martes, 3 de enero de 2012

PSICOPATOLOGÍA & AGRESORES SEXUALES

La agresión sexual conlleva dos tipos de agresiones que se entremezclan, la violenta y la sexual:

- La conducta agresiva motivada por un sentimiento de ira, que refleja dificultades en el control de los impulsos o en la expresión de los afectos, y que se materializa en una violencia impulsiva.

- La conducta premeditada y planificada, la cual expresa una alto nivel de insatisfacción y no genera sentimientos de culpa, materializándose en violencia instrumental.

A pesar de que la conducta de agresión sexual es grave, en la mayoría de los casos los sujetos que la llevan a cabo NO sufren rasgos psicopatológicos, por lo que no se les pueden incluir de forma genérica como sujetos que padecen trastornos mentales.

Por lo que se puede afirmar que el perfil psicopatológico del agresor sexual no existe. Existen rasgos que, dentro de una población, pueden explicar una parte proporcional de su conducta agresiva sexual. Con lo que dentro de la violencia sexual se debe profundizar en las motivaciones de este tipo de agresores así como en las variables que favorecen y/o propician la conducta de agresión sexual.
Tipología de agresores sexuales, basada en el empleo de conductas impulsivas...

Agresión sexual instrumental

Originada usualmente hacia una víctima desconocida. La elección de la víctima es fortuita, la premeditación se halla en el contexto específico para ejecutar la agresión, producido en situaciones en las que la posibilidad de ser descubierto sea mínima (nocturnidad, lugares solitarios, espacios de difícil escapatoria...)

La primera agresión con éxito se convierte en un impulso irresistible de dominio, de poder, por lo que se convierte en un fuerte refuerzo positivo para la comisión de las consiguientes agresiones. Determinada por la humillación y atemorización de la víctima, generando un elevado nivel de violencia verbal, materializado en amenazas, insultos humillantes, así como violencia física, reteniéndola con fuerza e intimidación, y en ocasiones, incluso a través de la exhibición de armas.

Dentro de esta tipología de agresores sexuales lo importante es el componente agresivo de la acción y no el comportamiento sexual asociado a ella, motivo que hace que la reincidencia sea elevada en estos casos. Los de mayor peligrosidad son aquellos en los que coexiste un trastorno antisocial de personalidad, que denominamos psicópatas, ya que la violencia que ejercen durante la agresión es desmedida, siendo ésta totalmente instrumental, por lo que pueden llegar a un ensañamiento brutal con la víctima.

Agresión sexual impulsiva

Siendo la base de la agresión sexual, dos variedades que mantienen un comportamiento impulsivo:

1. La agresión sexual como objeto de deseo, en la cual los sujetos fantasean, dentro de su contexto cotidiano, con alguna persona conocida (vecina, compañera trabajo, barrio,..) hasta que dan el salto a la agresión sexual, ya que conocen que si no es así, mediante el asalto, la intimidación, abuso de autoridad, coacción, no hubiesen tenido acceso a la víctima. La víctima es conocida por el agresor sexual y durante un cierto tiempo ha sido el componente principal de sus fantasías sexuales.

En este tipo de agresores sexuales no suele coexistir ningún tipo de patología sexual, pero sí mantienen una vivencia de la sexualidad centrada en la fantasía que, unida en muchos casos al consumo de pornografía, puede facilitar la comisión de la conducta agresiva sexual.

2. La agresión sexual con causa de justificación, la cual se produce en un contexto de inicio de una relación, generalmente en zonas de ocio, donde se inicia un juego de conquista interpersonal, por lo que se establece la confianza de la víctima. Dentro del juego de seducción se producen distorsiones cognitivas por parte del agresor, ya que inicia un lenguaje indirecto y ambiguo, dando por sentado que la mujer lo entiende, lo acepta, no llegando a plantearse la posibilidad de que la víctima ponga límites a su demanda sexual. La motivación se centra en una hostilidad latente hacia la figura femenina, realizan un análisis equivocado de la situación y los estímulos presentes son codificados como provocadores y licitadores de la relación sexual.

En esta tipología de agresores se encuentra, una alta inseguridad en su atractivo sexual, incapaces de plantear sus demandas con el sexo opuesto de forma clara y directa ante un temor, en muchos casos irracional, a una negativa que serían incapaces de aceptar y asimilar. Sus distorsiones cognitivas se asientan sobre el rol masculino, considerando la manifestación sexual como algo propio del varón por lo que se identifican con las conquistas consumadas, hecho que hace que la negativa no entre, a nivel cognitivo, dentro de las posibilidades existentes en las relaciones interpersonales.

Estos sujetos suelen tener un desarrollo socializador precario, con muchas carencias afectivas, con escasas habilidades sociales, así como una baja capacidad de control en situaciones de interacción con el sexo femenino. Motivo que hace que ante una situación de este tipo, sin premeditación y sin altos niveles de agresividad lleguen a cometer la agresión sexual. Suele ir unido al consumo de sustancias tóxicas, especialmente el consumo de alcohol, lo que permite una mayor desinhibición en la conducta del agresor y una mayor culpabilización en la víctima ante las instancias judiciales.

Agresión sexual dentro del ámbito familiar

Dentro de la tipología de maltratadores domésticos, los que mayor riesgos conllevan de violencia sexual, corresponde a un hombre inestable emocionalmente, extrovertido, poco responsable con sus obligaciones de pareja, con altibajos en su estado de ánimo y tendencia a experimentar ansiedad que se libera al llegar a casa, es entonces cuando puede comportarse explosivamente y con maltrato físico y/o sexual. No existe reconocimiento de la agresión sexual pues la víctima es su mujer.

En estos casos puede coexistir el consumo de alcohol, como bebedor excesivo regular, con problemas para mantener el trabajo, por el hábito de consumo y a la extensión de éste a lo largo del día. Con determinada edad puede detectarse un cierto grado de deterioro alcohólico con bajo control de los instintos (exigencias sexuales) y conductas explosivas sin ningún estímulo. Los problemas sexuales del agresor o incapacidad de éste para mantener la relación sexual son atribuidos erróneamente a la víctima, con lo cual, ante la incapacidad de mantener una relación sexual completa, desata unos elevados niveles de ira contra ella.

La agresión sexual a menores se suele dar dentro del contexto familiar y cercano del menor, aunque no siempre; puede darse en el entorno conocido de la víctima menor (víctimas de un pedófilo), siendo menos habitual que se dé en forma de asalto en la vía pública.

En cuanto al abuso sexual que se produce contra menores cuando el agresor es de sexo femenino, queda infravalorado, y en caso de su descubrimiento la agresora queda justificada y respaldada por la incredulidad que muestra el entorno y el sistema judicial ante el testimonio de la víctima.

Las familias en las cuales uno de sus miembros abusa sexualmente de un menor suelen estar caracterizadas por su aislamiento social, siendo la familia la única fuente de refuerzo y apoyo emocional. Son rígidas, cerradas, con escasos contactos sociales, y muestran, en su mayoría, una significativa soledad emocional y social.

El rasgo de personalidad base de un agresor que abusa de un menor en su contexto familiar, suele estar en graves dificultades de relación afectiva y sexual con los adultos, puede existir una relación patológica con el cónyuge, por lo que recurren a los menores sobre los que pueden actuar mediante el mecanismo de superioridad. Las deficiencias en su personalidad se detectan por la inmadurez que presentan, a nivel afectivo y sexual, por lo que emergen deficiencias en su comportamiento sexual. La familia se convierte en un lugar para desarrollar el abuso sexual con una alta tasa de secretismo, dado el contexto en el que tiene lugar y las vinculaciones de apego que se establecen con los menores

Agresión sexual a menores (paidofilia)

La paidofilia se encuentra clasificada dentro de los trastornos sexuales y de la identidad sexual como una parafilia. En estos casos se requiere de una preferencia sexual por los niños y púberes, de 13 años o menos, el sujeto debe tener al menos 16 años y que medie entre la víctima y el agresor al menos cinco años de diferencia.

 
Dentro de esta tipología a nivel clínico se distinguen dos formas:
- Los de tipo exclusivo, en los cuales solo existe atracción por los menores. Solo ha mantenido relaciones sexuales con menores, siendo este tipo de víctimas la única fuente de placer sexual. Los actos que llevan a cabo son premeditados y persistentes y quedan protegidos en la psique del agresor por las distorsiones cognitivas, especialmente la justificación y la proyección, que les permite no sentir sentimientos de culpa o malestar por la comisión del abuso.

- Los de tipo no exclusivo,en los que las relaciones sexuales se extienden a los adultos y no solo a menores. Éste mantiene relaciones sexuales con los adultos pero generalmente se acompañan de fantasías pedofílicas. El inicio de la relación con menores suele estar asociado a una situación de estrés y vulnerabilidad emocional. En estos casos suele aparecer una fuerte disociación cognitiva con los hechos, ya que los percibe como conductas anómalas, llegando a mostrar fuertes sentimientos de vergüenza y culpa. Este hecho motiva que la comisión de los abusos se lleve a cabo de forma episódica e impulsiva.

Agresión sexual en adolescentes

Los delitos contra la libertad sexual realizados por menores, salvo excepciones, suelen cometerse en el medio donde el menor desarrolla su vida (colegio, barrio, discotecas,…), motivo que hace que las víctimas en muchos casos sean también menores de su propio entorno.

Si bien en casos de agresiones sexuales de adultos, es un delito que se suele cometer en solitario, se pueden denominar como "delitos de soledad", no es infrecuente que en las agresiones sexuales de menores éstas pueden llegar a producirse en grupo, con todo lo que ello conlleva hacia la víctima, ya que la agresión de uno se contagia de forma que, cuanto mayor capacidad de agresividad se es capaz de exhibir, mayor refuerzo se obtiene para la comisión posterior de nuevas conductas agresivas.

El consumo de alcohol y otro tipo de drogas, en algunas ocasiones, está asociado en la comisión de los hechos de agresión sexual en los adolescentes.

Su característica es la pertenencia a grupos sociales carenciales, desde el punto de vista de la familia. Han crecido con carencias afectivas importantes, baja escolarización, observación de situaciones de violencia, humillaciones, falta de respecto, vejaciones hacia la mujer, etc. En este aspecto las últimas investigaciones arrojan resultados contradictorios ya que ha crecido el número de agresores menores que estaban insertados en una estructura familiar y social normalizada. Es un campo de relevante interés en los últimos años y todavía son necesarias futuras investigaciones que analicen en profundidad las variables psicológicas que median en jóvenes agresores sexuales.

Agresión sexual con rasgos psicopatológicos

El agresor sexual no suele padecer trastorno mental, y cuando se aprecia a veces solo existen rasgos que no alcanzan la entidad suficiente para elevarlos a la categoría de trastorno, y por lo tanto atenuar la responsabilidad penal, y en otros casos no existe nexo de causalidad entre la comisión del delito con el trastorno mental que se padece.

Lo que mayoritariamente se asocia a la agresión sexual son los trastornos de personalidad, no quedando con ello excluidas otras entidades diagnósticas, siendo las de mayor frecuencia las que se detallan a continuación:

1. Trastorno antisocial de personalidad: es el trastorno de personalidad que con mayor frecuencia aparece en los agresores sexuales, o al menos tienen rasgos marcados de esta categoría. Actúan de forma preferente en el asalto callejero, y junto con el delito contra la libertad sexual suelen cometer otro tipo de ilícitos como el robo.

2. Trastorno de personalidad esquizoide: son personas solitarias, retraídas con escasa expresividad, padecen déficits en las relaciones interpersonales y de habilidades sociales. Son agresores que aprovechan la oportunidad que se les presenta, o bien recurren a menores por resultarles de más fácil acceso que los adultos. a.3) trastorno de personalidad límite: el patrón base de conducta está marcado por una alta inestabilidad emocional, con dificultades en las relaciones interpersonales, marcada impulsividad, y frente consumo de tóxicos que pueden derivar en una agresión sexual. La víctima suele ser conocida, novias esporádicas, o una exnovia con la que quieren reiniciar la relación.

3. Trastorno sádico de la personalidad: este tipo de agresores utilizan la forma de violencia para conseguir lo que desean. En la agresión se desea infligir daño, miedo, horror, humillar… pudiendo culminar en la relación sexual o no, ya que en muchos casos se liberan de las tensiones surgidas de sus conflictos personales con el entorno social, especialmente con la mujer.

BIBLIOGRAFÍA:
Carrasco Gómez, J.J; Maza Martín, J.M. Manual de Psiquiatría Legal y Forense. 2ª Edición. Madrid: La Ley; 2003.
Roig, E; Galiana Carmona, S y De Marianas Ribary, H. Estudio sobre las agresiones sexuales. Servicio de Publicaciones, Biblioteca del Decanato de los Juzgados de Madrid. Madrid, 1996.
Mezquita Vázquez, B. “Manual de Psicología Forense”. Madrid: Editorial Síntesis; 2005.
Noguerol, V. “Agresiones sexuales”. Madrid: Editorial Síntesis; 2005.
Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-IV-TR). Barcelona: Masson; 2002.
Marshall, W.L. “Agresores sexuales”. Barcelona: Ariel; 2001.
González J. “Trastorno por Estrés Postraumático. Una visión global”. Interpsiquis 2006.

viernes, 30 de diciembre de 2011

OBSERVACIÓN DEL ESPACIO DESDE LA TIERRA


Hablamos de construcciones o lugares donde se observan fenómenos celestes o terrestres y se instalan en sitios donde se da un clima o las condiciones adecuadas para la observación.

En el caso astronómico, se dedica a la observación de cuerpos celestes y del cielo en general.

HISTORIA
El más antiguo del que se tienen noticias es el de la Torre de Zigurat de Belo, en Babilonia, donde los astrónomos caldeos hicieron sus principales observaciones.
También construyeron observatorios los árabes, los chinos y los mongoles. Fue célebre el de Bagdad, emplazado en los mismos jardines del Califa.

En Europa, posiblemente el más antiguo fue la famosa Torre de Sevilla construída por el astrónomo Mohamed Geber que sirvió por espacio de muchos siglos para las observaciones astronómicas de árabes y españoles.

En 1.561 se construyó el Landgrave de Hesse-Cassel Guillermo IV y en 1.576 Týcho Brahe el famoso Uranienburgo en la isla de Hiren, entre Copenague y Malmoe, en el Sund, a la entrada del Báltico.

Los modernos observatorios contienen enormes telescopios (con espejos de varios metros de diámetro) y ordenadores para procesar los datos obtenidos.
Ejemplos de observatorios así, son el de Mauna Kea en Hawai, observatorio del Roque de los Muchachos y observatorio del Teide en las islas Canarias, Cerro Tololo y Pachón en Chile.

Asimismo, en España el observatorio Astronómico Nacional y el observatorio Astronómico de San Fernando (Cádiz) cuentan entre los más conocidos y activos, algunos de ellos dedicados también a la divulgación y enseñanza de la Astronomía.

A comienzos de la década de 1940, se empezaron a construir radiotelescopios para detectar y estudiar radiofuentes en el Universo.
El mayor radiotelescopio del mundo de encuentra en Puerto Rico, y es el Radiotelescopio de Arecibo.
El mayor centro de radiotelescopios está en Chajmator, Chile.

TELESCOPIO
Es un instrumento óptico que permite ver objetos lejanos con mucho más detalle que a simple vista.

Son una herramienta fundamental en astronomía y con su desarrollo, se ha ido avanzando en nuestra comprensión del Universo.

Su invención se le atribuye a Juan Roget en 1590.
Galileo Galilei, decidió diseñar uno. En 1609 mostró el primer telescopio astronómico registrado.

Con el telescopio hizo grandes descubrimientos, entre los que destaca la observación el 1610, de cuatro de la luna de Júpiter girando en torno a este planeta.

El parámetro más importante de un telescopio es el diámetro de su " lente objetivo".

Un telescopio aficionado generalmente tiene entre 76 y 150 mm de diámetro y permite observar algunos detalles planetarios y muchos objetos del cielo profundo (cúmulos, nebulosas y algunas galaxias).

Los telescopios que superan los 200 mm de diámetro permiten ver detalles lunares finos, detalles planetarios importantes y una gran cantidad de cúmulos, nebulosas y galaxias brillantes.

OBSERVACIÓN ASTRONÓMICA EN ESPAÑA
España, por su situación geográfica y por su clima, es un lugar muy adecuado para la observación astronómica, lo cual ha favorecido la creación de diferentes observatorios profesionales en su territorio.

Destacan los dos grandes observatorios de las islas Canarias, el observatorio del Teide en Tenerife y el observatorio del Roque de los Muchachos en la isla de Palma, que acogen telescopios de diversos paises.

En Almería, el observatorio Hispano-Alemán de Calar Alto operado de forma conjunta por el Instituto Max Planck para la astronomía en Heidelberg, Alemania y el Instituto de Astrofísica de Andalucia en Granada.

El Centro Astronómico de Yebes (Guadalajara) con un nuevo radiotelescopio de 40 m, está dedicado fundamentalmente al campo de la radioastronomía.

Destacan también tres grandes centros de seguimiento de satélites: el Centro de la Red de Espacio profundo para el seguimiento de misiones de la NASA, la estación de seguimiento de satélites de la ESA (agencia espacial europea) y el centro espacial de Canarias, perteneciente a la Inta.

RADIOTELESCOPIO DE ARECIBO
Está situado en Arecibo, Puerto Rico, al norte de la isla y es administrado por la universidad Cornell en un acuerdo con la National Science Foundation. Como antes mencionábamos, es el mayor radiotelescopio del mundo y tiene un diámetro de 305 metros.

Recolecta datos radioastronómicos, aeronomía terrestre y radar planetarios.

Aunque ha sido empleado para diversos usos, principalmente se emplea para la observación de objetos estelares.

Tiene una gran capacidad de recepción de ondas electromagnéticas. Su construcción, comenzó en el verano de 1960 y oficialmente su apertura fue el 1 de noviembre de 1963.

Ha sufrido varias modificaciones a lo largo de su vida útil. En 1974 se añadió una superficie de alta precisión al reflector actual.
En 1997, se instaló una pantalla en el suelo del perímetro para protegerlo de la radiación terrestre y se instaló un transmisor más potente.

Gracias a este Telescopio el 7 de abril de 1964 se pudo determinar el período exacto de la rotación de Mercurio.
En agosto de 1989, tomó una foto de un asteroide por primera vez en la historia : el asteroide 4769 Castalia.

En 1990, el astrónomo polaco Aleksander Wolsczan descubrió el púlsar PSR B1257+12, que más tarde le condujo a descubrir sus dos planetas orbitales, los primeros planetas extrasolares descubiertos.

Entre otros usos, ha servido para la inteligencia militar. Es la fuente de datos para el proyecto SETI@home. En 1974 se realizó una tentativa de enviar un mensaje hacia otros mundos (un mensaje de 1679 bits hasta el cúmulo globular M13 que se encuentra a 25.000 años luz).

Del 3 al 7 de marzo de 2001, el observatorio ha sido utilizado para observar el asteroide (29075) 1950 DA, considerado como el objeto más próximo a la Tierra.

Con un vídeo que nos muestra el radiotelescopio de Arecibo, damos por finalizada esta entrada.




Bibliografía:
BROULLÓN Pastoriza, Gaspar. Hernández, Tatiana. López García, Xosé.Pereira, José. "Los observatorios de comunicación".
Revista Latinoamericana de comunicación CHASQUI. N° 90. Junio de 2005. Quito, Ecuador. Friedlander, Blaine P. Jr.
Activists protest US Navy radar project. Global Network Against Weapons and Nuclear Power in Space.
Wikipedia, la enciclopedia libre.

lunes, 26 de diciembre de 2011

TRASTORNO EXPLOSIVO INTERMITENTE


El trastorno explosivo intermitente se encuentra dentro de los trastornos del control de los impulsos no clasificados en otros apartados. Según la definición del DSM-IV, se trataría de una “dificultad para resistir un impulso, una motivación o una tentación de llevar a cabo un acto perjudicial para la persona o para los demás”.

En la CIE-10 también se clasifican estos trastornos en una entidad residual (“trastornos del control de impulsos no clasificados en otros apartados”). Ambas clasificaciones internacionales contemplan este grupo de trastornos de forma muy similar.

En la mayoría de los trastornos de esta sección, el individuo percibe una sensación de tensión o activación interior antes de cometer el acto y luego experimenta placer, gratificación o liberación en el momento de llevarlo a cabo. Tras el acto puede o no haber arrepentimiento, autorreproches o culpa. En esta sección se incluyen los trastornos siguientes:

- Trastorno explosivo intermitente. Se caracteriza por la aparición de episodios aislados en los que el individuo no puede controlar los impulsos agresivos, dando lugar a violencia o a destrucción de la propiedad.

- Cleptomanía. Se caracteriza por una dificultad recurrente para resistir el impulso de robar objetos que no son necesarios para el uso personal o por su valor monetario.

- Piromanía. Se caracteriza por un patrón de comportamiento que lleva a provocar incendios por puro placer, gratificación o liberación de la tensión.

- Juego patológico. Se caracteriza por un comportamiento de juego desadaptado, recurrente y persistente.

- Tricotilomanía. Se caracteriza por un comportamiento recurrente de arrancarse el propio cabello por simple placer, gratificación o liberación de la tensión que provoca una perceptible pérdida de pelo.

- Trastorno del control de los impulsos no especificado. Se incluye para codificar los trastornos del control de los impulsos que no cumplen los criterios para cada uno de los trastornos específicos del control de los impulsos descritos antes...

Etiología de los trastornos del control de impulsos
Intervienen factores psicológicos, biológicos y ambientales. En la investigación de la impulsividad todos los resultados subrayan el papel de la serotonina. Se han encontrado bajas concentraciones de ciertos metabolitos serotoninérgicos como el 5-hidroxiindolacetico (5-HIAA) en líquido cefalorraquídeo (LCR) en personas impulsivas. También la eficacia de los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS) en las “patologías impulsivas” avala el papel del déficit serotoninérgico en la génesis del trastorno y vincula estos trastornos a trastornos afectivos y obsesivo-compulsivos.

Tanto el área límbica como la acción de hormonas como la testosterona se han asociado con conductas agresivas. Los trastornos del control de impulsos también aumentan en la epilepsia del lóbulo temporal, las lesiones cerebrales y entre los individuos con déficit de atención e hiperactividad, deficiencia mental y epilepsia en general.

TRASTORNO EXPLOSIVO INTERMITENTE
Características diagnósticas

La característica esencial del trastorno explosivo intermitente es la aparición de episodios aislados de dificultad para controlar los impulsos agresivos, que da lugar a violencia o destrucción de la propiedad.

El grado de agresividad expresada durante el episodio es desproporcionado con respecto a la provocación o a la intensidad del estresante psicosocial precipitante.

El diagnóstico de trastorno explosivo intermitente se establece sólo después de que hayan sido descartados otros trastornos mentales que cursan con episodios de comportamiento agresivo (p. Ej., trastorno antisocial de la personalidad, trastorno límite de la personalidad, trastorno psicótico, episodio maníaco, trastorno disocial o trastorno por déficit de atención con hiperactividad).

Los episodios agresivos no son debidos a los efectos fisiológicos directos de una sustancia (p. Ej., drogas, medicamentos) o de una enfermedad médica (p. Ej., traumatismo craneal, enfermedad de Alzheimer).

La persona puede describir los episodios agresivos como «raptos» o «ataques» en los que el comportamiento explosivo va precedido por una sensación de tensión o activación interior y va seguido inmediatamente de una sensación de liberación. Posteriormente, el individuo puede sentirse consternado, con remordimientos, arrepentido o avergonzado por su comportamiento agresivo.

Síntomas y trastornos asociados

Entre episodios explosivos se pueden observar signos de impulsividad y agresividad generalizados. Las personas con rasgos narcisistas, obsesivos, paranoides o esquizoides pueden tener una predisposición a los episodios explosivos de cólera en situaciones de estrés. El trastorno puede aparecer tras una pérdida de trabajo, un fracaso académico, un divorcio, dificultades interpersonales, accidentes (p. Ej., en vehículos), una hospitalización (p. Ej., por lesiones posteriores a peleas o accidentes) o un encarcelamiento.

Síntomas dependientes de la cultura y el sexo

Se caracteriza por un episodio agudo de comportamiento violento y descontrolado que la persona no recuerda. Aunque se observa tradicionalmente en los países del sudeste asiático, también se han presentado casos en Canadá y Estados Unidos. A diferencia del trastorno explosivo intermitente, se presenta como un episodio único más que como un patrón de comportamiento agresivo y a menudo está asociado a rasgos disociativos prominentes. Los episodios de comportamiento violento son más frecuentes en varones que en mujeres.

Epidemiología y curso

Se desconoce la prevalencia del trastorno. En una muestra psiquiátrica ambulatoria se señaló este trastorno como el segundo más frecuente dentro del descontrol de impulsos, sólo superado por las compras compulsivas. En otro estudio sobre 46 pacientes con agresividad, un 72% de la muestra cumplía criterios de trastorno explosivo intermitente. Sin embargo también aparecía el diagnóstico de abuso de alcohol (96%), trastorno límite de la personalidad (89%), trastorno afectivo (52%) y trastorno antisocial de la personalidad (20%). Lo cual da una idea de la escasa información de la que se dispone.

Hay pocos datos sobre la edad de comienzo del trastorno explosivo intermitente, pero puede aparecer desde la adolescencia tardía hasta la tercera década de la vida. La forma de presentación es brusca y sin período prodrómico (El período prodrómico es cuando la enfermedad empieza a manifestarse, pero esos síntomas tempranos son muy genéricos e inespecíficos, y no permiten la identificación de la enfermedad. Algunas horas o días después, cuando la enfermedad se desarrolla plenamente, entonces ya es el período clínico, y es posible identificarla).

Diagnóstico diferencial

El comportamiento agresivo aparece en el contexto de diferentes trastornos mentales. El diagnóstico de trastorno explosivo intermitente debe considerarse únicamente después de que hayan sido descartados todos los trastornos que van asociados a comportamientos impulsivos o agresivos. Si el comportamiento agresivo aparece exclusivamente en el transcurso de un delirium, no se realizará el diagnóstico de trastorno explosivo intermitente. De igual forma, cuando el comportamiento aparece como parte de una demencia, no se establecerá el diagnóstico de trastorno explosivo intermitente, sino el de demencia con la especificación con trastorno del comportamiento.

El trastorno explosivo intermitente debe distinguirse del cambio de personalidad debido a una enfermedad médica, tipo agresivo, que se diagnostica cuando el patrón de episodios agresivos se considera debido a los efectos fisiológicos directos de una enfermedad médica diagnosticable (p. Ej., una persona que ha sufrido lesiones cerebrales después de un accidente de automóvil y posteriormente presenta un cambio de personalidad caracterizado por episodios de agresión descontrolada). Son útiles la práctica de una detallada historia clínica y una completa exploración neurológica para establecer el pronóstico. Hay que señalar que las anomalías inespecíficas de la exploración neurológica (p. Ej., «signos neurológicos menores») y los cambios EEG inespecíficos son compatibles con el diagnóstico de trastorno explosivo intermitente siempre que no sean resultado de una enfermedad médica diagnosticable.

Los accesos de agresión incontrolada también pueden ir asociados a intoxicación por sustancias o a abstinencia de sustancias, sobre todo alcohol, fenciclidina, cocaína y otros estimulantes, barbitúricos e inhalantes. El clínico debe valorar detenidamente la naturaleza y el alcance de la sustancia, y es útil que recurra a su determinación en la sangre y la orina.

El trastorno explosivo intermitente debe distinguirse del comportamiento agresivo o errático que puede aparecer en el negativismo desafiante, el trastorno disocial, el trastorno antisocial de la personalidad, el trastorno límite de la personalidad, un episodio maníaco y la esquizofrenia.

Si el comportamiento agresivo se explica mejor por la presencia de otro trastorno mental, no se debe realizar el diagnóstico de trastorno explosivo intermitente. Naturalmente, el comportamiento agresivo puede aparecer en ausencia de un trastorno mental. El comportamiento finalista se distingue del trastorno explosivo intermitente por la existencia de incentivos y ganancias con el acto agresivo. En el contexto forense las personas pueden simular un trastorno explosivo intermitente para evitar la responsabilidad derivada de su comportamiento.

Tratamiento

Resulta eficaz la terapia cognitivo-conductual enfocada en la ira, para ayudarles a lograr el control de sus impulsos y a transformar esa intensa ira en emociones más controlables y adecuadas. Siendo importante que estas personas reconozcan que pierden el control y que necesitan ayuda para aprender a controlar sus impulsos.

En el enfoque farmacológico destaca la aparente eficacia de la carbamacepina, fenitoína, ISRS o litio. También se han empleado ácido valproico, neurolépticos y antidepresivos tricíclicos así como los psicoestimulantes y los antiandrógenos.

Criterios para el diagnóstico según el DSM-IV-TR

A. Varios episodios aislados de dificultad para controlar los impulsos agresivos, que dan lugar a violencia o a destrucción de la propiedad.
B. El grado de agresividad durante los episodios es desproporcionado con respecto a la intensidad de cualquier estresante psicosocial precipitante.
C. Los episodios agresivos no se explican mejor por la presencia de otro trastorno mental (p. Ej., trastorno antisocial de la personalidad, trastorno límite de la personalidad, trastorno psicótico, episodio maníaco, trastorno disocial o trastorno por déficit de atención con hiperactividad) y no son debidos a los efectos fisiológicos directos de una sustancia (p. Ej., drogas, medicamentos) o a una enfermedad médica (p. Ej., traumatismo craneal, enfermedad de Alzheimer).

Fuentes:
Manual de Psiquiatría. Editores: Tomás Palomo, Miguel Ángel Jiménez-Arriero. Coeditores: Alberto Fernández Liria, Manuel Gómez Beneyto, Julio Vallejo Ruiloba.


Wikipedia, enciclopedia libre... ...
 
DSM-IV-TR. Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales. Texto revisado. Barcelona: Masson.