martes, 31 de mayo de 2011

TRASTORNO DE LA TOURETTE


El trastorno de la Tourette es una alteración que dura toda la vida y que comprende tics vocales y motores múltiples. Si están presentes durante menos de un año tics vocales y motores, se diagnostica como un trastorno por tics transitorio; pasado un año, el diagnóstico es el trastorno de la Tourette.

Se encuentra encuadrado dentro de los Trastornos de inicio en la infancia, la niñez o la adolescencia del DSM-IV-TR, cuyos criterios diagnósticos son los siguientes:

A. En algún momento a lo largo de la enfermedad ha habido tics motores múltiples y uno o más tics vocales, aunque no necesariamente de modo simultáneo, (un tic es una vocalización o movimiento súbito, rápido, recurrente, no rítmico y estereotipado).

 
B. Los tics aparecen varias veces al día (habitualmente en oleadas) casi cada día o intermitentemente a lo largo de un período de más de 1 año, y durante este tiempo nunca hay un período libre de tics superior a más de 3 meses consecutivos.
 
C. El trastorno provoca un notable malestar o deterioro significativo social, laboral o de otras áreas importantes de la actividad del individuo.
 
D. El inicio es anterior a los 18 años de edad.

E. La alteración no se debe a los efectos fisiológicos directos de un fármaco (p. Ej., estimulante) o de una enfermedad médica (p. Ej., enfermedad de Huntington o encefalitis posvírica).

Descripción clínica
La edad de inicio del trastorno de la tourette se sitúa entre los 2 y los 13 años de edad. Siendo la edad promedio de inicio de los tics motores a los 7 años, son en principio evidentes, con una progresión rostro-caudal a lo largo del tiempo (la cabeza antes que el tronco y de los miembros). Pueden aparecer síntomas obsesivo-compulsivos alrededor de los 5 a 10 años.

Los tics vocales pueden iniciarse como una sílaba aislada, progresar hacia exclamaciones más largas... La coprolalia, un tic vocal complejo que entraña la pronunciación de obscenidades, se observa en unos pocos individuos con una aparición típica en la adolescencia temprana. La copropraxia (gestos obscenos complejos) puede aparecer más tarde, mientras se resuelve la coprolalia.

Los tics motores complejos aparecen sin una finalidad concreta; incluyen tocar, agacharse, doblar las rodillas, dar giros al caminar... Aproximadamente en la mitad de los sujetos con este trastorno los primeros síntomas que aparecen son episodios de un tic simple, principalmente parpadeo, y con menos frecuencia tics que afectan otras partes del rostro o del cuerpo. Algunas veces estos tics motores complejos pueden ser autodestructivos (arañarse o cortarse) o violentos (explosiones emocionales, ataques).

En la mayor parte de los casos, la gravedad, frecuencia y variabilidad de los síntomas disminuyen durante la adolescencia y la vida adulta. En otros casos, los síntomas desaparecen por completo, usualmente al iniciarse la vida adulta. El trastorno suele durar toda la vida, aunque puede haber períodos de remisión que duran semanas o años.

Síntomas y trastornos asociados
Los síntomas más frecuentemente asociados al trastorno de la Tourette son las obsesiones y compulsiones. También son relativamente comunes la hiperactividad, la distraibilidad y la impulsividad.
Con frecuencia se observa malestar social, vergüenza, excesiva autoobservación y humor depresivo.

La actividad social, académica y laboral puede estar afectada por el rechazo manifestado por otras personas o por la ansiedad experimentada al darse los tics en situaciones sociales.

En los casos graves de trastorno de la Tourette, los tics pueden interferir directamente las actividades cotidianas (p. Ej., leer o escribir). El trastorno de la Tourette conlleva a veces complicaciones raras entre las que se incluyen daños físicos, por ejemplo, ceguera debida a desprendimiento de retina (por cabezazos o golpes autolesivos), problemas ortopédicos (por flexiones de rodillas, sacudidas del cuello, o giros cefálicos) y problemas dérmicos (por pellizcos).

Se ha descrito comorbilidad con otros trastornos como: Trastorno Obsesivo Compulsivo, Trastorno por Déficit de Atención / Hiperactividad y con los trastornos de aprendizaje. Aunque los resultados de los estudios son contradictorios, también se ha sugerido que coexista con los trastornos depresivos y ansiosos.

Patrón familiar
La vulnerabilidad al trastorno de la Tourette y a otros trastornos afines se transmite según un patrón autosómico dominante. La vulnerabilidad implica que el niño recibe la base genética o constitucional para desarrollar un trastorno de tics; el tipo o la gravedad concretas del trastorno pueden ser diferentes de una a otra generación. Indicar que no todos quienes heredan la vulnerabilidad genética manifestarán los síntomas de un trastorno de tics.

En un 10 % de sujetos con trastorno de la Tourette no hay pruebas de la existencia de un patrón familiar. Los sujetos con estas formas "no genéticas" de trastorno de la Tourette o de otro trastorno de tics suelen padecer otro trastorno mental (p. Ej., trastorno generalizado del desarrollo) o una enfermedad médica (p. Ej., un trastorno convulsivo).

Diagnostico diferencial
Deben distinguirse otros tipos de movimientos anormales (p. Ej., distonías, disquinesias, coreas, atetosis...) y las enfermedades neurológicas en las cuales estos movimientos son característicos, como la corea de Huntington, la corea de Sydenham, la enfermedad de Parkinson y la enfermedad de Wilson. También deben distinguirse de compulsiones, manierismos y movimientos estereotipados. Se diferencia de los movimientos estereotipados por la naturaleza voluntaria de éstos y porque no causan malestar subjetivo como los tics.

Muchos pacientes con Trastorno de la Tourette tienen hallazgos en el electroencefalograma anormales, pero inespecíficos. El escáner y la resonancia magnética del cerebro, no evidencian lesiones estructurales específicas.

Tratamiento
El tratamiento del trastorno de la tourette, se debe abordar de forma multidisciplinaria...

Los objetivos del tratamiento farmacológico son exclusivamente sintomáticos, es decir, tratar el síntoma pero no la causa. Algunos pacientes que necesitan fármacos para reducir la frecuencia e intensidad de los tics pueden ser tratados con fármacos neurolépticos como haloperidol, clonidina y pimocida... éstos se administran usualmente en dosis muy pequeñas, las cuales se aumentan lentamente hasta que se logra el mejor equilibrio posible entre los síntomas y los efectos secundarios.

Los objetivos de la psicoterapia, es poder ayudar a la persona o a la familia a manejar no sólo el trastorno sino también los problemas sociales y emocionales que ocurren a veces. Algunas terapias de comportamiento pueden enseñar a sustituir un tic por otro que sea más aceptable. Señalamos algunas técnicas:

La relajación y el biofeedback, el objetivo principal del biofeedback, es dar a conocer al paciente acerca de los procesos fisiológicos de los que ordinariamente no es consciente, haciendo posible que de este modo sea capaz de controlarlos o modificarlos, ambas pueden ser útiles para aliviar el estrés que puede provocar un aumento de los síntomas de los tics.

Los grupos de apoyo permiten que las familias intercambien sus ideas y sentimientos en relación a sus problemas comunes.

La terapia en familia ayuda a que los padres de niños con este trastorno piensen y comprendan la diferencia entre comprensión y sobreprotección, se les anima para que den a sus hijos la oportunidad de conseguir tanta independencia como sea posible, y mientras tanto, suave pero de modo firme, limitando los intentos de algunos niños de utilizar sus síntomas para controlar a aquellos que les rodean.

La técnica de inversión de hábito es la terapia más efectiva y eficiente para el paciente y para otras personas significativas. Su objetivo es enseñar un hábito deseable, y que dadas las condiciones de este trastorno, deje de provocar un notable malestar o deterioro significativo, social, laboral o de otras áreas importantes de la actividad del individuo. Esta técnica incluye los siguientes componentes:
- Autorregistro de los tics.
- Revisión en detalle de los inconvenientes de los tics.
- Descripción y detección de los tics.
- Identificación de las sensaciones asociadas con los tics.
- Identificación de las situaciones que afectan a la ocurrencia de los tics.
- Aprender a relajarse.
- Aprender y practicar las reacciones incompatibles con los tics.
- Ensayo del control de los tics.
- Apoyo social.
- Exhibición de la mejoría.
... ...

Bibliografía:
Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (DSM-IV). Barcelona: Masson, S. A
Anderson, P.,( May, 1996). Obsessive Compulsion and Tic Linked to Sore Throats. The Medical Post.
Bados, A. & Vilert, J. (1991). Tics: revisión general y estudio de un caso infantil. En F. X. Méndez & D. M. Antón, (Eds) Modificación de la conducta con niños y adolescentes; libro de casos. Madrid: Ediciones Pirámide S. A.
Bados, A. (1995). Los tics y sus trastornos: Naturaleza y tratamiento en la infancia y adolescencia. Madrid: Ediciones Pirámide S. A.
Burden, G. (July, 1996) The Imperial Gene. The Medical Post.
Capponi, R. (1987) Psicopatología y Semiología Psiquiátrica Santiago: Editorial Universitaria.
Carrobles, J. A., Godoy, J. (1987). Biofeedback. Barcelona: Ed. Martínez Roca.
Gomberoff, L., & Olivos, P. (Eds.). (1986) Manual de Psiquiatría. Santiago: Mediterráneo.
Wikipedia, enciclopedia libre... ...


viernes, 27 de mayo de 2011

LA LUNA (3)

ATMÓSFERA
La Luna tiene una atmósfera insignificante dada su baja gravedad, incapaz de retener moléculas de gas en su superficie.
Se desconoce la totalidad de su composición.

El programa Apolo identificó átomos de helio y argón, y más tarde (en 1988), observaciones desde la Tierra añadieron iones de sodio y potasio.
La mayor parte en su superficie provienen de su interior.

La agitación térmica de las moléculas de gas viene inducida por la radiación solar y por las colisiones aleatorias entre las propias partículas atmosféricas.

Si la Luna tuvo antaño una atmósfera, las moléculas más rápidas pudieron escapar de ella para, inducir a las restantes a aumentar su velocidad, acelerando así el proceso de pérdida atmosférica. Se calcula que la desaparición completa de la hipotética atmósfera lunar debió realizarse a lo largo de centenares de millones de años.

Para que la tenue atmósfera lunar cualquier pequeño cambio puede ser importante. La sola presencia de astronautas altera localmente su presión y composición al enriquecerla con los gases expirados por ellos.
La atmósfera lunar recibe aportaciones de partículas solares durante el día, que cesa al llegar la noche.

La ionosfera que rodea a nuestro satélite tiene un escaso número de partículas ionizadas, así como presencia de electrones poco energéticos.
También se ha determinado una cola de sodio compuesta por vapores que se desprenden de nuestro satélite de forma similar a como lo hacen los gases de los cometas.

La ausencia de aire y vientos, impide que se erosione la superficie y que transporte tierra y arena, alisando y cubriendo sus irregularidades.
Al no haber aire, no se transmite sonido. Al no tener atmósfera, la superficie lunar no tiene ninguna protección con respecto al bombardeo esporádico de cometas y asteroides.

ORIGEN DE LA LUNA
La mejor explicación de su formación es que ésta se originó a partir de los pedazos que quedaron tras una cataclísmica colisión con un protoplaneta del tamaño de Marte en los albores del sistema solar.

La enorme energía suministrada por el choque fundió la corteza terrestre al completo y arrojó gran cantidad de restos incandescentes al espacio.

Con el tiempo, se formó un anillo de roca alrededor de nuestro planeta hasta que por acreción (crecimiento por agregación de cuerpos menores) se formó la Luna.

Inicialmente, su órbita era mucho más cercana que la actual y el día terrestre era mucho más corto ya que la Tierra rotaba más deprisa.

Durante cientos de millones de años, la Luna ha estado alejándose lentamente de la Tierra.

Tras su formación, la Luna experimentó un período cataclísmico, datado en torno a hace 3.800-4000 millones de años, en el que la Luna y los otros cuerpos del sistema solar interior sufrieron impactos de grandes asteroides. Dicho período, se conoce como bombardeo intenso tardío, y formó la mayor parte de los cráteres observados en la Luna.

GEOLOGÍA LUNAR
El conocimiento de la geología lunar aumentó significativamente a partir de los años sesenta con misiones tripuladas y automatizadas.
De todas maneras, quedan muchas preguntas por responder y que serán contestadas con la instalación de futuras bases permanentes.

El paisaje lunar está caracterizado por la presencia de cráteres de impacto, el material eyectado por estos, algunos volcanes, depresiones rellenadas por el océano de magma, colinas y las marcas dejadas por los flujos de lava.

El aspecto más distintivo de la Luna es el contraste de zonas claras y oscuras.
Las zonas claras son las tierras altas y reciben el nombre de terrae y las planicies más oscuras llamadas maría.

Las tierras altas presentan la mayor cantidad de cráteres de impacto desde un diámetro de cerca de 1 metro hasta 1.000 km.

Los mares (maría) cubren cerca del 16% de la superficie lunar y fueron formados por coladas de lava que principalmente llenaron las enormes cuencas de impacto.

Aunque se piensa que en la actualidad la Luna no posee ninguna actividad volcánica, sí la tuvo en el pasado.
Quedan muchas dudas, como el saber porqué desaparecieron los volcanes y solamente se pueden apreciar conos de ceniza con depósitos de manto oscuro.
Otra duda es que si no existieron los volcanes ¿de dónde fue erupcionada la lava?.

La superficie lunar es de color gris y presenta una gran cantidad de fino sedimento producto de los innumerables impactos de meteoritos. Dicho polvo recibe el nombre de regolito lunar y su espesor varía de 2 metros en los mares más jóvenes hasta unos 20 metros en las superficies más antiguas de las tierras altas.
EL INTERIOR LUNAR Y LOS LUNAMOTOS

La Luna no posee tectónica de placas y por lo tanto no se renueva constantemente como la Tierra. Los temblores lunares (lunamotos) son mínimos y los más grandes (de magnitud 5) ocurren cerca de una vez por año.

La corteza lunar tiene un espesor de unos 70 km en el lado visible a unos 150 km en el lado oculto.
Los mares tienen cerca de 1 km de espesor.

Si bien la Luna no posee un campo magnético como la Tierra, sí lo tuvo en el pasado.
Las rocas lunares están magnetizadas, siendo las más antiguas las que presentan el mayor magnetismo.

Dejamos aquí esta entrada. En la próxima finalizaremos esta serie dedicada a la Luna, con lo referido a su observación y exploración.

Os dejamos con un vídeo-documental que nos habla de nuestro satélite.


BIBLIOGRAFÍA:
Spudis, P.D. (2004). «Moon». World Book Online Reference Center, NASA. «Space Topics: Pluto and Charon». The Planetary Society. «Planet Definition Questions & Answers Sheet». International Astronomical Union (2006).Kleine, T.; Palme, H.; Mezger, K.; Halliday, A.N. (2005). «Hf–W Chronometry of Lunar Metals and the Age and Early Differentiation of the Moon». Science Binder, A.B. (1974). «On the origin of the Moon by rotational fission». The Moon .Stroud, Rick (2009). The Book of the Moon. Walken and Company. Mitler, H.E. (1975). «Formation of an iron-poor moon by partial capture, or: Yet another exotic theory of lunar origin». Icarus Stevenson, D.J. (1987). «Origin of the moon–The collision hypothesis». Annual Review of Earth and Planetary Sciences.Taylor, G. Jeffrey (31 de diciembre de 1998). «Origin of the Earth and Moon». Planetary Science Research Discoveries. Canup, R.; Asphaug, E. (2001). «Origin of the Moon in a giant impact near the end of the Earth's formation». Comellas, José Luis. (1996). Guía del Firmamento. "Sexta edición". Editorial Rialp. Chong, S. M.; Lim, A. C. H.; Ang, P. S.; Galadí-Enríquez, David; (2003). Atlas fotográfico de la Luna. Cambridge University Press.(Recomendable para observadores aficionados de la Luna)Rükl, Antonin. (1991). Atlas of the Moon. Paul Hamlyn Publishing. (El libro más recomendable para observadores aficionados que desean conocer la cartografía lunar).Ben Bussey y Paul Spudis. (2004). The Clementine Atlas of the Moon. Cambridge University Press.Patrick Moore. (2001). On the Moon, Sterling Publishing Co.Paul D. Spudis. (1996). The Once and Future Moon. Smithsonian Institution Press. Wikipedia, la enciclopedia libre.


lunes, 23 de mayo de 2011

ENCOPRESIS


La encopresis funcional consiste en la evacuación en la ropa o en otros lugares inapropiados, tanto si es involuntario como intencionado y siempre que no se deba a una afección física, en cuyo caso se denominaría "incontinencia fecal", la cuál puede ser debida a lesiones anatómicas o enfermedades médicas como: malformación anal, traumatismos de ano, mielomeningocele,... etc.

Dicho patrón conductual debe estar presente al menos una vez al mes durante un mínimo de tres meses y la edad evolutiva del niño no debe ser inferior a los 4 años.

La encopresis puede ser primaria o continua (se considera que la edad normal de control se extiende hasta los 4 años); o puede ser secundaria o discontinua cuando aparece después de un tiempo de continencia; normalmente, entre los 4 y los 8 años de edad; siendo encopresis retentiva cuando va asociada a estreñimiento, el cual puede ser de intensidad variable (en unos casos intermitente y en otros llega a ser grave); y cuando no va asociada a estreñimiento, se denomina no retentiva.


Subtipos de encopresis

Encopresis retentiva
Está asociada a estreñimiento. Puede ser debida a una causa física que provoque dolor o bien dificultades para un adecuado vaciamiento de las heces del intestino grueso. Una fisura anal provoca una defecación dolorosa, el niño intentará evitar el dolor reteniendo las heces y esto puede desencadenar un estreñimiento.

También puede ser debida a enfermedades menos frecuentes como a enfermedad de Hirschsprung (es una obstrucción del intestino grueso debido al movimiento muscular impropio en el intestino), malformaciones anales, mielomeningocele (esta afección es un tipo de espina bífida; siendo unos de sus síntomas la pérdida del control de esfínteres), etc. Los factores emocionales están peor perfilados que los físicos, pero también están relacionados con el estreñimiento y con la encopresis.

Son factores importantes: el modo de entrenamiento de la defecación y la calidad de las relaciones con los padres; se considera que una mala relación paternofilial puede provocar que se viva el entrenamiento del control de esfínteres como coercitivo provocando en el niño una respuesta oposicionista que le conduce a evitar defecar cuando se le dice, reteniendo las heces. En las formas retentivas, el niño se mancha por igual tanto en su casa como en el colegio.

Encopresis no retentiva
No está asociada a estreñimiento. Las heces suelen ser de consistencia normal. Sobre las ropas hacen todo o parte de la deposición. Se puede encontrar en niños deficientemente cuidados y atendidos, que no han sido educados en el control de los esfínteres. En niños escolares puede asociarse a alteraciones en el aprendizaje. En niños con retraso mental moderado y grave pueden no alcanzar nunca el control de la defecación.

Cuando un niño lleva poco tiempo controlando esfínteres, una situación que le provoque una tensión en las emociones puede provocar un fallo en el control de esfínteres.

También puede haber episodios aislados de pérdida del control de la defecación que se encuadrarían dentro de una reacción adaptativa a un estrés agudo.

Los niños con formas agresivas de encopresis pueden ser de subtipo retentivo o no. Utilizan de forma deliberada las deposiciones como instrumento hostil dirigido a padres o educadores; se asocia a conducta oposicionista y desafiante. La interacción familiar también puede influir, ocurre bien en familias desorganizadas o caóticas, o bien en familias con funcionamientos obsesivos y excesivamente rígidos. Otro aspecto a investigar es si el niño puede estar siendo objeto de abuso sexual o violencia por parte de los iguales.

Se estima que aproximadamente el 1% de los niños de 5 años de edad presentan encopresis y que el trastorno es más frecuente en varones que en mujeres.

Causas de la encopresis
La encopresis es de causa funcional pero una serie de factores ambientales pueden estar presentes y promover el desarrollo de la misma así como su perduración, por tanto se trata de una complicada interrelación entre los factores psicológicos y fisiológicos.
- Escasa o inadecuada adquisición de hábitos higiénicos.
- Control de intestinos inadecuado.
- Ira, ansiedad, miedo y/o la combinación de todos.
- Problemas neurológicos: distractibilidad, atención breve, baja tolerancia a la frustración, hiperactividad, escasa coordinación.
- Miedo al inodoro y miedo a la defecación dolorosa.

Son muy frecuentes las causas de origen emocional, un niño bajo muchas presiones familiares puede expresar dicha disfunción con encopresis. El niño en este caso puede percibir la evacuación como una experiencia negativa y retener las heces por temor a las consecuencias de ensuciarse y lógicamente mientras más retenga peor serán las consecuencias.Es usual en niños autistas o con severos desórdenes emocionales.



Para realizar el diagnóstico se investigará acerca de antecedentes personales (ritmo intestinal desde el nacimiento, edad de aparición del problema, efecto de las medicaciones usadas anteriormente, problemas familiares, tensión psicosocial).
Antecedentes familiares de constipación (la constipación consiste en la eliminación de heces mediante deposiciones escasas, difíciles de expulsar o demasiado infrecuentes), diarrea, encopresis, otros antecedentes familiares.
Esquema de actuación ante un niño con encopresis:

Menores de 4 años:
1º. Descartar factores sociales.
2º. Tratamiento preventivo = tratamiento del estreñimiento (en caso de que exista) + tratamiento conductual + apoyo psicológico.
A. Si hay mejoría = continuación del tratamiento.
B. Falta de respuesta = reevaluar y descartar causas orgánicas.


Mayores de 4 años:
Tratamiento preventivo = tratamiento del estreñimiento (en caso de que exista) + tratamiento conductual + apoyo psicológico.
A. Si hay mejoría = continuación del tratamiento.
B. Falta de respuesta = reevaluar y descartar causas orgánicas.

Tratamiento
La terapia va dirigida a encontrar la causa y a utilizar técnicas para que el niño aprenda a controlar los esfínteres. La duración del tratamiento depende del niño y de su familia. Si además de la encopresis los niños sufren estreñimiento, deben seguir un tratamiento dietético.

Se les entrena en hábitos defecatorios y se utiliza una estrategia de recompensa, reforzamiento positivo y sobrecorrección.

En algunos casos en los que los niños experimentan algún tipo de miedo a defecar, se utilizan técnicas para disminuir la ansiedad, en cuyo caso, es muy normal que en el momento que desaparece la ansiedad, la encopresis también desaparece.
Para enseñar al niño a relajar el esfínter se utilizan técnicas de biofeedback.

En caso de recaídas, puede deberse a que no se ha acertado en las causas que los desencadenan, con lo que se trataría de buscar de nuevo la causa de la conducta afectada, revisarla y volver a comenzar el tratamiento.

Para que la encopresis no se constituya en demanda de atención, habría que considerar las siguientes dos normas necesarias, las cuales también permiten corregir el beneficio secundario:

1. No prestarle al niño atención en el momento de la encopresis, ni por causa de ella. No hacerle caso; ni siquiera para reconvenirle. Mostrarle una actitud de serena indiferencia y de neutralidad afectiva.

2. Imponerle, como norma inamovible, la obligación de responsabilizarse de la limpieza de su ropa cuando tenga problemas encopréticos. Ni siquiera será necesario que avise: simplemente, debe ir al lavabo o al fregadero y lavarse la ropa interior sucia después de haberse limpiado en el bidé y de haberse mudado.

Hay que tener en cuenta que la encopresis puede ser el síntoma de una depresión infantil. En muchas ocasiones, la sintomatología depresiva infantil incluye elementos acompañantes, aparentemente no depresivos, y que a veces son los más evidentes en la clínica; pudiendo ser la encopresis uno de ellos. Siempre, ante un caso de encopresis, es necesario evaluar el estado de ánimo y/o validar el diagnóstico explorando la respuesta a la medicación.

Bibliografía:
Howe AC, Walter CE. Tratamiento de la conducta para control de esfínteres, enuresis y encopresis. Clínicas Pediátricas de Norteamérica (ed esp) 1992.
Rodrigo M, Hernández R. Trastorno funcional del control de esfínteres: enuresis y encopresis. Monografías de Pediatría 2003.
Adel Abi-Hanna, Lake AM. Constipación y encopresis en la infancia. Pediatrics in Review (ed esp) 1998.
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