenciarse del trastorno de identidad disociativo por el hecho de que la sustancia (p. Ej., drogas o fármacos) se considera etiológicamente relacionada con la alteración.

- El diagnóstico de trastorno de identidad disociativo debe prevalecer sobre el de amnesia disociativa, fuga disociativa y trastorno de despersonalización. Los individuos con trastorno de identidad disociativo puede diferenciarse de los individuos en trance o con síntomas «de posesión» que serían diagnosticados de trastorno disociativo no especificado) por el hecho de que éstos explican que espíritus y seres ajenos han entrado en su cuerpo y poseen el control absoluto de sus actos.

- Existe controversia a la hora de establecer el diagnóstico diferencial entre el trastorno de identidad disociativo y otros trastornos mentales, como la esquizofrenia y otros trastornos psicóticos, el trastorno bipolar, con ciclación rápida, los trastornos de ansiedad, los trastornos de somatización y los trastornos de la personalidad. Los factores que pueden facilitar el diagnóstico del trastorno de identidad disociativo son una clara sintomatología disociativa, con cambios de identidad repentinos, amnesia reversible y puntuaciones elevadas en los tests de disociación e hipnotizabilidad en individuos que no manifiestan síntomas propios de otro trastorno mental.

- El trastorno de identidad disociativo debe diferenciarse de la simulación en las situaciones en las que puede obtenerse un beneficio económico o legal y de los trastornos facticios (en los que se puede observar un comportamiento de búsqueda de ayuda).

Tratamiento
La evaluación se debe realizar con pruebas psicológicas, historia clínica personal y familiar, antecedentes médicos y evaluación física para descartar otros trastornos que pudieran dar síntomas similares.

El paciente con trastorno de identidad disociativo requiere psicoterapia, con frecuencia facilitada por la hipnosis (el médico utiliza la hipnosis con frecuencia para tener acceso a las personalidades, facilitar la comunicación entre ellas, estabilizarlas e integrarlas. La hipnosis también se usa para reducir el impacto doloroso de los recuerdos traumáticos).

Se pueden emplear un amplio rango de psicoterapias, incluso cognitiva-conductual, psicodinamica, de apoyo, hipnoterapia, para ayudar al paciente con estas tareas. Quizás sean necesarias las intervenciones familiares, matrimoniales, sociales y educativas. La terapia de grupo homogéneo para pacientes con este trastorno puede ser efectiva si se estructura de manera cuidadosa para enfocarse en la adaptación actual a la vida y no a los traumas pasados. Las terapias expresivas como la artística y la danza suelen ser de utilidad para los pacientes.

Los síntomas pueden ir y venir de modo natural, pero el trastorno no desaparece por sí mismo. El tratamiento puede aliviar algunos síntomas específicos pero no tiene efectos sobre el trastorno en sí mismo.

El tratamiento de estos pacientes en psicoterapia suele ser largo, siendo su objetivo final la integración de los datos que se han perdido u omitido dentro de las lagunas de olvidos.

En cuanto al tratamiento farmacológico, aún no cuenta con fármacos específicamente dirigidos a esta enfermedad, y muchos de los síntomas han sido relativamente resistentes al tratamiento. Por lo que, la medicación se dirige al apoyo con los síntomas depresivos, problemas de sueño, ansiedad, problemas alimenticios o síntomas psicóticos.

También resulta básico el apoyo del entorno familiar para el avance de éstos pacientes, ofreciéndoles apoyo terapéutico, comprensión y afecto.

El pronóstico depende de los síntomas y de las características del trastorno. Aquellas personas que tienen principalmente síntomas disociativos y características postraumáticas, es decir, que además de sus problemas de memoria e identidad, también experimentan ansiedad acerca de acontecimientos traumáticos y el hecho de revivirlos y recordarlos; suelen recuperarse por completo con el tratamiento.

Sin embargo, las que presentan de forma adicional trastornos psiquiátricos graves, como trastornos de la personalidad, afectivos, alimentarios y de abuso de drogas; el tratamiento puede tener menos éxito, la mejoría suele ser más lenta, debe ser más largo y pueden aparecer más crisis...


Damos por finalizada esta entrada con un interesante video sobre el trastorno de identidad disociativo.




BIBLIOGRAFÍA:
Bleichmar, H., "Mecanismos de Defensa". En: Vidal, G., Alarcón, R.,Lolas F. (Eds). Enciclopedia Iberoamericana de Psiquiatría. Tomo III. Argentina, Editorial Médica Panamericana, 1995.
González, A. (2004). Diagnóstico de los Trastornos Disociativos.
González, A. (2008). Tratamiento de los Trastornos Disociativos.
Sar, V. (2006). El ámbito de los trastornos disociativos: una perspectiva internacional. Psychiatr Clin N Am 29, 227-244. Publicado en castellano como parte del libro “Trastornos disociativos: una ventana abierta a la psicobiología de la mente”. 2007. Ed. Masson.
Van der Hart, O; Nijenhuis, E, Steele, K. (2008). El yo atormentado: La disociación estructural y el tratamiento de la traumatización crónica. Bilbao: Ed. Desclée de Brouwer.
Steinberg, M. (2002). ¿Quién soy yo realmente?. La disociación, un trastorno tan frecuente como la ansiedad y la depresión. Ed. Javier Vergara. (descatalogado). Versión inglesa: “The Strange in the Mirror”.
Wikipedia, enciclopedia libre...